Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores.

“Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie quien haga un acto de reparación para sacárselas”

miércoles, 12 de agosto de 2015

LA MADRE...


Sólo un hijo ha podido crear a su gusto a la madre de la cual nacería, perfercionarla constantemente a fin de amarla siempre más, sin limitación a la generosidad y a la alegría de su amor. Ese hijo es Jesús, el Verbo Encarnado, el Dios que depositó toda su complacencia en María, mucho antes de llamarla a la vida terrena. La mera previsión de la parte que Ella le correspondía en la Encarnación la unía íntimamente a Él. Y para resguardarse a sí mismo en su humanidad de la ofensa del pecado, la purificó anticipadamente de la mancha original y la revistió de una pureza inmaculada.

P Marie-Joseph Ollivier, OP




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