Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores.

“Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie quien haga un acto de reparación para sacárselas”

martes, 29 de marzo de 2016

MARÍA Y LA RESURRECCIÓN DE JESÚS

Nuestra Señora de la Alegría, Granada
Aparición de Jesús a su Madre. –No es de fe, ni consta en el Evangelio, pero es cierto. La naturaleza y la gracia, exigen este encuentro entre Madre e Hijo. No podemos dudar de que la Virgen lo esperara, con una fe viva e inquebrantable. Los Apóstoles llegaron a dudar de la Resurrección. María esperaba con certeza infalible, el cumplimiento de las palabras de su Hijo. Por eso, Ella no fue al sepulcro, sabía que era inútil y que allí ya no estaba Jesús.

Piensa ahora en esta santa paciencia, que en especial al comenzar el día tercero, invadiría el Corazón de la Virgen. Los minutos se le harían eternidades, le daba el corazón de madre que su Hijo ya se aproximaba y el corazón de una madre nunca se equivoca en cosas de sus hijos. Recuerda a la madre de Tobías, saliendo a diario al camino, para ver si regresaba su hijo.

Es necesario conocer el corazón de una madre y, sobre todo, el de aquella Madre, para hacerse cargo de su deseo e impaciencia por ver al Hijo Resucitado. ¿No será dulce pensar que también ahora, con sus deseos vehementes, con sus fervientes súplicas, hizo que se acelerara la hora de la Resurrección, como lo había hecho en la Encarnación y en las bodas de Caná al adelantar el momento de la manifestación pública de Jesús?

En fin, llegó el instante dichoso que no es posible imaginar. Contempla a la Virgen aún en su soledad, sumida en el océano de las tristezas, ya no tiene lágrimas que dar. Y de repente, una explosión de luz Divina, un Cuerpo Glorioso con Vestiduras mas blancas que la nieve y, sobre todo, una voz dulcísima, muy conocida, que llama y repite mil veces: ¡MADRE! ¿Qué lengua podrá explicar estas efusiones de Hijo y de Madre en aquellos instantes?

Deja a tu corazón sentirlas y  que pierda y se abisme en este mar de dicha, de felicidad, de gloria verdadera. ¡Qué bueno es Jesús para los que le aman! Un poco de padecer y sufrir con Él y luego cuánto goce y satisfacción sin fin. Compara con estos goces y alegrías, las que el mundo ofrece y verás si merecen siquiera este nombre,  las mentiras que él nos da.

También aplica ahora, la regla del amor y del dolor; cual  es el amor, es el dolor, y cuál es el dolor, así es la alegría después. ¿Cómo sería la alegría de la Virgen si así amaba a su Hijo? Si así sufrió en su muerte, ¿qué sería verle ahora glorioso, triunfante, resucitado, para nunca más morir? Ahora de nuevo iría Ella recorriendo las heridas de su Cuerpo y las adoraría con la felicidad que le produciría verlas tan gloriosas. Recórrelas también tú con Ella y una vez más detente en aquel Costado, en aquel Corazón. ¡Qué horno!, ¡qué volcán de fuego! Entra muy adentro y allí abrásate, consúmete en santo amor a Dios.




jueves, 24 de marzo de 2016

LA FLAGELACIÓN DE NUESTRO SEÑOR Y NUESTRA SANTÍSIMA MADRE

Todas las mujeres lloran y sufren cuando insultan o maltratan a sus hijos, y la Virgen María sufrió más que ninguna madre, porque su Hijo era Dios. Quiso acercarse al pretorio para ver o por lo menos oír los golpes, y quedaría tan herida y derramaría tantas lágrimas como perdió sangre el cuerpo de su Hijo

Durante la Pasión de mi Hijo –contó la Virgen María- sus enemigos le cogieron y le abofetearon en la cara y en el cuello. Luego le llevaron a una columna y Él mismo se desnudó y puso sus manos en la columna, y ellos le ataron. Al primer golpe, yo, que estaba allí cerca, caí como muerta.  Al recobrarme, vi su cuerpo azotado hasta las costillas, de modo que se le veían los huesos; con los azotes le desgarraban la carne. Y mi Hijo estaba allí, sangriento y despedazado, no quedaba en su cuerpo parte sana donde le pudieran azotar ya más. Entonces, uno de los que estaban allí, enojado, gritó: ¿Es que pretendéis matar a este hombre antes de sentenciarle?, y a la vez que dijo esto cortó las ataduras.

Sólo la Virgen María sabía reconocer el eterno amor que Dios Padre tenía al mundo, que por él no perdonaba a su Hijo, y Ella también ofrecía a su Hijo, con todo su amor, para la salvación de los hombres, deseando que todos reconocieran y amasen este inmenso beneficio del Salvador hacia ellos.

Del libro "La Pasión del Señor"
de Luis de la Palma




sábado, 19 de marzo de 2016

MARÍA Y LA AGONÍA DEL HUERTO

¡Cuánto nos amó! Al verle así atado la Santísima Virgen, aumentaría la zozobra y la ansiedad de su Corazón. ¿Qué iba a ser de Él? ¿Qué iban a hacer con Jesús?

Prendimiento. –Terminó ya la oración y Jesús, decidido, valiente y generoso llama a los apóstoles y delante de ellos, sale en busca de sus enemigos, no para hacerles frente y defenderse, sino para entregarse en sus manos. Mira a Jesús atado violentamente, fuertemente por sus verdugo, penetra en su interior y mira a otro verdugo, que es el amor, atarle aún con mayor violencia; ¡esas sí que eran ataduras!, como que era víctima y esclavo de este amor.

¡Cuánto nos amó! Al verle así atado la Santísima Virgen, aumentaría la zozobra y la ansiedad de su Corazón. ¿Qué iba a ser de Él? ¿Qué iban a hacer con Jesús? Contémplale tú así atado también por ti, fíjate bien lo que esto significa, ¡por ti!; no solo que se deja maniatar para sufrir por ti, en lugar de ti, por tu causa, sino que ese por ti quiere decir que eres tú también quién le atas las manos. ¿No caes en la cuenta de esta verdad?

No hay nada que tanto ate las manos a Jesús como la ingratitud, la frialdad, la tibieza, la falta de correspondencia a sus gracias, en fin, ¡el pecado! Calcula si puedes, las muchas veces que Jesús habrá querido darte grandes gracias, nuevos favores y beneficios y tú, con tu conducta le atabas las manos. Él quería santificarte y tú no le dejabas, le ponías dificultades. Átate, pues, a Él de pies y manos por el amor; átate con esas ataduras amorosas para nunca perderle y repite lo del Cantar de los Cantares: “Ya encontré al que ama mi alma, le ataré bien y no le soltaré”. Suplica a la Santísima Virgen que así te lo conceda.




viernes, 18 de marzo de 2016

MARÍA Y LA AGONÍA DEL HUERTO

Después mira a lo lejos, en la casa de Betania, o en el mismo Cenáculo, una escena semejante. La Santísima Virgen también ha caído postrada en oración; su corazón late al unísono con el de su Hijo y no puede hacer otra cosa que lo que Él hace

La oración. –Llegado al huerto, Jesús deja a sus apóstoles y se retira Él solo a una cueva a hacer oración. Todo el peso de aquella negra y triste noche cae sobre Él. Mírale postrado en tierra, caído y abrumado con una carga que no puede soportar. Son los pecados de todos los hombres. ¡Son los tuyos! ¡Cuánto pesan sobre Jesús! Y le producen una angustia que va creciendo cada vez más y más, hasta convertirse en verdadera agonía. ¡Qué lucha la que se entable en su Corazón! Mírale bien y trata de penetrar algo siquiera en sus horribles sufrimientos.

Después mira a lo lejos, en la casa de Betania, o en el mismo Cenáculo, una escena semejante. La Santísima Virgen también ha caído postrada en oración; su corazón late al unísono con el de su Hijo y no puede hacer otra cosa que lo que Él hace. ¡Qué noche más espantosa! ¡Qué largas se hacen sus horas! No es posible dormir, ni intentar siquiera descansar, es noche de luchas y agonías, es noche de oración. ¡Qué oración más fervorosa, más tierna, más llena de amor para con nosotros la de María!

No pide al Padre Eterno que perdone a su Hijo, ni rehúsa el Cáliz del sufrimiento, pide tan solo el cumplimiento de su voluntad, que Ella acepta aunque sea tan penosa. Pide para el mundo perdón, pide por todos y cada uno de nosotros, pide que aquellos sufrimientos de su Hijo, que ya han empezado, no sean inútiles para las almas, que sepamos aprovechar de su Pasión y de su muerte y de las grandes gracias que con ella nos mereciera.

Y Jesús sigue agonizando, ya su Corazón no resiste tanto dolor y se expansiona lanzando con violencia la Sangre al exterior. Su sudor frio y abundante de agonía, se convierte ahora en sudor de Sangre, ¡Sangre Divina!, que corre en abundancia por su cuerpo, empapa sus vestidos y llega hasta la tierra.

Contempla a los Ángeles del Cielo atónitos ante esta escena, pero, sobre todo, mira a María. Ella también lo ve, adivina a su Hijo cadavérico, a punto de morir de amargura y de dolor y derramando a fuerza de sufrimientos, la primera sangre de la Pasión. ¿Qué haría la Santísima Virgen? En medio de su pena de Madre, reconoce en aquella Sangre, la Sangre de un Dios y corre a recogerla devotamente, a besarla, a adorarla, a empaparse en ella. Ella es la primera que se aprovecha de aquella Divina Sangre. Todo lo que ha recibido, su Pureza Inmaculada, la plenitud de su gracia, su inmensa Santidad, todo ha sido en virtud de esta Santidad Divina.

Los Apóstoles duermen en la oración. María no duerme, no desperdicia estos momentos tan provechosos, no abandona a su Jesús ni un instante. Podrá quejarse de que en su agonía ninguno de sus predilectos discípulos le acompañó, pero no así su Madre. Desde su retiro, sigue paso por paso el desarrollo de esta escena, y toma parte en la amargura de Jesús, bebiendo con Él el cáliz del dolor.



jueves, 17 de marzo de 2016

MARÍA Y LA AGONÍA DEL HUERTO

“Triste,  muy triste está mi alma hasta la muerte” Su Madre le acompaña en espíritu y participa de sus sufrimientos, de sus temores, de sus amarguras; quizá tuvo revelación de lo que Judas tramaba

Camino del Monte Olivete. –Jesús ha acabado ya sus misterios sacrosantos e inefables del Cenáculo. Ya se acerca por momentos la hora y valiente y decidido, sale con dirección a Getsemaní. Bien sabe que no volverá más. Puede contar las horas que le quedan de libertad. Es cuestión de pocos momentos y ya habrá dado comienzo el drama sangriento. Y, porque lo sabe, sufre amarguras indecibles en su corazón.

“Triste,  muy triste está mi alma hasta la muerte”, razón tenía para esta inmensa tristeza. Veía a los judíos tratando su venta, como si se tratara de una cosa vil y despreciable; veía, en especial, a Judas, llevando hasta lo último su traición; veía todo lo que le aguardaba y aunque era Dios, era hombre y por eso sufría amarguras indescriptibles en su amante y tierno Corazón. También las sufre María. Su Madre le acompaña en espíritu y participa de sus sufrimientos, de sus temores, de sus amarguras; quizá tuvo revelación de lo que Judas tramaba, quizá tuvo conocimiento de cómo estaba decididos aquella misma noche a dar el golpe decisivo y su Corazón se destrozaba de dolor, al saber y contemplar cada una de estas cosas. Apartada estaba de Jesús corporalmente, pero ¡qué unida en su espíritu! ¡Cuán admirable penetraba Ella en la razón y la causa de la tristeza de aquel Divino Corazón! 




miércoles, 16 de marzo de 2016

MARÍA Y LA PASIÓN

PRELUDIOS DE PASIÓN. LA DESPEDIDA

Mira a Jesús, contempla a María y aprende el camino del sacrificio y el de la mortificación

Tú hora. Piensa que tú también tienes tu hora, también llega para ti la hora del sufrimiento, de la prueba, del dolor y luego llegará la hora de la muerte. ¿Cómo te preparas para estas horas decisivas en tu vida?, ¿y en especial ahora las que el Señor te da para santificarte aunque sea a costa de sacrificios? ¿Eres cobarde y huyes de ellos?

Mira a Jesús, contempla a María y aprende el camino del sacrificio y el de la mortificación. No olvides el detalle de Jesús al pedir la bendición a su Madre. También quiere que para todo pidas la bendición y el beneplácito a quien debes, para no hacer nunca ni siquiera en el sacrificio tu propia voluntad. ¡Cuántas veces eso será la mayor mortificación, la que quizás más te humille, la que más te cueste, y por lo mismo, la que Jesús más te pide y más quiere de ti! 


martes, 15 de marzo de 2016

MARÍA Y LA PASIÓN

PRELUDIOS DE PASIÓN. LA DESPEDIDA

¡Cómo temblaría de emoción la mano de María al levantarla para bendecir a su Hijo si sabía que con ella le daba licencia para entregarse a los tormentos y a la muerte misma!

La bendición. Y entonces, Jesús pide humildemente de rodillas a su Madre su bendición para ir a padecer. Considera las circunstancias que hacen más penosa la despedida de dos corazones y verás que nunca ha habido semejante a esta. El amor y la unión de corazones era en Jesús y María algo tan extraordinario como no se puede pensar más, pues ¿cómo se arrancarían y despegarían el uno del otro en esta amargura despedida?

Por otra parte, la separación erra para ir a sufrir y a parecer. Y el colmo de su sacrificio fue no solo el aceptar resignada este dolor y quebranto, sino consentir en Él y admitirlo con alegría y satisfacción. Y por eso Jesús pide que muestre su beneplácito dándole su bendición. ¡Cómo temblaría de emoción la mano de María al levantarla para bendecir a su Hijo si sabía que con ella le daba licencia para entregarse a los tormentos y a la muerte misma!



lunes, 14 de marzo de 2016

MARÍA Y LA PASIÓN

PRELUDIOS DE PASIÓN. LA DESPEDIDA

 ¿Por qué no morir antes? ¿Cómo el Padre Eterno no usó con Ella del beneficio que concedió a San José, llevándoselo de este mundo antes de presenciar estas escenas?

La Virgen. –Y, efectivamente, cuál sería el dolor de María cuando oyó todo lo que su Hijo le dijo. Naturalmente se estremecería a cada nuevo tormento que oía había de padecer. ¡Cómo la había Ella de permitir! ¡Cómo lo había de tolerar! ¿Por qué no morir antes? ¿Cómo el Padre Eterno no usó con Ella del beneficio que concedió a San José, llevándoselo de este mundo antes de presenciar estas escenas?

Pero al mismo tiempo que estos afectos naturales, sentiría  que era esa la voluntad de Dios y, sobreponiéndose este afecto sobrenatural, no solo admitiría resignada todo lo que su Hijo le ofrecía de dolor y de sacrificio sino aún contenta y gozosa se abrazaría ya desde este momento con su Hijo dolorido y quebrantado para seguirle hasta la muerte.

¡Qué dolor tan intenso el de este Corazón de Madre! Pero aún admira más la fortaleza y valor con que a imitación de su Hijo se lanza a padecer. Piensa, piensa mucho en esto; ante este ejemplo, medita tus cobardías ante cualquier sufrimiento que se te presenta, avergüénzate, pide perdón, pide gracia para cambiar y tener gran generosidad y participar de esta fortaleza de Madre y de Hijo.


domingo, 13 de marzo de 2016

MARÍA Y LA PASIÓN

PRELUDIOS DE PASIÓN. LA DESPEDIDA

¡Cuántas horas amargas tuvo Jesús que pasar en su Pasión! Pero no fue esta una de las menores. ¡Cuánto tendría que sufrir por ser Él, el verdugo que así laceraba el Corazón de su Madre, clavándole cada vez más, con cada palabra suya, la espada del dolor!  

La hora.Llegó la hora señalada por el Padre para consumar el sacrificio y el Hijo obediente ni un momento siquiera la retarda. No ignora lo que significaba la llegada de esta hora y lejos de echarse para atrás cobardemente, con inmensa alegría, a la vez que con profunda pena, se lanza al sufrimiento todo de la Pasión. Y el primer paso que da es el despedirse de su Santísima Madre. Imposible pintar ni imaginar esta escena.

Jesús ha llamado a solas a la Santísima Virgen y la ha comenzado a exponer la voluntad de su Padre. Escucha estas palabras, adivina las razones que le daría para explicar su decisión de ir a la muerte y para tratar de consolar su corazón herido. El Padre lo había decretado. Era necesario para satisfacer la Justicia Divina, para redimir al mundo, para destruir el imperio del pecado. ¡Qué concepto formaría del pecado la Virgen cuando comprendió que tanto iba a costar borrarlo!

Penetrar mucho en esa razón que es la causa de todo. ¡Qué será el pecado! ¡Cómo irritará al Corazón de Dios cuando no se aplaca si no es con el sacrificio de su propio Hijo! Y ya para prevenirla, ya para que Ella tomara también desde entonces como suyos los sufrimientos que iba a padecer, le daría cuenta detallada de toda la Pasión, de su prisión en el Huerto, de la traición de Judas, de las injusticias de los Tribunales, de las escenas del Pretorio. Temblándole la voz la contaría al tormento horrible de la flagelación, el de la coronación de espinas, el del camino del Calvario cargado con la Cruz, el de la Crucifixión y, en fin, cómo después de las tres horas de espantosa agonía, en ella había de morir escarnecido, insultado hasta sus últimos momentos.

¡Cuántas horas amargas tuvo Jesús que pasar en su Pasión! Pero no fue esta una de las menores. ¡Cuánto tendría que sufrir por ser Él, el verdugo que así laceraba el Corazón de su Madre, clavándole cada vez más, con cada palabra suya, la espada del dolor!  


sábado, 12 de marzo de 2016

MEDITACIONES SOBRE LA SANTÍSMA VIRGEN, PARA EL SÁBADO

MARÍA EN EL ANTIGUO TESTAMENTO

Abigail, que con su hermosura encanta y enamora a David, es María enamorando al mismo Dios

Las figuras. Todas las mujeres célebres del Antiguo Testamento figuran a María. Eva, madre de la humanidad, pero para su perdición. María será la verdadera Madre para salvación nuestra. Abigail, que con su hermosura encanta y enamora a David, es María enamorando al mismo Dios. Jael, que traspasa con un clavo la cabeza de Sisara enemigo del pueblo de Dios, es la Santísima Virgen aplastando la cabeza del demonio. Judit, matando a Holofernes y librando a su pueblo del tirano, imagen es de María por la que todos nos libramos de Satanás. Ester ante el trono del Rey intercediendo por su pueblo, significa a la Santísima Virgen, que sin cesar pide e intercede por  nosotros ante el Trono de Dios. Y así sucesivamente podríamos recorrer todas las figuras grandes del Antiguo Testamento y en todas veríamos a María.

Abísmate ante el amor de Dios a María. Mírale tan enamorado de Ella que se complace en hablar incesantemente de Ella en profecías, símbolos y figuras. Parece que es el pensamiento dominante, la obsesión de Dios. ¿Y tú eres así con tu Madre? ¿Estás así de enamorado y encantado de Ella? ¿Es Ella el pensamiento central de tu entendimiento? ¿Piensas en Ella, hablas de Ella? ¿La ves en todas partes? ¿Te unes a Ella? ¿Vives en Ella y de Ella? ¿Sabes hacer algo sin Ella? Reflexiona, examina y saca consecuencias de amar así con locura a tu Madre querida.



martes, 8 de marzo de 2016

MEDITACIONES SOBRE LA SANTÍSMA VIRGEN

MARÍA EN EL ANTIGUO TESTAMENTO

El Paraíso Terrenal con el Árbol de la Vida, es la Santísima Virgen verdadero Paraíso donde Cristo, Árbol de la Vida, brotó

Símbolos. Aún son más numerosos. El Paraíso Terrenal con el Árbol de la Vida, es la Santísima Virgen verdadero Paraíso donde Cristo, Árbol de la Vida, brotó. El Arca de Noé que se salvó  del naufragio. La paloma del arca que por no descansar en el cieno de la tierra, vuelve blanca al arca con el ramo verde en su pico… ¡Qué hermosas imágenes de María! La escala en la oscuridad del Tabernáculo y en presencia de solo Dios. El Arca de la Alianza, fabricada con maderas incorruptibles y que encerraba los grandes misterios. La zarza ardiendo, y que ardía con un fuego Divino sin consumirse, rodeada de la Majestad de Dios.

Estos y otros mil símbolos que hay en las Sagradas Escrituras, revelan la Hermosura, la Dignidad, la Grandeza y Excelencia de María. No parece sino que Dios sacaba partido de todas las cosas, para refrescar  en los hombres la memoria de su Madre y hacer que vivieran esperando en Ella.



lunes, 7 de marzo de 2016

ORACIONES DE LOS SANTOS A NUESTRA MADRE MARÍA

¡Rogad por nosotros, Santa Madre de Dios, Reina Poderosa y Augusta Soberana nuestra!

¡Oh Santísima Virgen! ¡Dignaos escuchar nuestras suplicas, distribuir entre nosotros vuestros dones y darnos parte en la abundancia de gracias de que estáis llena! El Arcángel os saluda y os llama llena de gracia: todas las naciones os llaman Bienaventurada: todas las celestiales Jerarquías os bendicen; y nosotros, desterrados en este valle de lágrimas, también os decimos: ¡Salve María, llena de gracia, el Señor es con Vos! ¡Rogad por nosotros, Santa Madre de Dios, Reina poderosa y augusta Soberana nuestra! Amén.

San Atanasio


sábado, 5 de marzo de 2016

LA UNIÓN DEL CORAZÓN DE MARÍA CON EL DE JESÚS

“El Poderoso ha hecho obras grandes en mí”

En este primer sábado de mes, detengámonos a considerar las maravillas que Dios ha obrado en el Corazón Inmaculado de la Virgen María, nuestra Reina y Madre, y que hacen de su Corazón único y excelente por la unión con el Corazón de su divino Hijo Jesús.

Consideremos la unión estrechísima que ninguna otra criatura pudo experimentar con Nuestro Señor Jesucristo desde el momento de la Encarnación hasta el parto virginal: la vida del Niño Dios era la vida de María, la sangre que corría por las venas de Verbo eterno humanado, era la sangre de María, el Corazón de Dios palpitaba a impulsos del Corazón de María. El Dios eterno se hace esclavo de aquella que es su sierva, su vida depende de su criatura. Y esto ya es un misterio ante el cual hemos de asombrarnos con admiración; aprendiendo de ello como Dios para dársenos se hace vulnerable a nosotros: pensemos en el misterio de la Eucaristía. Él quiere dársenos como alimento, por ello se realiza el misterio de la transubstanciación, y en la comunión viene a nosotros… Pero no siempre es recibido debidamente, no siempre el alma se dispone a esta gracia; y no digamos ya de aquellos que se acercan a la comunión en pecado cometiendo sacrilegio. Ojalá aprendiésemos de nuestra Señora a recibir debidamente al Señor que viene a nosotros y se hace eucaristía para nosotros, y viene en los otros sacramentos, y viene en su palabra… y nos concede tantas gracias…

Ojalá nosotros fuésemos como aquella que se reconoce Esclava, inmaculados y humildes para recibir al Rey de los cielos que se abaja a nuestra pobreza.

La unión entre los Corazones de Jesús y María, María y Jesús no fue rota con el parto, pues siempre se mantuvo durante la vida terrena del Señor. Dos corazones que forman un solo corazón, no en unidad de esencia, como la Unidad del Padre y del Hijo, sino en unidad de sentimiento, de afecto y de voluntad.
La Virgen sentía lo mismo que su Hijo, la Virgen amaba los mismo que Jesús, la Virgen quería y deseaba lo mismo que su Hijo Dios.
¿Cuáles eran los sentimientos de María? Los de Jesús. ¿Cuáles eran los afectos de María? Los de Jesús. ¿Cuáles eran los deseos y quereres de María? Los de Jesús. No hubo en ninguna ocasión discrepancia y desunión entre estos Sagrados Corazones, aun a pesar de la oscuridad de la fe pues como relata el Evangelio “Sus padres nos comprendieron su respuesta y María su madre guardaba todas estas cosas meditándolas en su corazón.”

Hoy al venerar y acudir a reparar el Corazón de María, hemos de pedirle también la gracia de nosotros llegar a tener esa unión de sentimientos, de afectos y voluntad con ella. Si hacemos examen, vemos cuanta discrepancia hay entre nuestros sentimientos, afectos y quereres y los de Jesús y de María. “Tened los mismos sentimientos de Cristo” (Fil 2,5) –decía san Pablo a los Filipenses. Tened los mismos sentimientos de Cristo y de la Virgen María, su Madre, es la invitación que hoy se nos hace para en verdad reparar y desagraviar por tantas ofensas, por tantos sacrilegios, por tantas profanaciones.




Jesús y María, haced mi corazón semejante al vuestro: que yo tenga los mismos sentimientos, los mismos afectos, los mismos deseos de vuestros corazones. Purificad mi corazón de los sentimientos, afectos y deseos que me apartan de vosotros. Elevad con la gracia divina aquellos sentimientos, afectos y deseos buenos que hay en mí para que todo lo haga en unión con vosotros. Así lo pedimos. Que así sea. Amén. 



HOY ES PRIMER SÁBADO DE MES



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viernes, 4 de marzo de 2016

¡MADRE DE DIOS Y MADRE NUESTRA!

¡Qué bueno si te recibimos en nuestra casa como Juan!

Señora y Madre nuestra: Tú estabas serena y fuerte junto a la Cruz de Jesús. Ofrecías tu Hijo al Padre para la redención del mundo.

Lo perdías, en cierto sentido, porque Él tenía que estar en las cosas del Padre, pero lo ganabas porque se convertía en Redentor del mundo, en el Amigo que da la vida por sus amigos.

María, qué hermoso es escuchar desde la Cruz las palabras de Jesús: "Ahí tienes a tu hijo", "ahí tienes a tu Madre"

¡Qué bueno si te recibimos en nuestra casa como Juan! Queremos llevarte siempre a nuestra casa. Nuestra casa es el lugar donde vivimos. Pero nuestra casa es sobre todo el corazón, donde mora la Trinidad Santísima. Amén.