Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores.

“Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie quien haga un acto de reparación para sacárselas”

miércoles, 7 de octubre de 2015

7 DE OCTUBRE, NUESTRA MADRE DEL ROSARIO

¡Tu bendito Rosario, ¡oh María!, sea para mí arma defensiva y escuela de virtud!
(Virgen del Rosario de Málaga)
La fiesta de hoy es una manifestación de reconocimiento por las grandes victorias alcanzadas por el pueblo cristiano en virtud del Rosario de María; y, al propio tiempo, es el testimonio más hermoso y autorizado del valor de esta plegaria. La liturgia del día es un comentario y una amplificación del Rosario; los tres himnos de Maitines y laudes recorren sus diversos misterios, las lecciones cantan sus glorias, y las continuas referencias a las Virgen que “brota entre flores, que está rodeada de rosas y lirios de los valles”, son una alusión clara a las místicas coronas de rosas que los devotos de María tejen a sus pies con la recitación del Rosario es honrar a María, porque  aquel no es más que la meditación de la vida de la Virgen, acompañada de la devota repetición del Ave María. Precisamente bajo este aspecto alaba la Iglesia esta práctica y la recomienda con tanta insistencia a los fieles: “¡Oh Dios! –invoca en el Oremus del día-, concédenos que, meditando estos misterios en el santo Rosario de la Bienaventurada Virgen María, imitemos los ejemplos que contienen y consigamos los premios que prometen”. El Rosario bien rezado es oración y enseñanza a la vez; sus misterios nos dicen que en la vida de la Virgen todo es juzgado en relación con Dios: sus alegrías y sus contentos proceden de lo que contenta con Dios, mientras que sus dolores coinciden, por decirlo así, con los dolores mismos de Dios, el cual, haciéndose hombre, ha querido sufrir por los pecados de la humanidad. El gozo único de María es Jesús: ser su Madre, estrecharlo entre los brazos, presentarlo a la adoración del mundo, contemplarlo en la gloria de la Resurrección, unirse a Él en el cielo. El dolor único de María es la Pasión de Jesús: verlo traicionado, azotado, coronado de espinas, crucificado por nuestros pecado. Este es el primer fruto que deberíamos sacar del rezo del Rosario: juzgar los sucesos de la vida en relación a Dios; gozarnos de lo que a Él le agrada y de la que nos une a Él, sufrir por el pecado, que nos aleja de Él y es causa de la Pasión y muerte de Jesús.



No hay comentarios:

Publicar un comentario