Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores.

“Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie quien haga un acto de reparación para sacárselas”

sábado, 9 de enero de 2016

MEDITACIONES SOBRE LA SANTÍSMA VIRGEN, PARA EL SÁBADO

LA IDEA DE MARÍA EN LA CREACIÓN


Cuando un artista quiere expresar en sus obras lo que en su mente concibió, primero se ensaya en el barro para después modelar la imagen con toda perfección. Esta es la creación entera, un ensayo de Dios hasta que llegó formar a María, como la obra maestra de sus manos. Ella viene a ser como un resumen de toda la creación. Las gracias y bellezas repartidas en otros seres, se encuentran acumulados y sublimados en María.

Y así al formar Dios a su Madre, parece como que se fue inspirando en todo lo que había hecho para hacerla muy superior a todas las criaturas. Se inspiró en los serafines, para abrasarla en amor; se inspiró en los ángeles, para su pureza; en los patriarcas como Abraham para fortalecer y robustecer su fe; en Ruth, para su modestia; en Judit, para su valor… pero para darle su corazón de Madre, no pudo inspirarse en nada. No hay nada que pueda compararse y asemejarse con el corazón de la Virgen. Fue necesario que Dios mirase a su mismo corazón para darle un corazón semejante al suyo y así, con ese corazón amará a Dios a los hombres como Él mismo nos ama.

La Iglesia le aplica estas palabras tan magníficas que resumen esta misma idea: “El Señor me tuvo consigo al principio de sus obras antes que crease cosa alguna. Aún no existía los abismos, ni  habían brotado las fuentes de la aguas, aún no se había asentado en su base los montes, ni los ríos, ni había hecho la redondez de la tierra. Cuando Él preparaba los cielos, estaba yo ya presente. Cuando ponía leyes a los astros, y a los mares, con Él estaba yo concertándolo todo y eran mis delicias regocijarme continuamente en su presencia”

Por eso, puedes ver a María siempre que mires a los seres de la creación; el azul del cielo, te recordará su manto; las estrellas, la orla que lo adornan; el sol, su luz sin sombras ni manchas; la luna, su plácida hermosura, la inmensidad de su gracia; las flores, su belleza y aroma incomparable; y así puedes ir discurriendo y como verdadero enamorado, ver en todo la imagen de María, como Ella lo es de Dios.


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