Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores.

“Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie quien haga un acto de reparación para sacárselas”

sábado, 11 de octubre de 2014

11 DE OCTUBRE, MATERNIDAD DE NUESTRA SANTA MADRE MARÍA

Sin Ella, sin sus cuidados maternales las almas sufren, su vida espiritual es fatigosa, con frecuencia languidece o, al menos, no es lozana como lo podría ser

¡Oh Excelsa Madre de Dios! Te diré yo también con San Bernardo: “Habla, Señora, que tu hijo te escucha y cuanto le pidas te lo concederá”. Habla, pues, habla, ¡oh María, abogada mía!, a favor de este miserable. Acuérdate de que por mi bien has recibido tanto poder y tanta dignidad. Dios ha querido hacerse tu deudor tomando de Ti la humana naturaleza, a fin de quepudieses dispensar libremente a los miserables las riquezas de su Divina Misericordia.

Si, siendo inmensamente buena, prodigas el bien a todos, aun a los que no te conocen ni te honran, ¡cuánto más debemos esperar en tu benignidad nosotros que queremos honrarte, que queremos amarte y confiamos en tu auxilio! ¡Oh María! Aunque somos pecadores, puedes salvarnos, porque Dios te ha enriquecido de misericordia y de poder mayor que todas nuestras iniquidades. ¡Oh Madre Dulcísima! Te presento mi alma para que la purifiques, la santifiques y la hagas toda de Jesús

San Alfonso María de Ligorio


La fiesta de hoy reivindica para María su título más bello, su prerrogativa más gloriosa: Madre de Dios, título y prerrogativa proclamados solemnemente por el Concilio de Éfeso contra la herejía de Nestorio. Hoy la Santa Madre Iglesia se congratula con María por esta su altísima dignidad que la eleva sobre toda mera criatura hasta el umbral de lo infinito, que la constituye, no solamente Reina de los hombres, sino también de los ángeles




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