Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores.

“Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie quien haga un acto de reparación para sacárselas”

viernes, 6 de febrero de 2015

ORACIONES A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA PARA CADA UNO DE LOS DÍAS DE LA SEMANA

VIERNES

¡Oh Madre mía!, me siento además, demasiado obligado a vuestro Hijo; veo que merece un amor infinito
¡Oh María! Vos sois la más noble, la más sublime, la más pura, la más bella, y la más santa de todas las criaturas. ¡Oh, si todos os conociesen, Señora mía, y amasen como merecéis! Empero, me consuela el que tantas almas santas en el cielo y justas en la tierra, vivan enamoradas de vuestra bondad y belleza. Y me alegra, sobre todo, el que Dios os ame más que a todos los hombres y a todos los Ángeles juntos. Reina amabilísima, también yo, miserable, pecador, os amo; pero os amo demasiado poco; quiero para Vos un amor más grande y más tierno, y Vos me lo habéis de alcanzar, ya que el amaros es una gran señal de predestinación y una gracia que Dios concede a los que se salvan. ¡Oh Madre mía!, me siento además, demasiado obligado a vuestro Hijo; veo que merece un amor infinito. Vos, que no deseáis otra cosa que verle amado, me habéis de alcanzar la gracia de un grande amor a Jesucristo. Vos, que conseguís de Dios todo cuanto queréis, alcanzadme esta gracia de permanecer de tal manera ligado a la Divina Voluntad, que jamás me aparte de ella. No busco bienes de la tierra, ni honores, ni riquezas; busco lo que más desea vuestro corazón, amar solamente a Dios. ¿Es posible que no queráis ayudarme en este deseo, que tanto os agrada? No, pues me ayudáis ya y rogáis por mí. Rogad, ¡oh María!, y no dejéis de hacerlo hasta que me veáis en el cielo, donde estaré seguro de poseer y amar para siempre a mi Dios juntamente con Vos, Madre mía amantísima. Así sea.

Tres Avemarías en reparación de las blasfemias contra la Santísima Virgen María.



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