Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores.

“Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie quien haga un acto de reparación para sacárselas”

lunes, 21 de abril de 2014

GAUDETE ET LAETARE VIRGO MARIA!!!

Gaudete y Laetare Virgo Maria, aleluya!
Quia Surrexit Dominus vere, aleluya!
Y en el mismo instante que el alma santísima de Cristo entró en su cuerpo y le dio vida, correspondió en el de la Madre la comunicación del gozo. Sucedió que en aquella ocasión el evangelista San Juan fue a visitarla para consolarla en su amarga soledad, y encontró la repentinamente llena de resplandor y señales de gloria a la que antes apenas conocía por su tristeza. Admiróse el santo Apóstol, y habiéndola mirado con grande reverencia, juzgó que ya el Señor sería resucitado, pues la Madre estaba renovada en alegría.

Estando así prevenida María, entró Cristo resucitado y glorioso, acompañado de todos los Santos y Patriarcas. Postróse en tierra la Reina, y adoró a su Hijo, y su Majestad la levantó y llegó a sí mismo. Y con este contacto (mayor que el que pedía la Magdalena de la humanidad y llagas de Cristo) recibió la Madre Virgen un extraordinario favor, que ella sola mereció, como exenta de la ley del pecado. Y aunque no fue el mayor de los favores que tuvo en esta ocasión, con todo eso no pudiera recibirle, si no fuera confortada de los ángeles y por el mismo Señor, para que sus potencias no desfallecieran. El beneficio fue que el glorioso cuerpo del Hijo encerró en sí mismo al de su Madre, penetrándose con ella o penetrándola consigo, como si un globo de cristal tuviera dentro de sí al sol, que todo lo llenara de resplandores y hermosura con su luz. Así quedó el cuerpo de María unido al de su Hijo por medio de aquel contacto, que fue como puerta para entrar a conocer la gloria del alma y cuerpo del mismo Señor. Por estos favores, como por grados de inefables dones, fue ascendiendo el espíritu de la Señora. Y estando en ellos oyó una voz que le decía: Amiga, asciende más alto. En virtud de esta voz quedó del todo transformada y vio la Divinidad intuitiva y claramente.


SOR MARÍA DE JESÚS DE AGREDA



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