Y esa lágrima parece decir; ¡oh Madre mía! Decid qué deseáis; todo lo mío es también vuestro ¿Esta concedido; Jesús ha sido ganado! ¡Ha sido tocado en su punto flaco! Ahora pide; lo obtendrás todo, absolutamente todo lo que sea conforme a la gloria de Dios y no perjudique a tu salvación. ¿No es consoladora y confortante esa certeza de ser oído y esa seguridad de poder decir; yo puedo alcanzarlo todo de mi Divino Salvador y Él no me puede negar nada? Pruébalo, y experimentarás que no es ficción piadosa sino dulce realidad. En las penas, en las tentaciones, ve a Jesús con esta simple expresión: "Jesús, aquí tenéis a vuestra Madre!

domingo, 31 de mayo de 2015

SANTA MARÍA REINA

Beáta es, Virgo María, quae sub cruce Dómini sustinuísti. Nunc cum eo regnas in aetérnum

El pueblo cristiano, con su instinto certero, ha reconocido siempre la dignidad real de la Madre del “Rey de reyes y Señor de los señores”. Padres, Doctores y Papas se han hecho a lo largo de los siglos sus intérpretes autorizados y el triunfal testimonio de esta universal creencia brilla en los esplendores del arte y en la clara catequesis de la liturgia. Por su parte, los Teólogos han demostrado con éxito cuán acreedora es la Madre de Dios al Título de Reina, por su íntima asociación a la obra redentora de su Hijo y por su misión de mediadora de todas las gracias.

Respondiendo al deseo unánime de los fieles y de los pastores, Su Santidad Pío XII, con su encíclica del 11 de octubre de 1954, instituyó la fiesta de María Reina, aprobando así el culto que en su corazón rendían ya todos a la Soberana Reina de cielos y tierra.


ORACIÓN

Concédenos, Señor, que quienes celebramos la solemnidad de la Bienaventurada Virgen María, Reina nuestra, merezcamos con su apoyo conseguir la paz en esta vida y la gloria en la otra. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén


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