Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores.

“Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie quien haga un acto de reparación para sacárselas”

sábado, 24 de mayo de 2014

MES DE MAYO CON MARÍA

¡Tú, Madre mía, eres mi Señora, y yo tu siervo humilde!

¡Oh alma mía! ¿Tienes miedo de acercarte a Dios? Si Dios te dio a Jesús como Mediador, ¿qué no podrá obtener del Padre tal Hijo? El Padre le escuchará siempre por el amor mutuo que se tienen. ¿Pero es que sientes miedo también de acercarte a Jesús? Se hizo hermano tuyo, tu compañero, quiso soportar todas las humillaciones de la naturaleza humana, menos el pecado, para compadecerse de nuestras miserias; fue María quien te dio tal hermano. ¿Te atemoriza por ventura aún su majestad divina, porque Jesús, no obstante haberse hecho hombre, sigue siendo Dios? Ven a María. María es una pura criatura; pura, no sólo porque estuvo libre de todo pecado, sino también por su naturaleza únicamente humana. ¡Oh María! Estoy seguro de que tus deseos serán atendidos por la benevolencia de que gozas; estoy seguro de que tu Hijo te escuchará porque eres su Madre, y de que el Padre escuchará a su Hijo. En Ti esperaré sin desfallecer; Tú eres el motivo de mi esperanza. ¡Oh Virgen benditísima! El Ángel dijo que “habías encontrado gracia delante de Dios” (Lc. 1, 30). Sé que siempre encontrarás gracia delante de Dios; yo sólo necesito gracia y sólo gracia te pido.

San Bernardo


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