Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores.

“Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie quien haga un acto de reparación para sacárselas”

sábado, 22 de agosto de 2015

EL CORAZÓN DE MARÍA

Cobijad en Vos la Santa Iglesia; guardadla y sed siempre su dulce asilo y su torre inexpugnable contra todos los ataques de sus enemigos

¡Oh Corazón de María, Madre de Dios y Madre Nuestra!; Corazón amabalísimo, objeto de las complacencias de la adorable Trinidad y digno de toda veneración; Corazón el más semejante al de Jesús, del cual sois la más perfecta imagen; Corazón lleno de bondad y tan compasivo con nuestras miserias, dignaos romper el hielo de nuestros corazones y haced que se vuelvan enteramente al del Divino Salvador. Infundid en ellos el amor de vuestras virtudes; inflamadlos en aquel bendito fuego en que ardéis continuamente. Cobijad en Vos la Santa Iglesia; guardadla y sed siempre su dulce asilo y su torre inexpugnable contra todos los ataques de sus enemigos. Sed nuestro camino para ir hacia Jesús, y el canal por donde recibimos todas las gracias necesarias para salvarnos. Sed nuestro auxilio en las necesidades, nuestro alivio en las aflicciones, nuestro aliento en las tentaciones, nuestro refugio en las persecuciones, nuestra ayuda en todos los peligros, pero especialmente en el último combate de nuestra vida, en la hora de la muerte, cuando todo el infierno se desencadenará contra nosotros, para arrebatar nuestra alma, en aquel formidable momento, en aquel trance terrible, del cual depende nuestra eternidad. ¡Ah!, entonces, ¡oh Virgen Piadosísima!, haced que sintamos la dulzura de Vuestro Corazón Maternal y la fuerza de Vuestro poder ante Jesús, abriendo en la fuente misma de la Misericordia un seguro refugio, desde donde podamos llegar a bendecirle, con Vos en el Paraíso, por todos los siglos de los siglos. Así sea.



Indulgencia de quinientos días.
Indulgencia plenaria, en las condiciones de costumbre, si se reza devotamente esta oración, durante un mes entero, todos los días. (S.C. de Indulg., 18 agost. 1807 y 1 febr. 1816; S. Pen. Ap., 15 sept. 1934)

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