Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores.

“Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie quien haga un acto de reparación para sacárselas”

miércoles, 25 de junio de 2014

MARÍA MODELO Y GUÍA

Me acojo, ¡oh María!, bajo tu amparo; sé la guía y el modelo de mi vida interior

Todo corazón cristiano se vuelve espontáneamente a la Madre del cielo con ansias de vivir más íntimamente en unión con Ella y de fortalecer  los lazos que lo atan a Ella. ¡Qué dulce y confortador es encontrar en nuestro camino espiritual, duro a veces de fatigas y dificultades, la figura delicada de una madre! Se está tan bien junto a la Madre… Con Ella todo se hace fácil: el corazón abatido y cansado, el corazón azotado por las tempestades encuentra la fuerza y la esperanza que perdió y reanuda con nueva energía el camino.

“Si se levanta los vientos de las tentaciones –canta San Bernardo- si chocas contra los escollos de las tribulaciones, mira la Estrella, invoca a María. En los peligros, en las angustias, en las dudas, piensa en María: invoca a María”. 

Hay momentos en que la senda dura de la nada cansa y confunde nuestra debilidad: entonces, más que nunca, necesitamos una mano que nos sostenga, la mano de una madre. Antes que nosotros recorrió María Santísima el camino estrecho y difícil de la santidad, antes que nosotros llevó la cruz y antes que nosotros escaló las alturas del espíritu a través del sufrimiento. Quizás a veces no nos atrevemos a fijar nuestra mirada en Jesús, el Hombre-Dios, porque su Divinidad está muy lejos de nuestra pequeñez; pero pensemos que junto a Él está María, su Madre y nuestra Madre, una criatura, excelentísima ciertamente, pero criatura como nosotros; y por lo tanto el modelo más accesible a nuestra debilidad.

María sale a nuestro encuentro para tomarnos de la mano, para introducirnos en el Secreto de su vida interior y ser de esta manera el modelo y la norma de la nuestra.


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