En este mes María sale a nuestro encuentro para tomarnos por la mano, para introducirnos en el Secreto de su vida interior y ser de esta manera el modelo y la norma de la nuestra

sábado, 9 de agosto de 2014

¿ME CONDENARÉ?, MADRE MÍA...

¡Oh María! ¿Qué me decís? ¿Me condenaré? Me condenaré, si os dejo

¡Oh Madre de Dios, María Santísima, cuántas veces por mis pecados he merecido el infierno! Tal vez la sentencia se hubiera ya cumplido al cometer el primer pecado, si Vos, por vuestra piedad no hubieseis detenido la divina Justicia. Después, venciendo mi dureza, me movisteis a tener confianza en Vos. ¡Oh, y en cuántos delitos, después, tal vez hubiera caído, a causa de los pecados que se me han presentado, si Vos, ¡oh Madre amorosa!, no me hubieseis preservado con las gracias que me habéis obtenido!

¡Ah, Reina mía! ¿De qué me servirán vuestra misericordia y los favores que me habéis hecho si me condeno? Si un tiempo no os amé, ahora, después de Dios, os amo sobre todas las cosas.

¡Ah!, no me permitáis que vuelva la espalda a Vos y a Dios, que, por vuestra mediación tantas misericordias me ha dispensado. ¿Toleraréis ver condenado a un siervo vuestro, que os ama? ¡Oh María! ¿Qué me decís? ¿Me condenaré? Me condenaré, si os dejo. Más ¿quién tendrá corazón para dejaros? ¿Quién podrá olvidarse del amor que me tenéis? No, que no se pierde el que a Vos con fidelidad se encomienda y a Vos acude. ¡Ah, Madre mía!, no me dejéis en mis manos, porque me perderé. Haced que siempre recurra a Vos



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