Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores.

“Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie quien haga un acto de reparación para sacárselas”

sábado, 13 de diciembre de 2014

MARÍA DE LA ENCARNACIÓN

Me acerco a Ti, Virgen María, con vivo deseo de penetrar en el secreto de tu vida interior, para que Tú seas mi luz y modelo
¡Cuánto me agrada contemplarte así, oh María, profundamente recogida en la adoración del misterio que se obra en Ti! Tú eres el primer templo de la Santísima Trinidad, Tú la primera adoradora del Verbo encarnado, Tú el primer Tabernáculo de su Santa Humanidad.

¡Oh María, templo de la Trinidad! María, portadora del fuego Divino, Madre de la Misericordia, de Ti ha brotado el fruto de la vida, Jesús. Tú eres la nueva planta de la cual hemos recibido la flor olorosa del Verbo, Unigénito Hijo de Dios, pues en Ti, como en tierra fructífera, fue sembrado este Verbo… ¡Oh María, carro de fuego! Tú llevaste el fuego escondido y oculto bajo la ceniza de tu humanidad. Si yo te miro, Señora, veo que la mano del Espíritu Santo ha escrito en Ti la Trinidad, formando en Ti al Verbo encarnado, Hijo Unigénito de Dios. Veo, ¡oh María!, que este Verbo que se te ha dado, está en Ti.


Santa Catalina de Sena


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