Quae est ista, quae progréditur quasi auróra consurgens, pulchra ut luna, elécta ut sol, terríbilis ut castrórum ácies ordináta? - ¿Quién es ésta que se levanta como la aurora naciente, hermosa como la luna, escogida como el sol, terrible como un ejército formado en orden de batalla? (Cant. 6)

martes, 15 de marzo de 2016

MARÍA Y LA PASIÓN

PRELUDIOS DE PASIÓN. LA DESPEDIDA

¡Cómo temblaría de emoción la mano de María al levantarla para bendecir a su Hijo si sabía que con ella le daba licencia para entregarse a los tormentos y a la muerte misma!

La bendición. Y entonces, Jesús pide humildemente de rodillas a su Madre su bendición para ir a padecer. Considera las circunstancias que hacen más penosa la despedida de dos corazones y verás que nunca ha habido semejante a esta. El amor y la unión de corazones era en Jesús y María algo tan extraordinario como no se puede pensar más, pues ¿cómo se arrancarían y despegarían el uno del otro en esta amargura despedida?

Por otra parte, la separación erra para ir a sufrir y a parecer. Y el colmo de su sacrificio fue no solo el aceptar resignada este dolor y quebranto, sino consentir en Él y admitirlo con alegría y satisfacción. Y por eso Jesús pide que muestre su beneplácito dándole su bendición. ¡Cómo temblaría de emoción la mano de María al levantarla para bendecir a su Hijo si sabía que con ella le daba licencia para entregarse a los tormentos y a la muerte misma!



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