Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores.

“Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie quien haga un acto de reparación para sacárselas”

miércoles, 4 de febrero de 2015

ORACIONES A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA PARA CADA UNO DE LOS DÍAS DE LA SEMANA

MIÉRCOLES

¡Oh!, y en cuántos otros delitos no hubiese quizás caído, a causa de los peligros  que se me han presentado, si Vos, ¡oh Madre amorosa!, no me hubieseis preservado con las gracias que me habéis alcanzado
¡Oh Madre de Dios, María Santísima, cuántas veces he merecido el infierno por mis pecados! Tal vez la sentencia por mi primer pecado se hubiera ejecutado, si vuestra piadosa mano no hubiese detenido la Divina Justicia. Y después, venciendo mi dureza, me habéis llamado a tener confianza en Vos. ¡Oh!, y en cuántos otros delitos no hubiese quizás caído, a causa de los peligros  que se me han presentado, si Vos, ¡oh Madre amorosa!, no me hubieseis preservado con las gracias que me habéis alcanzado. ¡Ah, Reina mía! ¿De qué me servirán vuestra misericordia y los favores que me habéis hecho si me condeno? Si un tiempo no os amé, ahora, después de Dios, os amo sobre todas las cosas. ¡Ah!, no me permitáis que vuelva las espaldas a Vos y a Dios, que por mediación vuestra tantas misericordias me ha concedido. ¿Toleraréis ver condenado a un siervo vuestro, que os ama? ¡Oh María! ¿Qué me decís? ¿Me condenaré? Me condenaré, si os abandono. Pero, ¿quién podrá olvidarse del amor que me habéis tenido? No, que no se pierde el que a Vos con fidelidad se encomienda y a Vos acude. ¡Ah!, no me dejéis en mi arbitrio, ¡Madre mía!,  porque me perderé. Haced que siempre acuda a Vos. Salvadme, ¡Esperanza mía!, salvadme del infierno y, ante todo, del pecado, que es lo único que al infierno me puede condenar. Así sea.

Tres Avemarías en reparación de las blasfemias contra la Santísima Virgen María.


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