Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores.

“Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie quien haga un acto de reparación para sacárselas”

miércoles, 18 de febrero de 2015

ORACIONES DE LOS SANTOS A NUESTRA MADRE MARÍA

¡Oh María! Tened piedad de mí

¡Oh divina María, mi única Soberana, y después de Dios mi verdadero consuelo en este mundo! Vos sois el rocío celestial que dulcifica mis amarguras. Vos sois la brillante luz que disipa las tinieblas que rodean a mi alma. Vos sois la guía de mis pasos, la fuerza de mis debilidades, el tesoro en mi pobreza, el bálsamo que cura mis heridas, el consuelo que enjuga mis lágrimas, mi refugio en las miserias, y la esperanza de mi salvación ¡Oh María! Tened piedad de mí, Vos que sois la Madre de Dios, que tanto amas a los hombres, concededme lo que os pido. Vos que sois nuestra defensa y nuestra alegría, haced que yo sea digno de gozar con Vos esa bienaventuranza que gozáis en el cielo. Amén.

San Germán, Patriarca de Constantinopla



miércoles, 11 de febrero de 2015

A LA VIRGEN DE LOURDES POR LOS ENFERMOS

Virgen de Lourdes, ¡rogad por nosotros!
Consuelo de los afligidos, ¡rogad por nosotros!
Salud de los enfermos, ¡rogad por nosotros!

¡Oh amabilísima Virgen de Lourdes, Madre de Dios y Madre nuestra! Llenos de aflicción y con lágrimas fluyendo de los ojos, acudimos en las horas amargas de la enfermedad a vuestro maternal corazón, para pediros que derraméis a manos llenas el tesoro de vuestras misericordias sobre nosotros.

Indignos somos por nuestros pecados de que nos escuchéis: pero acordaos, os diré con vuestro siervo San Bernardo, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a Vos haya sido abandonado de Vos. ¡Madre tierna! ¡Madre bondadosa! ¡Madre dulcísima! Ya que Dios obra por vuestra mano curaciones sin cuento en la Gruta prodigiosa de Lourdes, sanando tantas víctimas del dolor, guardad también una mirada de bendición para nuestro pobre enfermo… Alcanzadle de vuestro Divino Hijo Jesucristo la deseada salud, si ha de ser para mayor gloria de Dios. Pero mucho más alcanzadnos a todos el perdón de nuestros pecados, paciencia y resignación en los sufrimientos y sobre todo un amor grande y eterno a nuestro Dios prisionero por nosotros en los Sagrarios. Amén.

Rezar tres Avemarías



sábado, 7 de febrero de 2015

ORACIONES A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA PARA CADA UNO DE LOS DÍAS DE LA SEMANA

SÁBADO

¡Oh gran Abogada mía, tened compasión de mí! 
¡Oh Madre mía Santísima! Veo las gracias que me habéis obtenido y veo la ingratitud con que os he correspondido. El ingrato ya no es digno de beneficios, mas no por esto quiero desconfiar de vuestra misericordia. ¡Oh gran Abogada mía, tened compasión de mí! Vos sois la dispensadora de todas las gracias que Dios concede a nosotros, miserables; y para este fin os ha hecho tan poderosa, tan rica, tan benigna: para que nos socorráis. Yo quiero salvarme. En vuestras manos pongo la causa de mi salvación; a Vos confío mi alma. Quiero ser inscrito entre vuestros más especiales servidores; no me desechéis. Vos andáis buscando a los miserables para auxiliarles: no abandonéis a un pobre pecador que recurre a Vos. Hablad en mi favor; vuestro Hijo hace todo cuanto le pedís. Tomadme bajo vuestra protección y esto me basta, pues si Vos me protegéis, nada temo. No temo mis pecados porque Vos, según espero, me obtendréis el perdón; no temo los demonios, porque Vos sois más poderosa que todo el infierno; no temo a mi mismo Juez, Jesús, porque, ante una súplica vuestra, se aplacará. Protegedme y alcanzadme, Madre mía, el perdón de todos mis pecados, el amor a Jesús, la santa perseverancia, la buena muerte y, finalmente, el Paraíso. Es cierto que no merezco esta gracia, pero Vos la pediréis por mí al Señor y la obtendréis. Rogad pues, a Jesús por mí. ¡Oh María, Reina mía, en Vos confío!, en esta esperanza descanso y vivo, y con esta esperanza quiero morir. Así sea.

Tres Avemarías en reparación de las blasfemias contra la Santísima Virgen María.



PRIMER SÁBADO DE MES



"Mira, hija mía, mi Corazón cercado de espinas que los hombres ingratos me clavan sin cesar con blasfemias e ingratitudes. Tú, al menos, procura consolarme y di que a todos los que durante cinco meses en el primer sábado se confiesen, reciban la Sagrada Comunión, recen los cinco misterios del Rosario y me hagan compañía durante 15 minutos meditando en los misterios del Rosario con el fin de desagraviarme, les prometo asistir en la hora de la muerte con las gracias necesarias para su salvación"



viernes, 6 de febrero de 2015

ORACIONES A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA PARA CADA UNO DE LOS DÍAS DE LA SEMANA

VIERNES

¡Oh Madre mía!, me siento además, demasiado obligado a vuestro Hijo; veo que merece un amor infinito
¡Oh María! Vos sois la más noble, la más sublime, la más pura, la más bella, y la más santa de todas las criaturas. ¡Oh, si todos os conociesen, Señora mía, y amasen como merecéis! Empero, me consuela el que tantas almas santas en el cielo y justas en la tierra, vivan enamoradas de vuestra bondad y belleza. Y me alegra, sobre todo, el que Dios os ame más que a todos los hombres y a todos los Ángeles juntos. Reina amabilísima, también yo, miserable, pecador, os amo; pero os amo demasiado poco; quiero para Vos un amor más grande y más tierno, y Vos me lo habéis de alcanzar, ya que el amaros es una gran señal de predestinación y una gracia que Dios concede a los que se salvan. ¡Oh Madre mía!, me siento además, demasiado obligado a vuestro Hijo; veo que merece un amor infinito. Vos, que no deseáis otra cosa que verle amado, me habéis de alcanzar la gracia de un grande amor a Jesucristo. Vos, que conseguís de Dios todo cuanto queréis, alcanzadme esta gracia de permanecer de tal manera ligado a la Divina Voluntad, que jamás me aparte de ella. No busco bienes de la tierra, ni honores, ni riquezas; busco lo que más desea vuestro corazón, amar solamente a Dios. ¿Es posible que no queráis ayudarme en este deseo, que tanto os agrada? No, pues me ayudáis ya y rogáis por mí. Rogad, ¡oh María!, y no dejéis de hacerlo hasta que me veáis en el cielo, donde estaré seguro de poseer y amar para siempre a mi Dios juntamente con Vos, Madre mía amantísima. Así sea.

Tres Avemarías en reparación de las blasfemias contra la Santísima Virgen María.



jueves, 5 de febrero de 2015

ORACIONES A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA PARA CADA UNO DE LOS DÍAS DE LA SEMANA

JUEVES

¡Oh María!, mirad en cuantos peligros me encuentro, y me he de encontrar, de perder mi alma, el Paraíso y a Dios, mientras viva en esta tierra

¡Oh Reina del Paraíso, que estáis sentada sobre todos los coros de los Ángeles, la más cercana a Dios! Desde este valle de miserias, yo, miserable pecador, os saludo y os ruego que volváis hacia mí vuestros ojos misericordiosos. ¡Oh María!, mirad en cuantos peligros me encuentro, y me he de encontrar, de perder mi alma, el Paraíso y a Dios, mientras viva en esta tierra. En Vos, Señora, he puesto toda mi esperanza. Os amo, y suspiro por ir pronto a veros y a alabaros en el Paraíso. ¡Ah María! ¿Cuál será el día en que me veré ya salvo a vuestros pies? ¿Cuándo besaré aquella mano que tantas veces me ha librado del infierno y tantas mercedes me ha dispensado? Es cierto, Madre mía, que he sido muy ingrato durante mi vida; pero, si voy al Paraíso, os amaré cuanto pueda por toda la eternidad y, en desquite por mi ingratitud, os bendeciré y os daré gracias, para siempre. Doy gracias a Dios, que me da tal confianza en la Sangre de Jesucristo y en vuestra poderosa intercesión. Esto mismo han esperado vuestros verdaderos devotos, y ninguno ha sido defraudado. Tampoco lo seré yo. ¡Oh María! Rogad a vuestro Hijo, como le ruego también yo, por los méritos de su Pasión, que confirme y acreciente cada día más estas mis esperanzas. Así sea.

 Tres Avemarías en reparación de las blasfemias contra la Santísima Virgen María.



miércoles, 4 de febrero de 2015

ORACIONES A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA PARA CADA UNO DE LOS DÍAS DE LA SEMANA

MIÉRCOLES

¡Oh!, y en cuántos otros delitos no hubiese quizás caído, a causa de los peligros  que se me han presentado, si Vos, ¡oh Madre amorosa!, no me hubieseis preservado con las gracias que me habéis alcanzado
¡Oh Madre de Dios, María Santísima, cuántas veces he merecido el infierno por mis pecados! Tal vez la sentencia por mi primer pecado se hubiera ejecutado, si vuestra piadosa mano no hubiese detenido la Divina Justicia. Y después, venciendo mi dureza, me habéis llamado a tener confianza en Vos. ¡Oh!, y en cuántos otros delitos no hubiese quizás caído, a causa de los peligros  que se me han presentado, si Vos, ¡oh Madre amorosa!, no me hubieseis preservado con las gracias que me habéis alcanzado. ¡Ah, Reina mía! ¿De qué me servirán vuestra misericordia y los favores que me habéis hecho si me condeno? Si un tiempo no os amé, ahora, después de Dios, os amo sobre todas las cosas. ¡Ah!, no me permitáis que vuelva las espaldas a Vos y a Dios, que por mediación vuestra tantas misericordias me ha concedido. ¿Toleraréis ver condenado a un siervo vuestro, que os ama? ¡Oh María! ¿Qué me decís? ¿Me condenaré? Me condenaré, si os abandono. Pero, ¿quién podrá olvidarse del amor que me habéis tenido? No, que no se pierde el que a Vos con fidelidad se encomienda y a Vos acude. ¡Ah!, no me dejéis en mi arbitrio, ¡Madre mía!,  porque me perderé. Haced que siempre acuda a Vos. Salvadme, ¡Esperanza mía!, salvadme del infierno y, ante todo, del pecado, que es lo único que al infierno me puede condenar. Así sea.

Tres Avemarías en reparación de las blasfemias contra la Santísima Virgen María.


martes, 3 de febrero de 2015

ORACIONES A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA PARA CADA UNO DE LOS DÍAS DE LA SEMANA

MARTES

¡Oh Madre mía Dulcísima!, en la sangre de Jesucristo y en vuestra intercesión pongo toda mi esperanza

¡Oh María Santísima, Madre de bondad y de misericordia!, considerando mis pecados y pensando en el momento de mi muerte, tiemblo y estoy confuso. ¡Oh Madre mía Dulcísima!, en la sangre de Jesucristo y en vuestra intercesión pongo toda mi esperanza. ¡Oh Consuelo de los afligidos!, no me dejéis en aquel trance; no dejéis de consolarme en tan grande aflicción. Si ahora me causa tan gran tormento el recuerdo de mis pecados, la incertidumbre del perdón, el peligro de caer de nuevo y el rigor de la divina justicia ¿qué será de mí en aquella hora? ¡Ah Señora mía!, antes de que llegue la muerte, alcanzadme una gran contrición de mis pecados, una verdadera enmienda y la fidelidad a Dios en lo que me queda de vida. Y cuando llegue el tiempo de mi muerte, ¡Oh María, esperanza mía!, ayudadme en aquellas angustias en que me he de encontrar; dadme fuerzas para no desesperar a la vista de mis culpas que el demonio pondrán delante de mí. Haced que entonces os invoque con más frecuencia, para que expire con vuestro Dulcísimo Nombre en los labios y con el de vuestro Santísimo Hijo. Quiero y espero de Vos esta gracia que habéis hecho a tantos devotos vuestros. Así sea.

Tres Avemarías en reparación de las blasfemias contra la Santísima Virgen María.



lunes, 2 de febrero de 2015

PURIFICACIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

¡Oh Madre mía, María! Ya que, a pesar de estar exenta de toda sombra de imperfecciones, quisiste ser purificada

¡Oh Jesús! Por las manos de María quiero hoy ofrecerme al Eterno Padre juntamente contigo. Mas Tú eres Hostia Purísima, Santa, Inmaculada, y yo me encuentro lleno de manchas, de miserias y de pecados.

¡Oh Madre mía, María! Ya que, a pesar de estar exenta de toda sombra de imperfecciones, quisiste ser purificada, te pido que limpies mi pobre alma, para que pueda ser ofrecida menos indignamente al Padre en unión con tu Jesús. ¡Oh Virgen Purísima! Introdúceme en el camino de una seria y profunda purificación, y después acompáñame Tú misma, para que por mi pusilanimidad no desfallezca ante la aspereza del camino.



ORACIONES A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA PARA CADA UNO DE LOS DÍAS DE LA SEMANA

LUNES

Es verdad que, en mi vida pasada, caí miserablemente en la culpa. Tengo, empero, la esperanza de que, por los méritos de Jesucristo y pos vuestras plegarias, he obtenido ya el perdón

¡Oh Reina del cielo!, yo que fui un tiempo esclavo del demonio me consagro ahora a Vos como perpetuo esclavo vuestro y me ofrezco para honraros y serviros durante toda mi vida. Aceptarme, pues, por siervo vuestro, y no me desechéis cual merecía. ¡Madre mía!, en Vos he puesto toda mi confianza. Bendigo y doy gracias a Dios, que, por su misericordia, me ha dado esta confianza en Vos. Es verdad que, en mi vida pasada, caí miserablemente en la culpa. Tengo, empero, la esperanza de que, por los méritos de Jesucristo y pos vuestras plegarias, he obtenido ya el perdón. Pero esto no basta, ¡Madre mía!, un pensamiento mi aflige, y es que puedo de nuevo perder la divina gracia; los peligros son continuos y los enemigos no duermen, y nuevas tentaciones me asaltan. ¡Ah Señora mía, protegedme! Ayudadme en los asaltos del infierno y no permitáis que de nuevo cometa el pecado y ofenda a vuestro Divino Hijo Jesús. No, no ocurra jamás que de nuevo tenga que perder el alma, el paraíso y Dios. Esta gracia os pido, ¡oh María!, ésta quiero, para ésta interceded por mí. Así lo espero. Así sea.

Tres Avemarías en reparación de las blasfemias contra la Santísima Virgen María.



domingo, 1 de febrero de 2015

ORACIONES A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA PARA CADA UNO DE LOS DÍAS DE LA SEMANA

Domingo

No merezco siquiera que me miréis; pero sé que Vos al ver a vuestro Hijo muerto para salvar a los pecadores, deseáis en gran manera ayudarlos

He aquí a vuestras plantas, ¡oh Madre de Dios!, un miserable pecador, que a Vos acude y en Vos confía. No merezco siquiera que me miréis; pero sé que Vos al ver a vuestro Hijo muerto para salvar a los pecadores, deseáis en gran manera ayudarlos. ¡Oh Madre de misericordia!, volved vuestros ojos hacia mis miserias y tened compasión de mí. Oigo como todos os llaman refugio de los pecadores, esperanza de los que desesperan, auxilio de los abandonados. Vos sois, pues, mi refugio, mi auxilio y mi esperanza. Vos me habéis de salvar con vuestra intercesión. Socorredme por amor a Jesucristo, dad la mano a un miserable caído, que se encomienda a Vos. Sé que experimentáis gran consuelo en ayudar a un pecador, cuando podéis; ayudadme, pues, ahora que podéis ayudarme. Con mis pecados he perdido la divina gracia y mi alma. Me pongo ahora en vuestras manos: decid qué he de hacer para recuperar la gracia del Señor, pues en seguida quiero hacerlo. Él me manda a Vos, para que me socorráis; quiere que recurra a vuestra misericordia, para que, no sólo los méritos de vuestros Hijo, sino también vuestras plegarias me ayuden a salvarme. A Vos, pues, acudo. Rogad a Jesús por mí. Haced conocer el bien que sabéis hacer al que confía en Vos. Así lo espero. Así sea.

Tres Avemarías en reparación de las blasfemias contra la Santísima Virgen María.