Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores.

“Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie quien haga un acto de reparación para sacárselas”

lunes, 14 de marzo de 2016

MARÍA Y LA PASIÓN

PRELUDIOS DE PASIÓN. LA DESPEDIDA

 ¿Por qué no morir antes? ¿Cómo el Padre Eterno no usó con Ella del beneficio que concedió a San José, llevándoselo de este mundo antes de presenciar estas escenas?

La Virgen. –Y, efectivamente, cuál sería el dolor de María cuando oyó todo lo que su Hijo le dijo. Naturalmente se estremecería a cada nuevo tormento que oía había de padecer. ¡Cómo la había Ella de permitir! ¡Cómo lo había de tolerar! ¿Por qué no morir antes? ¿Cómo el Padre Eterno no usó con Ella del beneficio que concedió a San José, llevándoselo de este mundo antes de presenciar estas escenas?

Pero al mismo tiempo que estos afectos naturales, sentiría  que era esa la voluntad de Dios y, sobreponiéndose este afecto sobrenatural, no solo admitiría resignada todo lo que su Hijo le ofrecía de dolor y de sacrificio sino aún contenta y gozosa se abrazaría ya desde este momento con su Hijo dolorido y quebrantado para seguirle hasta la muerte.

¡Qué dolor tan intenso el de este Corazón de Madre! Pero aún admira más la fortaleza y valor con que a imitación de su Hijo se lanza a padecer. Piensa, piensa mucho en esto; ante este ejemplo, medita tus cobardías ante cualquier sufrimiento que se te presenta, avergüénzate, pide perdón, pide gracia para cambiar y tener gran generosidad y participar de esta fortaleza de Madre y de Hijo.


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