Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores.

“Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie quien haga un acto de reparación para sacárselas”

jueves, 16 de julio de 2015

NUESTRA MADRE DEL CARMEN

Virgen del Carmen de La Villa de La Orotava (Tenerife)
La devoción a la Virgen del Carmen es también un fuerte llamamiento a la vida interior, que es de modo especialísimo la vida de María. La Virgen nos quiere semejantes a Ella, mucho más en el corazón y en el espíritu que en el hábito exterior. Si penetramos en el alma de María, vemos que la gracia floreció en Ella en una riqueza inmensa de vida interior; vida de recogimiento, de oración, de ininterrumpida entrega a Dios, de contacto continuo y de unión íntima con Él. El alma de María era un santuario reservado a solo Dios, donde ninguna criatura imprimió jamás su huella, donde reinaba el amor y el celo por la gloria de Dios y por la salvación de los hombres.

Los que quieren vivir plenamente la devoción a la Virgen del Carmen deben seguir a María en la profundidad de la vida interior. El Carmelo es el símbolo de la vida interior. El Carmelo es el símbolo de la vida contemplativa, vida dedicada por entero a la búsqueda de Dios, toda ella proyectada hacía la intimidad divina; y quien mejor realiza este ideal altísimo es, ni más ni menos, la Virgen, Regína decor Carmeli. “En el desierto residirá la equidad, y la justicia en el Carmelo morará. La obra de la justicia el silencio y la seguridad para siempre. Así mi pueblo morará en mansión de paz, en moradas seguras y en apacibles lugares de reposo”. Estos versos, tomados de Isaías (32, 16-18) y reproducidos en el Oficio propio de la Virgen del Carmen, dibujan muy bien el espíritu contemplativo y son al mismo tiempo un hermoso retrato del alma de María, verdadero jardín (Carmelo en hebreo significa jardín) de virtudes, oasis de silencio y de paz, en que reina la justicia y la equidad, oasis de seguridad, cubierto todo él por la sombra de Dios, lleno de Dios. Toda alma de vida interior, aun viviendo en medio del ruido del mundo, ha de esforzarse por llegar a esta paz, a este silencio con Dios. Son las pasiones y los apegos los que hacen ruido dentro de nosotros, los que turban la paz de nuestro espíritu e interrumpen el trato íntimo en el Señor. Sólo el alma completamente desasida y que domina enteramente sus pasiones podrá, como María, ser un jardín solitario, silencioso, donde el Señor encuentre sus delicias. Es esta la gracia que debamos hoy pedir a la Virgen, eligiéndola por patrona y maestra de nuestra vida interior.


¡Oh María, hermosura del Carmelo! Hazme digno de tu protección, revísteme de tu vestido, sé la maestra de mi vida interior


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