Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores.

“Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie quien haga un acto de reparación para sacárselas”

sábado, 28 de junio de 2014

EL SANTO PADRE PÍO Y LA SANTÍSIMA VIRGEN

"Reflexionad y tener siempre ante los ojos de la mente la gran humildad de la Madre de Dios  y Madre nuestra"

Cuanto más crezcan en vuestra alma las gracias  los favores de Jesús, tanto más debéis humillaros, recordando siempre la humildad de nuestra Madre celestial, la cual, en el mismo instante en que llega a ser Madre del Dios, se reconoce sierva y esclava del mismo Dios.

Reflexionad y tener siempre ante los ojos de la mente la gran humildad de la Madre de Dios  y Madre nuestra. En la medida en que crecía en ella los dones del cielo, ahondaba cada vez más en la humildad.

Hijo, tú no sabes qué produce la obediencia por un solo sí, por hacer la voluntad de Dios, María llega a ser Madre del Altísimo, confesándose se esclava, pero conservando la virginidad que tan grata era de Dios y a Ella. Por aquel sí pronunciado por María Santísima, el mundo obtuvo la salvación, y la humanidad fue redimida.

Hagamos también nosotros siempre la voluntad de Dios, y digamos también siempre sí al Señor

No os entreguéis de tal manera a la actividad de Marta que lleguéis a olvidar el silencio y la entrega de María. La Virgen, que tan bien encarna a una y a otra, os sirva de suave modelo y os inspire.

Santo Padre Pío

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