Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores.

“Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie quien haga un acto de reparación para sacárselas”

jueves, 31 de diciembre de 2015

CONSAGRACIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA, PARA TERMINAR EL AÑO

¡Míranos siempre, Madre mía, como cosa y posesión tuya!

Santísima Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra: Humildemente postrados ante Ti, te entregamos y consagramos nuestro corazón y nuestra alma, prometiéndote servirte con toda fidelidad hasta la muerte. Dígnate, Inmaculada Virgen María, aceptar benigna este ofrecimiento y alcánzanos de Jesús valor y gracia para cumplirlo.

Míranos como cosa tuya para que, custodiados por tu maternal bondad, vivamos santamente muramos en gracia de Dios y consigamos la eterna felicidad de la Gloria. Amén.




viernes, 25 de diciembre de 2015

25, DE DICIEMBRE

Allelúia!!!

Cuando nacisteis de una Virgen, se cumplieron las profecías: descendisteis como el rocío sobre el vellón, y vinisteis para salvarnos. Os alabamos, Dios Nuestro

Félix namque es, sacra Virgo María, et omni laude digníssima: Quia ex te ortus est Sol iustítiae, Christus Deus noster


Bienaventurada sois y dignísima de toda alabanza, Santa Virgen María, porque de Vos salió el Sol de justicia, Jesucristo Nuestro Señor


Allelúia!!!


domingo, 20 de diciembre de 2015

¡OH MISTERIO INFABLE!

Spíritus Sanctus in te descéndet, María: ne tímeas, habébis in útero Fílium Dei, allelúia!

Magnum haereditatis mystérium: templum Dei factus est úterus nescientis virum: non est pollútus ex ea carnem assúmens: omnes gentes vénient, dicentes: Glória Tibi, Dómine!!!



¡Oh misterio inefable de la herencia celestial! El seno de una Virgen ha sido hecho templo de Dios; y el Dios encarnado en sus castas entrañas no ha perdido nada de su santidad; vendrán las naciones y dirán; ¡Gloria a Vos, Señor!



sábado, 19 de diciembre de 2015

VIRGEN DE LA DULCE ESPERANZA

Me acerco a Ti, Virgen María, con vivo deseo de penetrar en el secreto de tu vida interior, para que Tú seas mi luz y modelo
“Me parece que la conducta de la Virgen en los meses que precedieron a la Natividad debe servir de modelo a las almas que Dios ha elegido para que vivan recogidas en su propia intimidad, en el fondo del abismo sin fondo” (IT. I, 10)

Aunque la vida de María Santísima estuvo siempre recogida y reconcentrada en Dios, hubo de estarlo ciertamente de una manera  especialísima durante aquel período en que, por la virtud del Espíritu Santo, tuvo en sus entrañas al Verbo divino Encarnado.

Gabriel había ya encontrado a María en la soledad y en el recogimiento. “Y entrando a Ella el Ángel”, dice el Evangelio (Lc. 1, 28); “entrando”, lo que supone que María estaba “encerrada” en su retiro. En nombre del Señor le descubre el Ángel lo que se va a realizar en Ella: “El Espíritu vendrá sobre ti y la virtud del  Altísimo te cubrirá con su sombra, y por eso el hijo engendrado será santo, será Hijo de Dios” (Ib. 1, 25). Desde ese momento Dios se hace presente en María de un modo singularísimo; es una presencia no sólo por esencia, ciencia y potencia, como en todas las criaturas; no sólo por gracia, como en el alma de los justos; sino que además el Verbo de Dios está María por “presencia corporal”, en frase de San Alberto Magno.

María, aun permaneciendo en su humildad, tiene conciencia de las “grandes cosas” que se obran en ella, como lo atestiguan el sublime cántico del Magnificat. Sin embargo, encubre en sí el gran misterio, ocultando hasta al mismo San José, y recogida en la intimidad de su espíritu, adorando y meditando: “María guardaba todo esto y lo meditaba en su corazón” (Lc. 2, 19) 




viernes, 18 de diciembre de 2015

CONOCIENDO EL MENSAJE DE FÁTIMA (y fin)

Francisco (11/06/1908 a 04/04/1919)

Las palabras del Ángel en su tercera aparición: “Consolad a vuestro Dios”, hicieron profunda impresión en el alma del pequeño pastorcito. “En cuanto a Jacinta, parecía preocupada con el único pensamiento de convertir pecadores y preservar las almas del infierno. Él trataba solamente de pensar en consolar a Nuestro Señor y a la Virgen, que le había parecido estar tan tristes” (Lucía)

Dominado por el sentimiento de la presencia de Dios, recibió en la luz que María comunicó a los videntes en las apariciones, discurría: “Estábamos ardiendo en aquella luz que es Dios y no nos quemábamos. ¿Cómo es Dios? Esto no lo podemos decir. Pero qué pena que Él esté triste; ¡si yo pudiera consolarle!”

En la enfermedad confió a su prima: “¿Nuestro Señor aún estará triste? Tengo tanta pena de que Él esté así. Le ofrezco cuantos sacrificios puedo”


La víspera de morir se confesó y comulgó con los más santos sentimientos. Después de cinco meses de casi continuo sufrimiento, el 4 de abril de 1919, primer viernes, a las diez de la mañana, murió santamente el consolador de Jesús.

Jacinta (10/03/1910 a 20/02/1920)

Vivía apasionada por el ideal de convertir pecadores, a fin de arrebatarlos del suplicio del infierno, cuya pavorosa visión tanto le impresionó.

Alguna vez preguntaba “¿Por qué es que Nuestra Señora no muestra el infierno a los pecadores? Si lo viesen, ya no pecarían, para no ir allá. Has de decir a aquella Señora que muestre el infierno a toda aquella gente. Verás cómo se convierten. ¡Qué pena tengo de los pecadores! ¡Si yo pudiera mostrarles el infierno!”

Antes de morir, Nuestra Señora se dignó aparecérsele varias veces. He aquí lo que ha dictado a su madrina Madre Godinho.
larle!”


En la enfermedad confió a su prima: “¿Nuestro Señor aún estará triste? Tengo tanta pena de que Él esté así. Le ofrezco cuantos sacrificios puedo”

La víspera de morir se confesó y comulgó con los más santos sentimientos. Después de cinco meses de casi continuo sufrimiento, el 4 de abril de 1919, primer viernes, a las diez de la mañana, murió santamente el consolador de Jesús.

Sobre los pecados

Los pecados que llevan más almas al infierno son los de la carne.

Han de venir unas modas que han de ofender mucho a Nuestro Señor. Las personas que sirven a Dios no deben andar con la moda.

Los pecados del mundo son muy grandes. Si los hombres supiesen lo que es la eternidad harían todo para cambiar de vida Los hombres se pierden porque no piensan en la muerte de Nuestro Señor ni hacen penitencia.

Muchos matrimonios no son buenos, no agradan a Nuestro Señor ni son de Dios.

Sobre las guerras

Nuestro Señor dijo que en el mundo habrá muchas guerras y discordias.

Las guerras no son si no castigos por los pecados del mundo.

Nuestra Señora ya no puede retener el brazo castigador de su Hijo sobre el mundo.

Es preciso hacer penitencia. Si la gente se enmienda Nuestro Señor todavía salvará al mundo; mas si no se enmienda, vendrá el castigo.

Sobre los sacerdotes

Pida mucho por los Padres; pida mucho por los Religiosos.

Los Padres sólo deben ocuparse de las cosas de la Iglesia.

Los Padres deben ser puros, muy puros.

La desobediencia de los Padres y de los Religiosos a sus Superiores y al Santo Padre, ofende mucho a Nuestro Señor.

Pida mucho por los Gobiernos.

¡Ay, de los que persiguen la religión de Nuestro Señor!

Si el Gobierno deja en paz a la Iglesia y da libertad a la religión será bendecido por Dios.

Sobre las virtudes cristianas

No ande rodeada de lujo, huya de las riquezas. Sea amiga de la santa pobreza y del silencio. No hable de nadie y huya de quien hable mal. Tenga mucha paciencia, porque la paciencia nos lleva al cielo.

La mortificación y los sacrificios agradan mucho a Nuestros Señor.

Durante la enfermedad (pleuritis purulenta), confió a su prima: “Sufro mucho; pero ofrezco todo por la conversión de los pecadores y para desagraviar al Corazón Inmaculado de María”

Al despedirse de Lucía le hace estas recomendaciones: “Ya falta poco para irme al cielo. Tú quedas aquí para decir que Dios quiere establecer en el mundo la devoción al Inmaculado Corazón de María. Cuando vayas a decirlo, no te escondas. Di a toda la gente que Dios nos concede las gracias por medio de Inmaculado Corazón de María. Que las pidan a Ella, que el Corazón de Jesús quiere que a su lado se venere el Inmaculado Corazón de María, que Dios la confió a Ella. Si yo pudiese meter en el corazón de toda la gente la luz que tengo aquí dentro del pecho, que me está abrasando y me hace gustar tanto del Corazón de Jesús y del Corazón de María”

Murió santamente el 20 de febrero de 1920. Su cuerpo reposa como el de Francisco, en el crucero de la Basílica en Fátima.

LA GRAN PROMESA DE LA APARICIÓN DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA EN PONTEVEDRA

La Providencia Divina todavía no había terminado la obra encargada a los pastorcitos. La Virgen dijo a Lucía que “con el fin de prevenir la guerra vendré para pedir la Consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón y la Comunión reparadora en los primeros sábados de mes”. Lo pidió a Lucía en 1925, 1926 y 1929. Estando en el Convento de Pontevedra, el 10 de diciembre de 1925, se le apareció la Virgen a Lucía con el Niño Jesús a su Lado, subido en una nube de luz. La Virgen puso su mano en el hombro de Lucía, mientras en la otra sostenía su Corazón rodeado de espinas. Al mismo tiempo, el Niño Jesús dijo: “Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie quien haga un acto de reparación para sacárselas”

Después dijo Nuestra Señora a Lucía: “Mira, hija mía, mi Corazón cercado de espinas que los hombres ingratos me clavan sin cesar son blasfemias e ingratitudes. Tú, al menos, procura consolarme y di que a todos los que durante cinco meses en el primer sábado se confiesen, reciban la Sagrada Comunión, recen los cinco misterios del Rosario y me hagan compañía durante 15 minutos meditando en los misterios del Rosario con el fin de desagraviarme, les prometo asistir en la hora de la muerte con la gracias necesarias para su salvación”

El 15 de febrero de 1926 el Niño Jesús se apareció de nuevo a Lucía, preguntándole si había difundido la devoción a su Santísima Madre. Lucía le contó de las dificultades que partían de su confesor y de su superiora. El Señor respondió:

“Es verdad que tu Superiora sola no puede hacer nada; pero con mi gracia lo puede todo”

Lucía le habló de la confesión para los primeros sábados y preguntó si valía hacerla en los ocho días. Jesús contestó: “Sí; todavía con más tiempo, con tal que me reciban en estado de gracia y tengan intención de desagraviar al Inmaculado Corazón de María”

En junio de 1929 la Virgen pidió en una aparición la Consagración de Rusia a su Inmaculado Corazón, prometiendo que de este modo se prevenía la difusión de sus errores y se adelantaba su conversión. Pero sólo el 20 de diciembre de 1940 Lucía recibió permiso para escribir al Santo Padre Pío XII pidiéndole esta Consagración.

Lucía describe esta aparición de la siguiente manera:

“De repente toda la Capilla (en las Doroteas de Tuy) se alumbró de una luz sobrenatural y una Cruz de luz apareció sobre el altar, llegando hasta el techo. En la claridad de la parte superior se podía ver la cara de un hombre y su cuerpo hasta la cintura. En la pecho había una paloma de luz, y clavado en la Cruz había el cuerpo de otro hombre. Por encima de la cintura suspendidos en el aire, podía ver un cáliz y una gran Hostia, en la cual caían gotas de sangre del rostro de Jesús Crucificado y de la llaga de su costado. Estas gotas, escurriendo en la Hostia caían en el Cáliz. Debajo del brazo derecho de la Cruz estaba Nuestra Señora. Era Nuestra Señora de Fátima, con su Corazón Inmaculado en la mano izquierda, sin espinas ni rosas, pero con una corona de espinas y llamas. Debajo del brazo izquierdo de la Cruz, grandes letras, como si fuesen de agua cristalina, que corrían sobre el Altar formando estas palabras: “Gracia y misericordia”

Entendí que era el Misterio de la Santísima Trinidad que se me enseñó, y yo recibí luces acerca de este misterio, que no se me permite revelar.

La Virgen me dijo:
“Ha venido el momento en que Dios pide al Santo Padre que en unión con todos los Obispos del mundo haga la Consagración de Rusia a mi Corazón, prometiendo salvarla por este medio”

Pío XII cumplió en parte este deseo de la Virgen Consagrando el mundo con mención especial de Rusia, el 31 de octubre de 1942, al Inmaculado Corazón de María y haciendo la Consagración especial sólo de Rusia el 7 de julio de 1952, con estas palabras:

“Como hace algunos años consagramos todo el género humano al Corazón Inmaculado de la Virgen, Madre de Dios, así ahora, de un modo especialísimo, dedicamos y Consagramos todos los pueblos de Rusia al Inmaculado Corazón”

Decimos “en parte” puesto que no fue en unión con todos los Obispos del mundo.

Tampoco las consagraciones de Pablo VI (1965) y de Juan Pablo II (1982 y 1984) fueron completas.  Quiera Dios allanar pronto los distintos obstáculos que todavía se encuentran en el camino de esta consagración. Oremos a Nuestra Madre de Fátima para que el Santo Padre, sea valiente y consagre Rusia a su Inmaculado Corazón tal y como Ella lo pidió.  


martes, 8 de diciembre de 2015

INMACULADA - 2015

Bendita sea la Santa e Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María, Madre de Dios
"¿Quién más noble que la Madre de Dios? ¿Quién más esplendorosa que aquella a quien ha elegido por madre el que es el Esplendor Eterno? ¿Quién mas casta que la madre que ha traído a su Hijo al mundo permaneciendo Virgen? 

Ella era Virgen pura no sólo en el cuerpo, sino también en el espíritu. A ella nunca ningún pecado consiguió manchar su pureza; era humilde de corazón; reflexiva en sus resoluciones; prudente; discreta en palabras; ávida de leer y de oír la Palabra de Dios; no ponía su esperanza en las riquezas sino en la Oración y en los favores que Dios concede a quienes ayudan a los pobres; aplicada al trabajo; tomaba por juez de su alma no lo que opinaban los demás, sino lo que opinaba Dios; no trató nunca mal a nadie; era amable con todos; llena de respeto por los ancianos, sin envidia con los de su edad; modesta, razonable, amaba la virtud.
Jamás ofendió a sus padres ni siquiera en su actitud. Nadie la veía en desacuerdo con sus parientes. No rechazaba al humilde, ni se burlaba del débil, ni evitaba al miserable. Solamente asistía a aquellas reuniones a las que le aconsejaba asistir la caridad, y en las cuales no tuviera ningún peligro su modestia y castidad.

Jamás nadie vio dureza en su mirada, ni una falta de medida en sus palabras, ni una imprudencia en sus actos. No demostraba contrariedad en sus gestos ni insolencia en su voz; su actitud exterior era la imagen de la santidad de su alma: El rostro descubre lo que se lleva en el alma. El rostro de la Virgen era el retrato de su alma santísima"

San Ambrosio de Milán


OREMOS

¡Oh Virgen Inmaculada, Madre de Dios y Madre mía!, desde vuestra sublime alteza dirigid vuestros ojos compasivos hacia mí, pues, lleno de confianza en vuestra bondad y conocedor de vuestro poder, os ruego que me socorráis en el camino de la vida, tan lleno de peligros para mi alma. Y, a fin de que jamás sea esclavo del demonio por el pecado, sino que viva siempre con corazón humilde y puro, me confío todo a Vos y os consagro para siempre mi corazón, deseoso solamente de amar a vuestro Divino Hijo Jesús. María, ningún devoto vuestro se ha perdido jamás; que yo, pues me salve también. Así sea





Indulgencia de quinientos días. (S. Pen. Ap., 17 mayo 1919 y 29 abr. 1935)

domingo, 6 de diciembre de 2015

ORACIONES DE LOS SANTOS A NUESTRA MADRE MARÍA

SALVE MARÍA, ESPERANZA DE LOS CRISTIANOS
¡Salve, María, esperanza de los cristianos! Dignaos escuchar los ruegos de un pecador que os ama con ternura, que os honra particularmente y que cifra en Vos la esperanza de su salvación. A Vos os debo la vida: por Vos he sido restituido a la gracia de vuestro Divino Hijo: Vos sois la más segura prenda de mi eterna felicidad. Libradme, oh Santísima Virgen, del peso de mis pecados, disipad las tinieblas de mi espíritu, destruid las afecciones terrenales de mi corazón; dadme fuerzas para vencer las tentaciones de mis enemigos, y presidid todas las acciones de mi vida, para que con vuestro amparo y dirección pueda obtener la eterna felicidad del Paraíso. Amén.

San Juan Damasceno