Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores.

“Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie quien haga un acto de reparación para sacárselas”

domingo, 31 de mayo de 2015

SANTA MARÍA REINA

Beáta es, Virgo María, quae sub cruce Dómini sustinuísti. Nunc cum eo regnas in aetérnum

El pueblo cristiano, con su instinto certero, ha reconocido siempre la dignidad real de la Madre del “Rey de reyes y Señor de los señores”. Padres, Doctores y Papas se han hecho a lo largo de los siglos sus intérpretes autorizados y el triunfal testimonio de esta universal creencia brilla en los esplendores del arte y en la clara catequesis de la liturgia. Por su parte, los Teólogos han demostrado con éxito cuán acreedora es la Madre de Dios al Título de Reina, por su íntima asociación a la obra redentora de su Hijo y por su misión de mediadora de todas las gracias.

Respondiendo al deseo unánime de los fieles y de los pastores, Su Santidad Pío XII, con su encíclica del 11 de octubre de 1954, instituyó la fiesta de María Reina, aprobando así el culto que en su corazón rendían ya todos a la Soberana Reina de cielos y tierra.


ORACIÓN

Concédenos, Señor, que quienes celebramos la solemnidad de la Bienaventurada Virgen María, Reina nuestra, merezcamos con su apoyo conseguir la paz en esta vida y la gloria en la otra. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén


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