Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores.

“Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie quien haga un acto de reparación para sacárselas”

sábado, 26 de septiembre de 2015

CONOCIENDO EL MENSAJE DE FÁTIMA

LAS APARICIONES DE NUESTRA SEÑORA

Primera Aparición

Domingo, 13 de mayo del año 1917

Estando jugando con Jacinta y Francisco en lo alto, junto a Cova de Iría, haciendo una pared de piedras alrededor de una mata de retamas, de repente vimos una luz como de un relámpago.

-Está relampagueando –dije-. Puede venir una tormenta. Es mejor que nos vayamos a casa.
-¡Oh, sí, está bien! –contestaron mis primos.

Comenzamos a bajar del cerro llevando las ovejas hacia el camino. Cuando llegamos a menos de la mitad de la pendiente, cerca de una encina, que aún existe, vimos otro relámpago, y habiendo dado algunos pasos más vimos sobre una encina una SEÑORA vestida de blanco, más brillante que el sol, esparciendo luz más clara e intensa que un vaso de cristal lleno de agua cristalina atravesado por los rayos más ardientes del sol.


Nos paramos, sorprendidos por la aparición. Estábamos tan cerca que quedamos dentro de la luz que la rodeaba o que Ella irradiaba tal vez a metro y medio de distancia. Entonces la Señora nos dijo:

-No tengáis miedo. No os hago daño.
Yo le pregunté:
-¿De dónde es usted?
-Soy del cielo
-¿Qué es lo que usted me quiere?
-He venido para pediros que vengáis aquí seis meses seguidos el día 13 a esta misma hora. Después diré quién soy y lo que quiero. Volveré aquí una séptima vez.
-Pregunté entonces:
-¿Yo iré al cielo?
-Sí, irás
-¿Y Jacinta?
-Irá también
-¿Y Francisco?
-También irá, pero tiene que rezar antes muchos Rosarios.

Entonces me acordé de preguntar por dos niñas que habían muerto hacía poco. Eran amigas mías y solían venir a casa para aprender a tejer con mi hermana mayor.

-¿Está María de las Nieves en el cielo?
-Sí, está
Tenía cerca de dieciséis años.
-¿Y Amelia?
-Pues estará en el purgatorio hasta el fin del mundo.
Me parece tenía entre dieciocho y veinte años.
-¿Queréis ofreceros a Dios para soportar todos los sufrimientos que Él quisiera enviaros como reparación de los pecados con que Él es ofendido y de súplica por la conversión de los pecadores?
-Sí, queremos.
-Tendréis,  pues, mucho que sufrir, pero la gracia de Dios os fortalecerá.

Diciendo estas palabras, la gracia de Dios, etc., la Virgen abrió sus manos por primera vez, comunicándonos una luz muy intensa que parecía fluir de sus manos y penetraba en lo más íntimo de nuestro pecho y de nuestros corazones, haciéndonos ver a nosotros mismos en Dios, que era esa luz, más claramente de lo que nos vemos en el mejor de los espejos. Entonces, por un impulso interior que nos fue comunicado también, caímos de rodillas, repitiendo humildemente:

Santísima Trinidad, yo te adoro, Dios mío, Dios mío, yo te amo en el Santísimo Sacramento.

Después de pasados unos momentos. Nuestra Señora agregó:
-Rezad el Rosario todos los días para alcanzad la paz del mundo y el fin de la guerra.

Acto seguido comenzó a elevarse serenamente subiendo en dirección al Levante hasta desaparecer en la inmensidad del espacio. La luz que la circundaba parecía abrirle el camino a través de los astros, motivo por el que algunas veces decíamos que vimos abrirse el cielo.

Segunda Aparición

Miércoles, 13 de junio

Después de rezar el rosario con otras personas que estaban (unas cincuenta) vimos de nuevo el reflejo de la luz que se aproximaba y que llamábamos relámpago, y en seguida a Nuestra Señora sobre la encina, todo como en mayo.

-¿Qué es lo que quiere? –pregunté
-Quiero que vengáis aquí el día 13 del mes que viene, que recéis el rosario todos los días y que aprendáis a leer. Después diré lo que quiero además.

Le pedí la curación de una enferma; Nuestra Señora respondió:
-Si se convierte se curará durante el año.
-Quisiera pedirle que nos llevase al cielo.
-Sí, a Jacinta y a Francisco los llevaré en breve, pero tú te quedarás aquí algún tiempo más. Jesús quiere servirse de ti para darme a conocer y amar. Quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón. A quien la abrazare prometo la salvación y serán queridas sus almas por Dios como flores puestas por mí para adornar su Trono.
-¿Me quedo aquí solita? –pregunté con pena
-No, hija. ¿Y tú sufres mucho por eso? ¡No te desanimes! Nunca te dejaré. Mi Inmaculado Corazón será tu refugio y el camino que te conducirá a Dios. En este momento abrió  las manos y nos comunicó por segunda vez el reflejo de la luz inmensa que la envolvía. En esta luz nos veíamos como sumergidos en Dios. Jacinta y Francisco parecían estar en la parte de la luz que se elevaba hacia el cielo y yo en la que se esparcía sobre la tierra. Delante de la palma de la mano derecha de Nuestra Señora estaba un corazón rodeado de espinas que parecía clavarse en él. Entendimos que era el Corazón Inmaculado de María, ultrajado por los pecados de la humanidad que quería reparación.

Esto es a lo que nos referíamos al decir que Nuestra Señora nos había contado  un secreto en junio. Ella no nos mandó en aquella ocasión guardarlo como secreto, pero nos sentíamos impulsados por Dios a hacerlo así.

Francisco, muy impresionado con lo que había visto, me pregunto después:
-¿Por qué es que la Virgen estaba con un corazón en la mano irradiando sobre el mundo aquella luz tan grande de Dios? Tú, Lucía, estabas con Ella en la luz que bajaba a la tierra y Jacinta conmigo en la que subía hacia el cielo.
-Es que –le respondí- tú, con Jacinta, iréis en breve al cielo. Yo me quedo con el Corazón Inmaculado de María en la Tierra.

Tercera Aparición

Viernes, 13 de julio

El Gran Secreto

Momentos después de haber llegado a Cova de Iría, junto a la encina, entre numeroso público (unas 4.000 personas) que estaban rezando el rosario, vimos el rayo de luz una vez más y un momento más tarde apareció la Virgen sobre la encina.
-¿Qué es lo que quiere de mí? –pregunté.
-Quiero que vengáis aquí el día 13 del mes que viene, y continuéis rezando el rosario todos los  días en honra a Nuestra Señora del Rosario, con el fin de obtener la paz del mundo y el final de la guerra porque sólo Ella puede conseguirlo.

Dije entonces:
-Quisiera pedirle nos dijera quién es, y que haga un milagro, para que todos crean que usted se nos aparece.
-Continuad viniendo aquí todos los meses. En octubre diré quién soy y lo que quiero, y haré un milagro que todos han de ver para que crean.

Aquí hice algunos pedidos que ahora no recuerdo. Lo que recuerdo es que Nuestra Señora dijo que era preciso rezad el rosario para alcanzar las gracias durante el año, y continuó:

-Sacrificaos por los pecadores y decid muchas veces y especialmente cuando hagáis un sacrificio: ¡Oh Jesús, es por tu amor, por la conversión de los pecadores y en reparación de los pecados cometidos contra el Inmaculado Corazón de María!”

Al decir estas  últimas palabras abrió de nuevo las manos como los meses anteriores. El reflejo parecía penetrar en la tierra y vimos como un mar de fuego y sumergidos en ese fuego los demonios y las almas como si fuesen brasas transparentes y negras o bronceadas, de forma humana, que fluctuaban en el incendio llevadas por las llamas que de ellas mismas salían, juntamente con nubes de humo, cayendo hacia todos lados, semejante a la caída de pavesas en grandes incendios, pero sin peso ni equilibrio, entre gritos y lamentos de dolor y desesperación que horrorizaban y hacían estremecer de pavor. (Debía ser a la vista de eso que si un “ay” que dicen haber oído) Los demonios de distinguían por sus formas horribles y asquerosas de animales espantosos y desconocidos, pero transparentes con negros tizones en brasa. Asustados y como pidiendo socorro levantamos la vista a Nuestra Señora, que nos dijo con bondad y tristeza:

-Habéis visto el infierno, donde van las almas de los pobres pecadores. Para salvarlas Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado corazón. Si hacen lo que yo os digo se salvaran muchas almas y tendrán paz. La guerra terminará, pero si no dejan de ofender a Dios, en el reinado de Pío XI comenzará otra peor. Cuando viereis una noche alumbrada por una luz desconocida sabed que es la gran señal que Dios os da de que va a castigar al mundo por sus crímenes por medio de la guerra del hambre, de la persecución de la Iglesia y del Santo Padre. Para impedir eso vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Corazón Inmaculado y la comunión reparadora de los primeros sábados. Si atendieren mis deseos, Rusia se convertirán y habrá paz; si no, esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones contra la Iglesia; los buenos serán martirizados; el Santo Padre tendrá que sufrir mucho; varias naciones serán aniquiladas. Por fin, mi Inmaculado Corazón triunfará. El Santo Padre me consagrará Rusia, que se convertirá, y será concedido al mundo algún tiempo de paz. En Portugal el dogma de la fe se conservará siempre, etc. (Aquí comienza la tercera parte del secreto, escrita por Lucía entre el 22 de diciembre de 1943 y el 9 de enero de 1944) Esto no lo digáis a nadie. A Francisco si podéis decírselo.

-Cuando recéis el rosario, decid después de cada misterio: “Oh Jesús mío, perdónanos, líbranos del fuego del infierno, lleva todas las almas al cielo, especialmente las más necesitadas”
Seguía un instante de silencio y después pregunté:
-¿Usted no quiere nada más?
-No, no quiero nada más por hoy.
Y como de costumbre comenzó a elevarse en dirección a Oriente hasta que despareció en la inmensidad del firmamento.


viernes, 25 de septiembre de 2015

25 SEPTIEMBRE, NUESTRA SEÑORA DE LA FUENCISLA. PATRONA DE SEGOVIA


ORACIÓN

¡Virgen de La Fuencisla!, yo te imploro
y te ruego que Tú enjugues mi llanto
y que extiendas la sombra de tu manto
sobre el ser tan querido, por quien lloro.
Que le ayudes, te pido sin decoro;
que le irradies el halo de tu encanto,
pues tu ayuda y tu amor precisa tanto
como el trigo, del Sol, el beso de oro.
Que ilumines su mente extraviada,
que le guíes por un recto camino
bajo el tibio fulgor de tu mirada.
Que escuches la oración que te dedico,
que protejas su vida y su destino,
a tus plantas postrado, te suplico.

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jueves, 24 de septiembre de 2015

MARÍA, MERCED DE DIOS

María, Merced de Dios, regalo de Cristo a los hombres... ¡ruega por nosotros!

Dulce es nombrarte, María, y no hay gozo en el mundo que pueda compararse al de tu amor maternal. Si nuestros amigos nos defraudan en Ti encontramos a la Madre que nunca falla. Si caemos en pecado, en Ti encontramos el refugio y el auxilio para levantarnos. Si la fortaleza del cuerpo se debilita, Tú siempre nos sostienes con maternal amor. Si lloramos, nos acompañas en el dolor. Alegres, participas de nuestras alegrías. Siempre nos acoges porque somos tus hijos, hijos de tu Inmaculado y Doloroso Corazón. ¿Qué haríamos sin Ti, Madre nuestra? ¿Cómo responder dignamente a tu amor de Madre? Si quieres nuestros corazones, aquí los tienes, prontos a brindarte su amor filial y a manifestártelo en el seguimiento fiel a tu Hijo. Si te gusta una expresión de amor, acepta la que te tributamos en este día como signo de nuestra piedad filial.

Bendita Madre nuestra de la Merced, no nos dejes solos durante nuestro peregrinar en esta vida. No nos dejes entregados a nuestras débiles fuerzas, ya que sin tu maternal intercesión desfalleceríamos en el camino.

Madre del Señor y Madre nuestra, obtennos de tu Hijo la fuerza del Espíritu para que anime y fortalezca nuestros pasos.

Madre de la Merced, ayúdanos a dar valiente testimonio de vida cristiana y a ser generosos en el servicio de amor a los hermanos. Amén.


sábado, 19 de septiembre de 2015

19 DE SEPTIEMBRE, NUESTRA SEÑORA DE LA SALETTE


Los sacerdotes, ministros de mi Hijo, por su mala vida, por sus irreverencias y su impiedad al celebrar los santos misterios, por su amor al dinero, a los honores y a los placeres, se han convertido en cloacas de impureza. Sí, los sacerdotes piden venganza, y la venganza pende de sus cabezas. ¡Ay de los sacerdotes y personas consagradas a Dios, que por sus infidelidades y mala vida crucifican de nuevo a mi Hijo! Los pecados de las personas consagradas a Dios claman al cielo y piden venganza, y he aquí que la venganza está a las puertas, pues ya no hay almas generosas ni persona digna de ofrecer la Víctima sin mancha al Eterno en favor del mundo

ORACIÓN

Madre de Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote, fuente de reconciliación para el mundo, derrama sobre nosotros su luz, su amor, su perdón.

Madre de la Vocación, Madre de los sacerdotes; hazlos puros, hazlos limpios, vibrantes en la oración. Hazlos fuertes en la esperanza, firmes en el  amor... fuentes vivas, llamas nuevas, murallas de la ciudad de Dios. Haz que sean santos y sean sacerdotes según el Corazón de Jesús. Amen.

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viernes, 18 de septiembre de 2015

martes, 15 de septiembre de 2015

MADRE DE LOS DOLORES


¡Oh mi tierna Madre! ¡Os veo sumergida en un mar de tristezas y de aflicciones, y nadie se compadece de Vos! Yo os compadezco, ¡Oh María, mi dulce Madre! Y os suplico me admitáis algún día en vuestra compañía.

¡Oh Reina de los Mártires! Yo os ruego que por vuestros Dolores y vuestros triunfos me deis vuestra maternal bendición: yo me pongo y coloco también bajo el manto de vuestra poderosa protección a todos mis parientes y amigos.

¡Oh María! Yo creo que sois la Madre de Dios y de los hombres; creo que sois nuestra vida, y os llamaré con San Agustín la única esperanza de los pobres pecadores. Creo que sois el respiro vivificante de los cristianos y su amparo, máxime en la hora de la muerte.

San Pablo de la Cruz




sábado, 12 de septiembre de 2015

MARÍA, NOMBRE QUE DA FORTALEZA

¡Oh María, Madre mía, concédeme la gracia de vivir y morir con tu Santo Nombre en los labios!
Por eso, en los Sagrados cantares, el santo nombre de María es comparado al óleo: “Como aceite derramado es tu nombre” (Ct 1, 2). Comenta así este pasaje el B. Alano: “Su nombre glorioso es comparado al aceite derramado porque, así como el aceite sana a los enfermos, esparce fragancia, y alimenta la lámpara, así también el nombre de María, sana a los pecadores, recrea el corazón y lo inflama en el divino amor”. Por lo cual Ricardo de San Lorenzo anima a los pecadores a recurrir a este sublime nombre, porque eso sólo bastará para curarlos de todos sus males, pues no hay enfermedad tan maligna que no ceda al instante ante el poder del nombre de María”.

Por el contrario los demonios, afirma Tomás de Kempis, temen de tal manera a la Reina del cielo, que al oír su nombre, huyen de aquel que lo nombra como de fuego que los abrasara. La misma Virgen reveló a santa Brígida, que no hay pecador tan frío en el divino amor, que invocando su santo nombre con propósito de convertirse, no consiga que el demonio se aleje de él al instante. Y otra vez le declaró que todos los demonios sienten tal respeto y pavor a su nombre que en cuanto lo oyen pronunciar al punto sueltan al alma que tenían aprisionada entre sus garras.

Y así como se alejan de los pecadores los ángeles rebeldes al oír invocar el nombre de María, lo mismo –dijo la Señora a santa Brígida– acuden numerosos los ángeles buenos a las almas justas que devotamente la invocan.

Atestigua san Germán que como el respirar es señal de vida, así invocar con frecuencia el nombre de María es señal o de que se vive en gracia de Dios o de que pronto se conseguirá; porque este nombre poderoso tiene fuerza para conseguir la vida de la gracia a quien devotamente lo invoca. En suma, este admirable nombre, añade Ricardo de San Lorenzo es, como torre fortísima en que se verán libres de la muerte eterna, los pecadores que en él se refugien; por muy perdidos que hubieran sido, con ese nombre se verán defendidos y salvados.

Torre defensiva que no sólo libra a los pecadores del castigo, sino que defiende también a los justos de los asaltos del infierno. Así lo asegura el mismo Ricardo, que después del nombre de Jesús, no hay nombre que tanto ayude y que tanto sirva para la salvación de los hombres, como este incomparable nombre de María. Es cosa sabida y lo experimentan a diario los devotos de María, que este nombre formidable da fuerza para vencer todas las tentaciones contra la castidad. Reflexiona el mismo autor considerando las palabras del Evangelio: “Y el nombre de la Virgen era María” (Lc 1, 27), y dice que estos dos nombres de María y de Virgen los pone el Evangelista juntos, para que entendamos que el nombre de esta Virgen purísima no está nunca disociado de la castidad. Y añade san Pedro Crisólogo, que el nombre de María es indicio de castidad; queriendo decir que quien duda si habrá pecado en las tentaciones impuras, si recuerda haber invocado el nombre de María, tiene una señal cierta de no haber quebrantado la castidad.



martes, 8 de septiembre de 2015

NACE LA ALEGRÍA PARA EL MUNDO ENTERO

¡Oh María, Madre mía!, enséñame a vivir escondido contigo a la sombra de Dios

La Liturgia celebra con entusiasmo el nacimiento de María y hace de él una de las fiestas más populares de la devoción mariana. “Tu natividad, ¡oh Virgen Madre de Dios! –canta hoy el oficio-, anunció la alegría al mundo entero; porque de ti salió el Sol de justicia, Cristo nuestro Señor Dios”. La Natividad de María es el preludio de la natividad de Jesús, porque precisamente en aquella tiene su primer principio la realización del gran misterio del Hijo de Dios hecho hombre para salvación de la humanidad. ¿Cómo podría pasar inadvertido al corazón de los redimidos el día natal de la Madre del Redentor? La Madre preanuncia el Hijo, dice que el Hijo está para venir, que las promesas divinas, vaticinadas desde siglos, están para cumplirse. El nacimiento de María es la aurora de nuestra redención; su aparición proyecta una luz nueva sobre toda la humanidad: luz de inocencia, de pureza, de gracia, anticipo esplendoroso de la gran luz que inundará la tierra cuando aparezca Cristo, Lux mundi. María, preservada del pecado en previsión de los méritos de Cristo, no sólo anuncia que la Redención está cerca, sino que trae consigo las primicias, como primera redimida por su Hijo Divino. Por Ella, toda pura y toda llena de gracia, la Santísima Trinidad dirige finalmente a la tierra una mirada de complacencia, porque encuentra finalmente en ella una criatura en que puede reflejar su belleza infinita.

Después del nacimiento de Jesús, ningún nacimiento ha sido tan importante a los ojos de Dios, ni tan importante para el bien de la humanidad, como el de María. Y sin embargo, ese nacimiento permanece en completa oscuridad: nada dicen de él las Sagradas Escrituras, y cuando buscamos en el Evangelio la genealogía de Jesús, encontramos tan sólo la que se refiere a su descendencia de David, nada explícito encontramos sobre el árbol genealógico de María. Los orígenes de la Virgen se ocultan en el silencio, como oculta en el silencio fue toda su vida. La natividad de María nos habla de humildad: cuanto más queramos creer a los ojos de Dios, más nos hemos de esconder a los de las criaturas; cuanto más grandes cosas queramos hacer por Dios, en mayor silencio y retiro hemos de trabajar.


En los peligros en las angustias, en las perplejidades siempre pensaré en Ti, ¡oh María!, siempre te invocaré. No te apartes, ¡oh María!, de mi boca, no te apartes de mi corazón; para obtener el apoyo de tus plegarias, haz que no pierda nunca de vista los ejemplos de tu vida. Siguiéndote, ¡oh María!, no me extravío, pensando en Ti no yerro, si Tú me sostienes no caigo, si Tú me proteges no tengo que temer, si Tú me acompañas no me fatigo, si Tú me eres propicia llegaré al término 

San Bernardo


sábado, 5 de septiembre de 2015

HOY ES PRIMER SÁBADO DE MES




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ORACIONES DE LOS SANTOS A NUESTRA MADRE MARÍA

Dignaos hacer que estos dolores me inspiren una eterna confianza en la hora de mi muerte para no desesperar a la vista de mis pecados

¡Oh Madre afligida! No quiero que lloréis sola: deseo unir mis lágrimas a las vuestras, y con este fin os suplico que me concedáis un eterno recuerdo de la dolorosa Pasión de Jesucristo y de la vuestra, para que todos los días que me resten de vida los emplee en llorar por vuestros dolores. ¡Oh Madre mía! ¡Oh Madre del Redentor! Dignaos hacer que estos dolores me inspiren una eterna confianza en la hora de mi muerte para no desesperar a la vista de mis pecados; que obtengan para mí el don de la perseverancia, y finalmente el paraíso, donde en vuestra compañía pueda cantar las infinitas misericordias de mi Dios y las vuestras. Amén.

Alfonso María de Ligorio




martes, 1 de septiembre de 2015

A TI, MADRE DE LOS DOLORES...

¡Ah! No desamparéis en aquel terrible trance a mi alma afligida y combatida por todos sus enemigos

¡Oh Madre del dolor y del sufrimiento! ¡Reina de los mártires! Vos habéis llorado con lágrimas amargas la muerte de vuestro Hijo inmolado por mi salvación; pero ¿de qué me servirán vuestras lagrimas si tengo la desgracia de condenarme? Por los méritos de vuestros dolores, os suplico que os dignéis alcanzarme un verdadero arrepentimiento de mis pecados, un completo cambio de vida y una tierna compasión por los sufrimientos de vuestro Divino Hijo y de los vuestros. Puesto que Jesús y Vos, aunque inocentes, habéis sufrido por mí, haced que yo, que por mis pecados merezco el infierno, padezca también algo por Vos. ¡Oh Divina Madre mía!, por la aflicción que experimentasteis al ver a vuestro divino Hijo inclinar la cabeza y espirar en la Cruz, os suplico que me concedáis una buena muerte. ¡Ah! No desamparéis en aquel terrible trance a mi alma afligida y combatida por todos sus enemigos. Por si no puedo entonces invocar los dulces nombres de Jesús y de María, los invoco desde ahora y os ruego, ¡oh santo objeto de mi esperanza!, que me socorráis en mis últimos momentos. Amén.

San Alfonso María de Ligorio