Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores.

“Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie quien haga un acto de reparación para sacárselas”

sábado, 2 de enero de 2016

MEDITACIONES SOBRE LA SANTÍSMA VIRGEN, PARA EL SÁBADO

LA IDÉA DE MARÍA EN LA ETERNIDAD

Todos hemos existido desde la eternidad en la mente de Dios, a todos nos conocía perfectamente, en ti en particular pensaba y ya entonces, cuando faltaban muchos millones y millones de años para tu existencia en este mundo, ¡Él ya te amaba!

Con razón dice San Juan: “Amemos a Dios porque Él primeramente nos ha amado”. Si esto se dice de todos y puedes decirlo particularmente de ti, ¿qué dirás de María? Ella ocupa la mente de Dios más y mejor que todos los demás. Después de su esencia, que es el pensamiento principal de Dios, lo primero que sus ojos ven es a María, a Ella antes que a nadie, por Ella, a todos los demás.

Si por un imposible Dios pudiera olvidarse de todos y dejar de conocernos a todos, no podría dejar de ver y de mirar en su entendimiento a María, por la participación que en Ella hay de Dios, por la unión que tiene Ella con la Divinidad. En fin, es la idea más grande de Dios, después de la que Él tiene de sí mismo.




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