Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores.

“Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie quien haga un acto de reparación para sacárselas”

miércoles, 29 de julio de 2015

PRODIGIOS DEL SANTO ESCAPULARIO DEL CARMEN

SE REDUCE UN OBSTINADO A CONFESARSE LUEGO QUE VISTE EL SANTO ESCAPULARIO

Besando tu Santo Escapulario, besamos tu sacramental, signo expresivo de nuestra total consagración a tu Inmaculado Corazón
Había un opulento comerciante (dice Fr. Juan Bonet), que engolfado todo en sus lucros y ganancias ilícitas, con el afán y solicitud de aquéllos a quien el deseo de aumentarlas trae siempre inquietos, el temor a perderlas, desvelado, y el dolor de dejarlas, taciturnos y macilentos; uno de éstos que por aumentar sus intereses andan noche y día molidos y fatigados, mas, tan ciegamente divertidos, que todo cuanto no sea esto no es para ellos descanso, pues no lo tienen por medro. Este infeliz, esclavo del oro y de la usura, arrastraba una vida misérrima. Y como la salud corporal es delgado y sutil viento que con facilidad se torna o se muda, nave que, cuando más próspera navega, tropieza en el escollo de una mortal enfermedad, enfermó el infeliz corporalmente, mas fue para recobrar la salud del espíritu. Fue creciendo su enfermedad hasta ponerle en tal situación en que aun el más distraído y necio solicita el morir como un buen cristiano. Pero no lo fue así en nuestro hombre, pues con la dolencia creció en él la obstinación, siendo su corazón cual roca granítica contra la que se estrellaron todas las persuasiones y amonestaciones.

Cierto día, su amante esposa, mujer piadosísima, advirtiendo tan cercana su muerte como viva y pertinaz su obstinación, acariciando sus durezas con palabras por demás suaves y amorosas le dijo: "¿No te he de deber siquiera que vistas el Santo Escapulario de la Virgen, en el que yo tengo tanta fe, a fin de que la Santísima Virgen te conceda la salud?" A lo cual le respondió malhumorado el infeliz: "Todo cuanto no sea el confesarme ya sabes que te lo concedo. La piadosa mujer, que era devotísima de la Santísima Virgen, y que llevaba con sumo fervor su Santo Escapulario desde muy niña, viendo un rayo de luz y de esperanza en tal condescendencia, envió sin tardanza a buscar a un Padre Carmelita para que viniese a imponérselo y explicarle los privilegios vinculados a él por la Santísima Virgen. Al punto que lo recibió y sintió sobre su pecho su amorosa caricia, lo besó con suma ternura y respeto y al punto comenzó a decir, entre humilde, confuso y contrito: "Confesión, padre mío, deseo que me absolváis".

¡Oh, mutación extraña y prodigiosa, ella misma nos dice que no pudo ni puede proceder sino de la diestra amorosa del Excelso!

Hizo una ferviente confesión; recibió con grandes muestras de piedad los últimos Sacramentos, y el tiempo que le restó de vida lo empleó en fervorosos actos de amor a Dios y en ordenar cuanto se debía restituir de todo lo mal habido o adquirido durante su vida de comerciante, dando ejemplo, como Zaqueo, de generosidad y de grandeza de alma.

Se conmovió con la novedad todo el pueblo, y fueron innumerables los que asistieron a su sepelio, así de la ciudad como de los pueblos circunvecinos. Al entrar el féretro en la iglesia, como era costumbre en los pasados siglos, se oyó de súbito un horrísono y espantoso trueno, que dejó a todos los circunstantes atemorizados y confusos, al par que unas voces lastimeras y pavorosas repetían de vez en cuando, por los aires: "¡Oh, Escapulario del Carmen, cuántas almas nos arrebatas y de cuantos moradores privas al infierno!" ¡Ah, infernales furias, gemid oprimidas por tan santo yugo; publique, aunque violenta, vuestra infernal soberbia que su virtud os abate y refrena vuestro orgullo, para gloria de la Virgen Santísima, nuestra dulce Madre, que así favorece a sus devotos hijos!

Milagros y Prodigios del Santo Escapulario del Carmen
por el P. Fr. Juan Fernández Martín, O.C.D.


Sí; Virgen amada del Carmen: nosotros queremos ver en tu Escapulario, memorial tuyo, un espejo de humildad y castidad. Virtudes que, como preciosas joyas, tanto aman y tan fielmente guardan y cultivan quienes, por tu Santo Escapulario, se consagran y reconocen hijos tuyos.





jueves, 23 de julio de 2015

¡OH MADRE BENDITA!

"La devoción del ESCAPULARIO DEL CARMEN ha hecho descender sobre el mundo una copiosa lluvia de gracias espirituales y temporales" (Pío XII el 6/8/1950)

¡Oh Virgen Bendita! ¿Quién es el que, habiéndote invocado en sus necesidades no ha recibido tu auxilio? Nosotros, tus humildes siervos, nos gozamos contigo por todas tus obras y virtudes, pero por tu misericordia nos regocijamos en nosotros mismo. Alabamos la virginidad, admiramos la humildad, mas para quien es miserable la misericordia tiene un sabor bastante más dulce. Abrazamos la misericordia con mayor ternura, la recordamos más frecuentemente, la invocamos más veces. En efecto, justamente tu misericordia ha obtenido la redención del mundo, ha impetrado con sus oraciones la salvación de todos los hombres.

Así, pues, ¿quién podrá, ¡oh Madre bendita!, medir la largura y la anchura, la altura y la profundidad de tu misericordia? Su largura llega hasta el fin de los tiempos para  auxiliar a todos cuantos te invocan; su anchura envuelve al mundo entero, de modo que toda la tierra está llena de tu bondad. La altura de tu misericordia ha abierto las puertas de la ciudad celestial y su profundidad ha obtenido la redención de los que moran en las tinieblas y en las sombras de la muerte. Por Ti, ¡oh María!, se llena el cielo, el infierno se vacía, vuelven el recto camino los que se han extraviado. Así tu caridad poderosísima y piadosísima se derrama sobre nosotros con amor compasivo y auxiliador a un mismo tiempo

San Bernardo



sábado, 18 de julio de 2015

LAS PROMESAS DE LA SANTÍSIMA VIRGEN DEL CARMEN

"Con él estoy en la  tribulacióon, lo libraré", nos dice el Señor en el salmo 90. Salvación en los peligros, nos da nuestra amante Madre en su Santo Escapulario. Sea nuestro grito en todo apurado trance: ¡Virgen del Carmen, sálvanos!

1. Asistiré a la hora de la muerte a quienes lleven con fe y devoción mi Escapulario, medalla o imagen.

2. Si se portan para conmigo como hijos cariñosos, yo me portaré con ustedes como Madre amabilísima.

3. Bendeciré las casas donde mi imagen sea honrada, y donde me recen cada día alguna oración.

4. Si se esfuerzan por alejar el pecado de su vida, yo me esforzaré por alejarles las desgracias y las  calamidades.

5. Si quieren tener felicidad y santidad, hagan lo que Jesús les dice. O sea, lean el evangelio y traten de practicar lo que allí les recomienda Nuestro Señor. Si así lo hacen, yo rogaré por ustedes ahora y en la hora de su muerte.


Elías en el Carmelo, como Jesús en Getsemaní. Humildad, sacrificio, oración sencilla, confiada, perseverante. Así se consigue la redención humana. Doblemos nuestras rodillas, humillemos nuestro orgullo. Oremos con Jesús, con María, con Elías


jueves, 16 de julio de 2015

NUESTRA MADRE DEL CARMEN

Virgen del Carmen de La Villa de La Orotava (Tenerife)
La devoción a la Virgen del Carmen es también un fuerte llamamiento a la vida interior, que es de modo especialísimo la vida de María. La Virgen nos quiere semejantes a Ella, mucho más en el corazón y en el espíritu que en el hábito exterior. Si penetramos en el alma de María, vemos que la gracia floreció en Ella en una riqueza inmensa de vida interior; vida de recogimiento, de oración, de ininterrumpida entrega a Dios, de contacto continuo y de unión íntima con Él. El alma de María era un santuario reservado a solo Dios, donde ninguna criatura imprimió jamás su huella, donde reinaba el amor y el celo por la gloria de Dios y por la salvación de los hombres.

Los que quieren vivir plenamente la devoción a la Virgen del Carmen deben seguir a María en la profundidad de la vida interior. El Carmelo es el símbolo de la vida interior. El Carmelo es el símbolo de la vida contemplativa, vida dedicada por entero a la búsqueda de Dios, toda ella proyectada hacía la intimidad divina; y quien mejor realiza este ideal altísimo es, ni más ni menos, la Virgen, Regína decor Carmeli. “En el desierto residirá la equidad, y la justicia en el Carmelo morará. La obra de la justicia el silencio y la seguridad para siempre. Así mi pueblo morará en mansión de paz, en moradas seguras y en apacibles lugares de reposo”. Estos versos, tomados de Isaías (32, 16-18) y reproducidos en el Oficio propio de la Virgen del Carmen, dibujan muy bien el espíritu contemplativo y son al mismo tiempo un hermoso retrato del alma de María, verdadero jardín (Carmelo en hebreo significa jardín) de virtudes, oasis de silencio y de paz, en que reina la justicia y la equidad, oasis de seguridad, cubierto todo él por la sombra de Dios, lleno de Dios. Toda alma de vida interior, aun viviendo en medio del ruido del mundo, ha de esforzarse por llegar a esta paz, a este silencio con Dios. Son las pasiones y los apegos los que hacen ruido dentro de nosotros, los que turban la paz de nuestro espíritu e interrumpen el trato íntimo en el Señor. Sólo el alma completamente desasida y que domina enteramente sus pasiones podrá, como María, ser un jardín solitario, silencioso, donde el Señor encuentre sus delicias. Es esta la gracia que debamos hoy pedir a la Virgen, eligiéndola por patrona y maestra de nuestra vida interior.


¡Oh María, hermosura del Carmelo! Hazme digno de tu protección, revísteme de tu vestido, sé la maestra de mi vida interior


domingo, 12 de julio de 2015

PRODIGIOS DEL SANTO ESCAPULARIO DEL CARMEN

PONE DOS VECES EN ACELERADA FUGA UN PEQUEÑO NÚMERO DE CRISTIANOS A UN PODEROSO EJÉRCITO DE TURCOS, POR EL PODER CELESTIAL VINCULADO AL SANTO ESCAPULARIO DEL CARMEN


El Rvdo. P. Mtro. Fr. Juan Bonet nos refiere que siendo Gobernador de Calabria el Gran Mestre de la Orden Militar de San Juan, Hurruitiner, aragonés de nacimiento y fervoroso devoto de la Virgen del Carmen, amaneció una mañana en el puerto y las playas de esta bella ciudad la armada turca, a las órdenes del General Zigala, quien desembarcó setenta mil hombres, intentando adueñarse por sorpresa de la plaza, ya que cogía del todo desprevenido a los defensores. Mas el Gobernador, hombre de fe, animoso y decidido como todos los maños, alentaba a sus huestes que, inferiores infinitamente en número, pues (sólo había podido reunir, entre infantes y de caballería, unos mil doscientos), se hallaban indecisos entre dar o rehusar el combate, puesto que ya se habían adueñado de muchos pertrechos así como de las principales posiciones. No obstante ser tanto en número, no desmayaba el ánimo del valiente capitán y enardecía a sus aguerridas huestes haciéndoles ver que lograrían infaliblemente el triunfo. Como alguno lo tomase a burla o a chanza, y uno de sus capitanes, tomando la palabra en nombre de todos, le dijese que: "¿Con qué armas y hombres hemos de resistir a setenta mil enemigos que nos cercan?", el piadoso y valeroso Hurruitiner, sacando su Escapulario del pecho, se les mostró elevándolo en sus manos y les dijo: "Este es la verdadera esperanza de nuestra indefectible victoria." Lanzados decididos al combate y saliendo él al frente de sus huestes el primero, le siguieron todos sin vacilar y arremetiendo con una fe ciega contra aquel ejército tan numeroso, no sólo lo diezmaron y arrollaron con su ímpetu incontenible, sino que le pusieron en precipitada y desesperada fuga. Los que escapaban a tan espantosa mortandad, se contentaban sólo con defenderse para saltar a sus naves y hacerse a la mar lo más pronto posible. Murieron en tal refriega un sin fin de infieles, sin que por parte de nuestros soldados hubiera que lamentar ni una sola baja.

Zigala, irritado, viendo frustrada su guerrera expedición, rehízo como pudo sus maltrechas huestes, decidiendo dar un asalto a la ciudad de Blanco, pero avisado Hurruitiner por los espías que observaban de cerca el rumbo de su flota, salió de nuevo contra ellos.

Dispuestas las huestes de don Jerónimo, marcharon aceleradamente al lugar que de antemano se les indicara, a fin de impedir el desembarco; mas por pronto que llegaron, ya los turcos habían ganado la orilla, aunque no estaban aún dispuestos ni aparejados para el combate. Alienta entones Hurruitiner a su gente e irrumpe con tal ímpetu sobre las huestes enemigas, que rompiendo el cerco se entró en la ciudad, sin que pereciera de los suyos ni un solo hombre. Ya dentro de la ciudad de Blanco, tomaron las tropas un leve refrigerio y, alentados con los pasados prodigios, salieron con buen orden de la ciudad, dispuestos a dar la batalla decisiva a los turcos y cayendo por segunda vez sobre éstos, les hicieron tal mortandad que los más emprendieron precipitadamente la fuga hacia sus embarcaciones, a fin de hacerse a la mar, sin pensar en nuevas y desastrosas aventuras como la pasada, sirviendo sólo de ocasión todos estos lances para que admiremos que el Santo Escapulario es inexpugnable escudo con el que la Santísima Virgen quiere sacarnos siempre indemnes e ilesos del poder de nuestros adversarios, a fin de que, constantemente, le demos la más rendidas y fervientes acciones de gracias por sus inenarrables bondades.

Milagros y Prodigios del Santo Escapulario del Carmen
por el P. Fr. Juan Fernández Martín, O.C.D.



sábado, 4 de julio de 2015

ORACIÓN A LA BEATÍSIMA VIRGEN DEL MONTE CARMELO

No permitáis, Señora mía, que el león rugiente asuste mi espíritu en el camino de la perfección
¡Oh piadosísima Virgen! Vos, que nueve siglos antes de existir fuisteis vista en profecía por el siervo de Dios nuestro Padre San Elías, y venerada por sus hijos allá en el Carmelo... Vos, que en carne mortal os dignasteis visitarles y les dispensasteis celestiales consuelos... Vos, que vigiláis siempre por la virtuosa familia que tuvo por Superior a vuestro estimado hijo San Simón Stock, por Padres y reformadores a la Seráfica Virgen y mística Doctora Santa Teresa de Jesús y al esclarecido y extático San Juan de la Cruz, así como por una de sus dignísimas hijas a la ejemplar Esposa de Jesucristo Santa María Magdalena de Pazzis, vuestra devotísima sierva... Vos, que engalanasteis a dicha Orden con la estimable prenda del Santo Escapulario.., y, en fin, Vos, que de tantas maneras habéis demostrado vuestro cariñoso amor a los carmelitas y sus allegados, recibid benévola mi corazón ardiente de fervoroso entusiasmo hacia la más pura de las criaturas y la más candorosa de las madres. No permitáis, Señora, que el león rugiente asuste mi espíritu en el camino de la perfección, y haced que logre arribar a salvamento en la gloria, como lo habéis alcanzado de vuestro Divino Jesús para los que, invocándoos con fe e imitando vuestras virtudes, murieron píamente con vuestra enseña. Amén.




miércoles, 1 de julio de 2015

PRODIGIOS DEL SANTO ESCAPULARIO DEL CARMEN

DEFIENDE NUESTRA MADRE DEL CARMEN UNA CIUDAD AMENAZADA POR LOS HEREJES

Virgen del Carmen, Almería
El venerable P. Fr. Juan de Lezana nos dice que, habiendo las huestes luteranas destruido sin gran resistencia varias ciudades católicas, llegaron cierto día muy cerca de Geldría, y sabiendo por un soldado desertor o tránsfuga que se hallaba mal defendida y poco pertrechada, hacia ella encaminaron sus depravados designios. Cautelosamente se acercaron a media noche a los muros de la ciudad, rodeándola y cercándola por doquier, para que, al despuntar la aurora, les cogiese desprevenidos y lanzarse inesperadamente al asalto, si es que no lograban escalarla y pasarla a cuchillo durante la noche. Mas no era tan cerrada y oscura la noche que los centinelas de las murallas no divisaran en la penumbra algo extraño y percibieran el murmullo quedo de sus pisadas. Dieron aviso al punto al Gobernador y éste, convocando a toda prisa a su estado mayor y consejeros, después de oírles, se dio cuenta de que era imposible toda defensa natural, por lo cual se acogió al patrocinio y protección de la Virgen del Carmen, ordenando a todos se trasladasen con él a su templo para invocarla con fe y confianza. En efecto, al llegar se encontraron a la Virgen en su trono (pues había salido en procesión la tarde antes) y como propicia a repartir mercedes. Entonces el Gobernador, en nombre de todos, postrado de hinojos a sus plantas, la hizo una fervorosa súplica, entregándole las llaves de la ciudad, y entre lágrimas y suspiros la dijo: "Oh María, amparo y salvación del pueblo cristiano, socorre en este peligro a tu pueblo de Geldria".

Apenas pronunciadas estas palabras y mientras se rezaba el Trisagio para aplacar a la Divina Justicia por las ofensas que se le hubiesen inferido, la omnipotencia suplicante de María Santísima desencadenó todos los elementos y horrísonos truenos y trombas de agua y vientos huracanados se desataron contra los enemigos de la fe, que aun a los que favorecía la Santísima Virgen llenaban de espanto. Y no siendo bastante para que se retirasen los enemigos, tomando forma visible la Santísima Virgen se mostró a sus ojos espantados, capitaneando un formidable ejército, manifestándose a sus ojos tan airados que corrieron en precipitada fuga. Dejaron el campo lleno de víveres y municiones y al verse libres los sitiados, corrieron a dar gracias a la Virgen del Carmen por tan señalado favor, sacándola en procesión y dedicándole una fiesta anual, que se celebraba con fervor delirante.


REFLEXIÓN GRATULATORIA

¡Oh Capitana invicta de los ejércitos de Dios, cuyo primer paso en la tierra fue un glorioso triunfo sobre el príncipe del mal! No son estos solos los victoriosos triunfos que vuestra piedad ha dado por vuestro bendito Escapulario a sus devotos: sólo es poner al referirlos un incentivo a la devoción de vuestros cofrades fervorosos, a fin de que os invoquen en toda suerte de peligros semejantes, y para que fervorosa crezca en vuestras glorias y alabanzas la piedad de los fieles. Amén.