Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores.

“Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie quien haga un acto de reparación para sacárselas”

lunes, 30 de marzo de 2015

AVEMARÍA DOLOROSA


Dios te salve, María, llena eres de dolores; Jesús crucificado está contigo; digna eres de llorada y compadecida entre todas las mujeres, y digno es de ser llorado y compadecido Jesús, fruto bendito de tu vientre.

Santa María, Madre del Crucificado, da lágrimas a nosotros crucificadores de tu Hijo, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.




sábado, 28 de marzo de 2015

PLEGARIA A LA VIRGEN DE LOS DOLORES


Dame tu mano, María, la de las tocas moradas; clávame tus siete espadas en esta carne baldía.

Quiero ir contigo en la impía tarde negra y amarilla.

Aquí, en mi torpe mejilla, quiero ver si se retrata esa lividez de plata, esa lágrima que brilla.

¿Dónde está ya el mediodía luminoso en que Gabriel, desde el marco del dintel, te saludó: "Ave, María"? Virgen ya de la agonía, tu Hijo es el que cruza ahí.

Déjame hacer junto a ti este augusto itinerario.

Para ir al monte Calvario cítame en Getsemaní.

A ti doncella graciosa, hoy maestra de dolores, playa de los pecadores, nido en que el alma reposa, a ti te ofrezco, pulcra rosa, las jornadas de esta vía.

A ti, Madre, a quién quería cumplir mi humilde promesa.

A ti, celestial princesa, Virgen sagrada María. Amén.



viernes, 27 de marzo de 2015

LOS DOLORES DE MARÍA

Acógeme, ¡oh María!, junto a la Cruz, para vivir en unión contigo la Pasión de tu Hijo
La primera declaración explicita de la parte que María Santísima había de tener en la Pasión de Jesús, la encontramos en la profecía del viejo Simeón: “una espada atravesará tu alma” (Lc. 2, 35); profecía que se realizó plenamente en el calvario. “Sí, ¡oh Madre bienaventurada! –comenta San Bernardo-; verdaderamente una espada ha traspasado tu alma. Porque solamente pasando por tu alma pudo llegar a la carne de tu Hijo. Cuando después de haber entregado Jesús su espíritu. La lanza cruel abrió su costado, ciertamente, aquella lanza no llegó a su alma, pero traspasó la tuya; porque el alma de Jesús ya no estaba allí, pero la tuya no podía separarse de Él. Interpretación hermosísima que expresa cómo María, en cuanto Madre, fue asociada íntimamente a la Pasión del Hijo.

El Evangelio no nos dice si María estuvo presente en los momentos gloriosos de la vida de Jesús, pero sí nos la describe presente en el calvario: “Estaban junto a la cruz de Jesús su Madre… y María, la de Cleofás, y María Magdalena” (Jn. 19, 25). Nadie pudo impedirle que fuese al lugar donde su Hijo había de ser ajusticiado; su amor la dio energías para estar allí, derecha, de pie junto a la cruz; para asistir a la dolorosísima agonía y muerte de aquel a quién amaba sobre todas las cosas, pues era al mismo tiempo su Hijo y su Dios. Del mismo modo que un día acepto ser su Madre, así ahora acepta que una muerte cruel se lo arranque de sus manos.

Y no sólo acepta, sino que ofrece. Jesús había ido espontáneamente a la Pasión, y María ofrece voluntariamente su Hijo para gloria de la Santísima Trinidad y salvación de los hombres. El sacrificio de Jesús es por eso al mismo tiempo el sacrificio de María, no solamente porque María ofrece con Jesús y en Jesús a su Hijo, sino porque con este ofrecimiento la Virgen realiza el holocausto más completo que pueda hacer de sí misma, pues ofrece a Jesús que es el centro de todos sus afectos, de toda su vida. El mismo Dios, que le había dado aquel Hijo Divino, ahora se lo pide sobre el calvario, y María se lo ofrece con todo el amor de su corazón, con la más entera conformidad a la Voluntad Divina.



¡Oh María, Madre Santa de Jesús Crucificado! Cuéntame alguna cosa de su Pasión, porque, entre todos los que estuvieron presentes fuiste Tú quién más la sintió, y quién mejor la vio, porque la mirabas con los ojos del cuerpo y de la mente, porque la considerabas con toda atención, pues nadie amaba más que Tú a Jesús (Beata Ángela de Foligno)

¡Oh María! Déjame estar contigo junto a la cruz; déjame contemplar a tu lado la Pasión de tu Jesús; déjame tomar parte en tu dolor, en tu llanto. ¡Oh Madre Santa! Imprime profundamente en mi corazón la llagas del Crucificado, déjame sufrir con Él, asociándome a vuestro padecer, al de Jesús y al tuyo” (Stabat Mater)






miércoles, 25 de marzo de 2015

ECCE ANCILLA DÓMINI

¡Oh María, mi dulcísimo amor! Tú abriste a la Divinidad eterna la puerta de tu voluntad, y entonces inmediatamente el Verbo se encarnó en ti
¡Oh María! ¿Fue el miedo lo que te turbó cuando oíste las palabras del Ángel? No, más que miedo fue admiración lo que significaba tu estremecimiento. ¿Qué era entonces lo que Tú admirabas y lo que te sobrecogía? La bondad inmensa de Dios, cuando al mirarte a ti misma, te veías indigna de tan grande gracia. Era el considerar tu dignidad y flaqueza por una parte, y la gracia inefable que Dios te hacía por otra, lo que te sumió en aquella admiración y estupor…; por eso apareciste tan profundamente humilde. Una vez más Dios respetó en ti, ¡oh María!, la dignidad y la libertad del hombre, pues quiso pedirte por medio del Ángel tu consentimiento, antes de que el Verbo se encarnase. Y el Hijo de Dios descendió a tu seno cuando Tú consentiste. El esperaba a la puerta de tu voluntad, para que Tú le abrieses y pudiese entrar en ti; jamás habría entrado si no la hubieses abierto, diciendo: “He aquí a la sierva del Señor, hágase en mí según tu palabra…”

¡Oh María, mi dulcísimo amor! Tú abriste a la Divinidad eterna la puerta de tu voluntad, y entonces inmediatamente el Verbo se encarnó en ti. Con esto me enseñas que Dios, que me creó sin mí, no me salvará sin mí… El llama a la puerta de mi voluntad y espera a que yo le abra… (Santa Catalina de Sena)


¡Oh María! Por el inefable misterio que se ha obrado hoy en ti, te pido que me enseñes y me ayudes a abrir de par en par la puerta de mi alma a cualquier llamada divina, a cualquier insinuación de la gracia; que ante cualquier manifestación de la voluntad divina yo repita siempre contigo mi humilde y sincero: Ecce, fiat!



domingo, 22 de marzo de 2015

¿A QUIÉN ACUDIRÉ YO EN MIS NECESIDADES?

Ofrece a nuestro Divino Salvador lo que Él sufrió en la Cruz para que su recuerdo le mueva a compadecerse de mí, pecador
¡Santísima y muy afligida Madre, Virgen de los Dolores y Reina de los Mártires! Estuviste de pie, inmóvil, bajo la Cruz, mientras moría tu Hijo.

Por la espada de dolor que te traspasó entonces, por el incesante sufrimiento de tu vida dolorosa y el gozo con que ahora eres recompensada de tus pruebas y aflicción, mírame con ternura Madre, ten compasión de mí que vengo a tu presencia para venerar tus Dolores. Deposito mi petición con infantil confianza en el santuario de tu Corazón herido.

Te suplico que presentes a Jesucristo, en unión con los méritos infinitos de su Pasión y Muerte, lo que sufriste junto a la Cruz, y por vuestros méritos me sea concedida esta petición (Mencione el favor que desea).

¿A quién acudiré yo en mis necesidades y sufrimientos sino a Ti, Madre de misericordia? Tan hondo bebiste del cáliz de tu Hijo que puedes compadecerte de los sufrimientos de quienes están todavía en este valle de lágrimas.

Ofrece a nuestro Divino Salvador lo que Él sufrió en la Cruz para que su recuerdo le mueva a compadecerse de mí, pecador. Refugio de pecadores y Esperanza de la humanidad, acepta mi petición y escúchala favorablemente, si es conforme a la voluntad de Dios.


Señor Jesucristo, te ofrezco los méritos de María, Madre tuya y nuestra, que ganó bajo la Cruz. Por su amable intercesión pueda yo obtener los deliciosos frutos de tu Pasión y Muerte.



sábado, 14 de marzo de 2015

POR NUESTROS HERMANOS PERSEGUIDOS

Nuestra Señora de Soufanieh
(Siria)

Dios nuestro, que en tu misteriosa providencia has querido asociar tu Iglesia a los sufrimientos de tu Hijo, concede a los fieles que sufren persecución a causa de tu nombre, el don de la paciencia y de la caridad, para que puedan dar testimonio fiel y creíble de tus promesas. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén

Madre y Señora Nuestra intercede especialmente ante tu querido Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, por todos los cristianos perseguidos que ponemos en tus manos maternales. Que el mismo Jesucristo les de fuerzas. Amén