Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores.

“Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie quien haga un acto de reparación para sacárselas”

domingo, 3 de agosto de 2014

VUELVE A NOSOTROS ESOS TUS OJOS MISERICORDIOSOS


Virgen Inmaculada,
Mujer vestida de sol,
Madre de Dios y Madre nuestra,
confiadamente acudimos a Ti 
y llamamos a las puertas de tu Corazón Inmaculado
para que escuches el clamor de tus hijos.

Tú eres la Reina Soberana del cielo y de la tierra.
En tus manos ha puesto el Señor el cetro real
para que pises la cabeza de la serpiente infernal,
para que te obedezcan las legiones angélicas
y para que con amor de Madre ampares
y protejas a los redimidos por la Cruz 
y por la Sangre de tu Divino Hijo.

En esta hora de tribulación,
en la que millones de cristianos
viven bajo el terror de la persecución,
de la violencia y hasta del martirio,
vuelve hacia nosotros esos tus ojos misericordiosos.
Fortalece la fe de los cristianos perseguidos.
Sostenlos en la lucha y confórtalos en la  prueba.
Ampáralos en la calamidad y consuélalos 
en todos sus sufrimientos.

Haz que su sangre y su dolor sea semilla de nuevos cristianos,
y que su pasión, unida a la Pasión de Cristo,
contribuya a la salvación de los pobres pecadores,
y a que los infieles se conviertan a la santa fe cristiana.

Detén con tus manos maternales a los violentos
para que la paz reine en los corazones 
y entre todos los pueblos.
¡Oh clementísima, oh piadosa,
 oh Dulce Virgen María!



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