Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores.

“Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie quien haga un acto de reparación para sacárselas”

viernes, 21 de febrero de 2014

LETANÍAS A NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES

Corona de los Mártires, ¡ruega por nosotros!

Señor, tened piedad de nosotros.
Cristo, tened piedad de nosotros.
Señor, tened piedad de nosotros.

Dios, Padre celestial, tened misericordia de nosotros.
Dios, Hijo, Redentor del mundo.
Dios, Espíritu Santo.
Dios, trino y uno.

Santa María, rogad por nosotros.
Santa Madre de Dios,
Santa Virgen de las vírgenes,

Madre crucificada,
Madre dolorosa,
Madre afligida,
Madre abandonada,
Madre desolada,
Madre privada de vuestro Hijo,
Madre herida con una espada de dolor,
Madre llena de trabajos,
Madre espiritualmente clavada en la cruz,
Madre tristísima,

Fuente de lágrimas,
Cúmulo de padecimientos,
Espejo de paciencia,
Roca de firmeza y constancia,
Arca de confianza,
Refugio de los abandonados,
Escudo de los oprimidos,
Triunfadora de la incredulidad,
Consuelo de los desgraciados,
Salud de los enfermos,
Fortaleza de los débiles,
Puerto de los náufragos,
Calma de las tempestades,
Asilo de los tristes,
Terror de los insidiosos,
Tesoro de los fieles,
Luz de los Profetas,
Báculo de los Apóstoles,
Corona de los Mártires,
Consejo de los Confesores,
Perla de las Vírgenes,
Apoyo de los huérfanos,
Amparo de las viudas,
Alegría de los santos, rogad por nosotros.

Cordero de Dios, dadnos una mirada,
Cordero de Dios, libradnos de todo mal.
Cordero de Dios, socorrednos en todas nuestras necesidades.

ORACIÓN

Imprimid vuestras penas, Reina del cielo, en el fondo de mi corazón, a fin de que en ellas pueda leer y aprender dolor y amor; dolor, para sufrir con Vos y por Vos toda suerte de dolor; y amor, para despreciar con Vos y por Vos todo amor que no sea el de Jesús.

domingo, 16 de febrero de 2014

¡OH REINA DE LOS ÁNGELES!


¡Oh Reina de los Ángeles, bendita Señora!

Y como vos de aquí adelante habéis de ser también mi Patrona, Señora y Madre, cierto que ya no tengo de tener temor ni miedo de hablar con vos y pediros acudáis a mis necesidades, pues soy ya siervo y esclavo y de la Santísima  Trinidad, de quien vos sois esposa, madre del Hijo y sagrario divino del Espíritu Santo.

Con tal Señora y Abogada, contentísimo debo estar y muy confiado que las suertes que me faltan, de aquí a que yo goce de este bien en el cielo, me han de salir ciertas y a mi favor.

¡Ojalá jamás fuese yo ya flaco, tibio ni flojo, pues tantas son más las obligaciones que me corren!

¡En ti, Dios mío, espero. En vos Virgen Benditísima, confío!

Santa Juan Bautista de la Concepción



sábado, 15 de febrero de 2014

VISITAS REPARADORAS A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA (Visita cuarta)

Intención de la visita;

Por las blasfemias de aquellos que tratan de sembrar públicamente en los corazones de los niños indiferencia o desprecio, o aun odio por esta Madre Inmaculada

Intención de la oración;

Pedirle la buena muerte


Te ofrezco, ¡oh Madre mía! el amor con que el Eterno Padre te encomendó a su Unigénito Hijo para que también fuese Hijo tuyo

¡Oh Virgen Benditísima, Refugio y Esperanza de pecadores! Postrado a tus sagrados pies te suplico por la honra que tienes de ser Madre de Dios, y Virgen perpetua sin mancilla, que cuando mi alma pecadora saliere de la cárcel de este cuerpo mortal, Tú la acojas en tus preciosos brazos, y la guardes y defiendas de todas las acusaciones, espantos, ilusiones y engaños de los infernales espíritus. Ven, Señora mía, en aquella hora, acompañada de los ciudadanos de la Corte Celestial, y llévame por camino derecho y seguro, y preséntame ante el acatamiento de tu Dulcísimo Hijo; y para que Él me perdone, muéstrale  tu Sagrado Corazón lleno de puñales.

No podré yo, por ventura, al punto de mi muerte encomendarte mi alma; mas ahora para entonces te la encomiendo, ¡oh Madre de Misericordia! y juntamente te ofrezco el amor con que el Eterno Padre te encomendó a su Unigénito Hijo para que también fuese Hijo tuyo, y se vistiese de nuestra carne en  tus sagradas entrañas; y la caridad con que el mismo Hijo desde el madero santo te encomendó a su querido discípulo, y te lo dio por hijo; y aquella gloria con que toda la Santísima Trinidad te recibió en cuerpo y alma. Pues, ¡oh Madre de Misericordia!, ¡oh Esperanza mía!, no me desampares en aquella hora, ni permitas que por mi culpa se pierda en mí el fruto de la Sangre que de Ti tomó, y por mí derramó Jesucristo tu Benditísimo Hijo, y mi Señor... 

AMÉN


Verán que la intención de la visita no coincide con la oración a recitar. En las visitas tendremos la intención en nuestro corazón, y nuestra mente, de reparar a nuestra Santa Madre por la intención del día y por otro lado, la petición que haremos a Ella por medio de la oración que se reza.


martes, 11 de febrero de 2014

ORACIÓN A NUESTRA SEÑORA DE LOURDES

¡Oh Virgen Inmaculada de Lourdes, acudimos a tus pies en la humilde gruta donde aparecisteis para indicar a los extraviados el camino de la oración y penitencia!

Dóciles a la invitación de tu voz maternal, oh Virgen Inmaculada de Lourdes, acudimos a tus pies en la humilde gruta donde aparecisteis para indicar a los extraviados el camino de la oración y penitencia, dispensando a los que sufren las gracias y prodigios de tu soberana bondad.

Recibid, oh reina compasiva, las alabanzas y súplicas que pueblos y naciones, unidos en la angustia y la amargura, elevan confiados a Ti.

¡Oh blanca visión del paraíso, aparta de los espíritus las tinieblas del error con la luz de la fe! ¡Oh mística rosa, socorre las almas abatidas, con el celeste perfume de la esperanza! ¡Oh fuente inagotable de aguas saludables, reanima los corazones endurecidos, con la ola de la divina caridad!

Haz que nosotros tus hijos, confortados por Ti en las penas, protegidos en los peligros, apoyados en las luchas, amemos y sirvamos a tu dulce Jesús, y merezcamos los goces eternos junto a Ti. Amén.


Venerable Pío XII

lunes, 10 de febrero de 2014

SÚPLICA A LA VIRGEN MARÍA PARA SER UN BUEN CRISTIANO

¡Líbrame, Dulcísima Madre mía, de la detestable e infame tiranía de las inclinaciones!

Santísima Señora, Madre de Dios; tú eres la más pura de alma y cuerpo, que vives más allá de toda pureza, de toda castidad, de toda virginidad; la única morada de toda la gracia del Espíritu Santo; que sobrepasas incomparablemente a las potencias espirituales en pureza, en santidad de alma y cuerpo; mírame culpable, impuro, manchado en el alma y en el cuerpo por los vicios de mi vida impura y llena de pecado; purifica mi espíritu de sus pasiones; santifica y encamina mis pensamientos errantes y ciegos; regula y dirige mis sentidos; líbrame de la detestable e infame tiranía de las inclinaciones y pasiones impuras; anula en mí el imperio de mi pecado; da la sabiduría y el discernimiento a mi espíritu en tinieblas, miserable, para que me corrija de mis faltas y de mis caídas, y así, libre de las tinieblas del pecado, sea hallado digno de glorificarte, de cantarte libremente, verdadera madre de la verdadera Luz, Cristo Dios nuestro. Pues sólo con Él y por Él eres bendita y glorificada por toda criatura, invisible y visible, ahora y siempre, por los siglos de los siglos... 

Amén



San Efrén

domingo, 9 de febrero de 2014

VISITAS REPARADORAS A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA (Visita tercera)

Intención de la visita;

Por las blasfemias contra su Maternidad divina, rechazando al mismo tiempo reconocerla como Madre de los hombres


Intención de la oración;

Pedirle la buena elección de estado

 ¡Impetradme, Madre mía, gracias para vencer las blanduras de mi carne!

Oh Madre de mi Señor Jesucristo, Madre de piedad y de misericordia, Madre y refugio de pecadores, socorredme en este trance, ayudadme  y favorecedme, porque me hallo dudoso y perplejo, y no sé lo que me conviene, ni lo que debo escoger para mi salvación. Querría tomar estado y manera de vivir conforme a la voluntad de mi Dios, y no según mi gusto; véome flaco, inclinado a la maldad; mi edad y mi carne, el mundo y el demonio, están armados contra mí; las malas compañías me cercan, los deudos y amigos me aconsejan lo que a ellos les viene a cuento,  más lo que a mí me conviene para la salud de mi alma, que es lo que yo pretendo y debo pretender.

Vos, Señora mía, Madre del Divino consejero, y de la sabiduría eterna, Jesucristo, mi Señor, enseñadme su voluntad, abridme el camino, ahuyentad los demonios, apartad de mí las malas compañías, descubridme las celadas, y enfrenad los ímpetus de mis enemigos, impetradme gracias para vencer las blanduras de mi carne, y los silbos de la serpiente infernal, y todo lo que me puede ofuscar el entendimiento para que no conozca, o entibiar la voluntad para que no abrace lo que mi Señor quiere de mí.

Vos sois mi guía, mi abogada, mi patrona y protectora; alumbradme, guiadme, amparadme, y en vida y en muerte acogedme y presentadme a vuestro benignísimo Hijo, para que por Vos me reciba el que por vos se dignó ser mi Salvador  y único Redentor …  

AMÉN


Verán que la intención de la visita no coincide con la oración a recitar. En las visitas tendremos la intención en nuestro corazón, y nuestra mente, de reparar a nuestra Santa Madre por la intención del día y por otro lado, la petición que haremos a Ella por medio de la oración que se reza.

sábado, 8 de febrero de 2014

VISITAS REPARADORAS A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA (Visita segunda)

Intención de la visita;

Por las blasfemias contra su Virginidad

Intención de la oración;

Reconocer sus admirables prerrogativas

¡Os suplico me alcancéis la pureza tan peculiar de vuestros verdaderos devotos!

Santísima Virgen María, emperatriz de todo lo creado, Reina de los Ángeles, Abogada de los hombres, primogénita del Eterno Padre, Madre dignísima del Hijo, Esposa predilecta del Espíritu Santo, hermosa sin la mancha de la primera culpa, agraciada sin el lunar de la más ligera imperfección, más fuerte que Judit, más hermosa que Raquel, más fecunda que Lía, más afortunada que Ester, más sabia que Abigail, tesorera de las gracias y maravillas de Dios; Señora, por todas las gracias y privilegios de que os dotó la Omnipotencia sobre todas las criaturas, en que yo me gozo cuanto puedo, y que os cediera gustoso, aunque fueran míos, os suplico me alcancéis la pureza tan peculiar de vuestros verdaderos devotos, la vigilancia en buscar aquel uno necesario de la salvación, la fortaleza para vencer todas mis pasiones, especialmente la dominante, la conformidad en los trabajos, la dicha de morir en paz, confortado con vuestra presencia, para que os alaben eternamente en la gloria...

AMÉN


Verán que la intención de la visita no coincide con la oración a recitar. En las visitas tendremos la intención en nuestro corazón, y nuestra mente, de reparar a nuestra Santa Madre por la intención del día y por otro lado, la petición que haremos a Ella por medio de la oración que se reza.

AFECTOS DE AMOR AL CORAZÓN INMACULADO DE MARÍA

¡Mi alma está herida de vuestro amor!
¡Oh María!, Madre mía amabilísima, recibid, os suplico, los desahogos de mi alma herida de vuestro amor, que reconociendo en Vos al ser más amable después de Dios, os dice fervorosa:

Augusta Madre de Dios, os amo con todo mi corazón.

Dulcísima Madre mía, os amo con todo mi corazón.

Reina y Señora mía, os amo con todo mi corazón.

Vida, Dulzura y Esperanza mía, os amo con todo mi corazón.

Corredentora mía, os amo con todo mi corazón.

Protectora y Abogada mía, os amo con todo mi corazón.

Pastora y Maestra mía, os amo con todo mi corazón.

Alegría y gozo de mi alma, os amo con todo mi corazón.

Todo mi Tesoro después de Jesucristo, os amo con todo mi corazón.

Corazón mío y alma mía, os amo con todo mi corazón.

Porque Dios os hizo tan santa, os amo con todo mi corazón.

Porque Dios os hizo tan buena, os amo con todo mi corazón.

Porque Dios os hizo tan bella y agraciada, os amo con todo mi corazón.

Porque Dios os hizo tan amable y compasiva, os amo con todo mi corazón.

Porque Dios os hizo tan clemente y piadosa, os amo con todo mi corazón.

Porque Dios os hizo tan grande y humilde, os amo con todo mi corazón.

Porque Dios os hizo tan sabia y poderosa, os amo con todo mi corazón.

Porque Dios os hizo tan perfecta en todas vuestras virtudes, os amo con todo mi corazón.

Por los infieles que no os conocen, os amo con todo mi corazón.

Por los herejes que han sido siempre vuestros enemigos, os amo con todo mi corazón.

Por los malos cristianos que han perdido vuestra devoción, os amo con todo mi corazón.

Por los infelices réprobos, condenados a no amaros nunca, os amo con todo mi corazón.


Por vuestra eterna predestinación me gozo y os felicito, dulcísima Madre mía.

Por vuestra Inmaculada Concepción y por los privilegios admirables con que en ella fuisteis enriquecida, me gozo y os felicito, dulcísima Madre mía.

Por vuestra absoluta preservación de todo pecado, me gozo y os felicito, dulcísima Madre mía.

Por vuestra íntegra y perpetua virginidad, me gozo y os felicito, dulcísima Madre mía.

Por vuestra divina maternidad, me gozo y os felicito, dulcísima Madre mía.

Por la resurrección de vuestro cuerpo y Asunción en cuerpo y alma al Cielo, me gozo y os felicito, dulcísima Madre mía.

Por la gloria que gozáis, sólo inferior a la de Jesús, me gozo y os felicito, dulcísima Madre mía.

Por el amor que os tienen todos los buenos cristianos en la tierra, y todos los Ángeles y Santos en el Cielo, me gozo y os felicito, dulcísima Madre mía.

Por las alabanzas que en el Cielo y en la tierra resuenan en honor vuestro, me gozo y os felicito, dulcísima Madre mía.

Por los milagros que Dios hace para glorificar vuestras imágenes y confirmar vuestro culto, me gozo y os felicito, dulcísima Madre mía.

Por las excelencias de vuestro Corazón que no alcanzan las inteligencias humanas ni angélicas, me gozo y os felicito, dulcísima Madre mía.

Que me alcancéis amaros mucho, os suplico, dulcísima Madre mía.

Que me alcancéis amaros siempre, os suplico, dulcísima Madre mía.

Que me alcancéis imitaros para ser mejor hijo de vuestro Corazón, os suplico, dulcísima Madre mía.

Que me alcancéis ganar muchos corazones para vuestro amor, os suplico, dulcísima Madre mía.

Que me alcancéis morir con vuestro nombre en los labios y vuestro amor en el corazón, os suplico, dulcísima Madre mía.

Que me alcancéis estar muy cerca de Vos en el Cielo, os suplico, dulcísima Madre mía. 


 Oh Jesús, que hicisteis tan amable a María y que en la persona de San Juan nos la disteis por Madre, conceded a los que nos gloriamos de ser sus hijos, que la amemos tierna y fervorosamente, para llegar así con más eficacia y prontitud a amaros a Vos, que con el Padre y el Espíritu Santo vivís y reináis por los siglos. Amén.

jueves, 6 de febrero de 2014

VISITAS REPARADORAS A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA (Visita primera)

Intención de la visita;

Por las blasfemias contra el Inmaculado Corazón

Intención de la oración;

Amarla y servirla siempre

¡Os venero, oh gran Reina, y humildemente os agradezco todas las gracias y mercedes que hasta ahora me habéis hecho!

Inmaculada Virgen y Madre mía, María Santísima; a Vos que sois Madre de mi Salvador, Reina del mundo, Abogada, Esperanza y refugio de los pecadores; recurro en este día, yo que soy el más miserable de todos. Os venero, oh gran Reina, y humildemente os agradezco todas las gracias y mercedes que hasta ahora me habéis hecho, especialmente la de haberme librado del infierno, tantas veces merecido por mis pecados. Os amo, Señora amabilísima, y por el amor que os tengo, propongo serviros siempre, y hacer lo posible para que de todos seáis servida. En Vos, ¡oh Madre de Misericordia!, después de mi Señor Jesucristo, pongo toda mi esperanza; admitidme por siervo vuestro, defendedme con vuestra protección; y ya que sois tan poderosa para con Dios, libradme de todas las tentaciones y alcanzadme gracia para vencerlas hasta la muerte. Os pido un verdadero amor para con mi Señor Jesucristo, y por Vos espero alcanzar una buena muerte. ¡Oh Señora y Madre mía!, por el grande amor que tenéis a Dios, os ruego que siempre me ayudéis, pero mucho más en el último momento de mi vida: no me desamparéis hasta verme salvo en el cielo, alabándoos y cantando vuestra misericordia por toda la eternidad...

AMÉN


Verán que la intención de la visita no coincide con la oración a recitar. En las visitas tendremos la intención en nuestro corazón, y nuestra mente, de reparar a nuestra Santa Madre por la intención del día y por otro lado, la petición que haremos a Ella por medio de la oración que se reza.

domingo, 2 de febrero de 2014

PETICIÓN A MARÍA, PARA ESTE DÍA

¡Dulce Madre, María! haz que tu nombre, de hoy en adelante, sea la respiración de mi vida


¡Oh Madre mía, María! Ya que, a pesar de estar exenta de toda sombra de imperfección, quisiste ser purificada, te pido que limpies mi pobre alma, para que pueda ser ofrecida menos indignamente al Padre en unión con tu Jesús. ¡Oh Virgen Purísima! Introdúceme en el camino de una seria y profunda purificación, y después acompáñame Tú misma, para que por mi pusilanimidad no desfallezca ante la aspereza del camino.


LA PRESENTACIÓN DEL NIÑO JESÚS EN EL TEMPLO Y LA PURIFICACIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

¡Oh Señor!, te suplico, por intercesión de María Santísima, que te dignes purificar mi alma
A los ocho días, al Niño le hicieron la circuncisión como era de ley, los Reyes Magos vinieron a adorarle y a presentarle sus regalos. Ya en los últimos días y hoy mismo, vi que San José hacía diversos arreglos que anunciaban la próxima partida de la Santa Familia de la gruta del Pesebre.

Cada día disminuían sus muebles; dio a los pastores los objetos y demás cosas que habían hecho habitable la gruta y todo fue llevado por ellos.

Como se acercaba el día en que la Stma. Virgen debía presentar al templo de Jerusalén a su primogénito y rescatarlo según las prescripciones de la Ley, se hicieron todos los preparativos para que la Santa Familia pudiese ir primero al Templo y enseguida a Nazaret.

El lunes al despuntar el día, la Santa Virgen montó en el asno que los viejos pastores habían traído enjaezado ante la caverna. José tuvo al Niño hasta que Ella se sentó modamente y entonces se lo entregó. María iba sentada en una jamuga y sus pies algo elevados descansaban sobre una tablita. Tenía en sus brazos al Niño envuelto en su gran velo y lo miraba con dulzura. No llevaban más que dos alfombras y dos paquetitos entre los cuales iba sentada María en el asno. Los pastores se despidieron de ellos tiernamente y los condujeron al camino. Los vi seguir lentamente la ruta que en realidad es muy corta entre Belén y Jerusalén.

La ofrenda de la Santa Virgen al templo iba en una canasta suspendida a un lado del asno. Esta canasta tenía tres divisiones, dos de las cuales estaban cubiertas y contenían frutas, la tercera formaba una jaula descubierta en la cual se veían palomas. Estando como a un cuarto de legua de Jerusalén, entraron en una casita habitada por dos ancianos esposos que los recibieron cariñosamente. La Santa Familia pasó todo el día allí y la Virgen permaneció casi todo el tiempo en un cuarto sola con el Niño que estaba sobre una alfombra. Se hallaba siempre en oración y parecía prepararse para la ceremonia que se iba a verificar. Después vi que la Santa Familia acompañada de sus hospederos, se dirigió al templo de Jerusalén con las canastas en que estaban las ofrendas.

Entraron al principio a un patio rodeado de muros, contigua al lugar Santo, Mientras San José y su hospedero ponían al asno en un cobertizo, la Santa Virgen fue bondadosamente recibida por una anciana que la condujo más adelante por un pasaje abovedado. Después fue llevada por la anciana a la presentación y allí la recibieron por la profetiza Ana; Simeón que había venido al encuentro de la Stma. Virgen, la condujo al lugar en que se hacía el rescate de los primogénitos.


San José entregó la canasta de las ofrendas a Ana, las palomas ocupaban la parte baja de la canasta y la superior iba cubierta de las frutas. Después San José se volvió por otra puerta al sitio de los hombres. Después Simeón se acercó a la Stma. Virgen que tenía en sus brazos al Niño Jesús envuelto en un lienzo azul claro y la condujo a lugar de las ofrendas donde puso al Infante en la cuna. En ése instante vi que el templo se llenaba de una luz que no puede ser igualada por otra alguna; vi que Dios estaba allí y que sobre el Infante se abrieron los cielos hasta el trono de la Santísima Trinidad. Simeón se llevó a la Virgen al lugar destinado a las mujeres; María llevaba un vestido azul celeste y un velo blanco y la rodeaba una ancha capa de color amarillento. Enseguida fue Simeón al altar fijo donde se hallaban los ornamentos sacerdotales. Él y otros tres sacerdotes se vistieron para la ceremonia; tenían en el brazo una especie de broquel o escudo y en la cabeza una especie de mitra. Uno de ellos estaba detrás de la mesa de las humildes y santas ofrendas y otro delante; los otros dos se hallaban en los lados y allí rezaban preces sobre el Infante. En esos momentos la profetiza Ana se acer a María, le presentó la canasta de las ofrendas y la condujo delante del altar donde ella permaneció de pie. Simeón que estaba delante del ara, abrió la reja y llevó a María delante del altar y en éste, ella colocó su ofrenda. Las frutas fueron puestas en unos platos ovales y las monedas en otro plato; las palomas quedaron en la canasta. Simeón permaneció con María delante del altar de las ofrendas, el  sacerdote que  estaba  detrás  del altar  tomó  al  Niño  Jesús,  lo  elevó  en  el  aire presentándolo hacia diferente lados del templo y oró largo rato. Después dio a Simeón el Niño, quien lo puso en manos de María y leyó preces de un rollo que estaba junto a él sobre un pupitre. Simeón llevó de nuevo a la Santa Virgen delante de la balaustrada, de donde Ana que la esperaba, la condujo al lugar de las mujeres. Allí habría unas veinte que venían a presentar al templo a sus primogénitos. José y otros hombres, se hallaban más lejos, en el sitio donde se les había designado. Entonces los sacerdotes que estaban junto al altar, comenzaron una ceremonia con incensaciones y preces; los que se hallaban en las sillas tuvieron parte en ella, haciendo algunos gestos, pero no exagerados como los judíos de hoy.
Cuando ésta ceremonia se acabó, Simeón vino al sitio en que se encontraba María, recibió de ella al Niño Jesús, a quien tomó en sus brazos y lleno de festivo entusiasmo habló del Infante largo rato y en términos muy expresivos. Dio gracias a Dios por haber cumplido su promesa y entre otras cosas dijo:


“Ahora Señor, podéis enviar en paz a vuestro siervo, según vuestra palabra, porque mis ojos han visto vuestra salud, que preparaste a la faz de todos los pueblos, luz que debe esclarecer a las naciones y glorificar vuestro pueblo de Israel”
José se había acercado durante la presentación; lo mismo que María, oyó con respeto las palabras inspiradas de Simeón, quien bendijo a los dos y dijo a María:
“He aquí que éste Niño ha sido colocado para la caída y resurrección de muchos en Israel y como un signo de contradicción; una espada atravesará tu alma, a fin de que sean conocidos los pensamientos de muchos corazones”
Cuando Simeón terminó su discurso, la profetiza Ana fue también inspirada y habló largo rato del Niño Jesús y llamó bienaventurada a su Madre. Vi que los asistentes escucharon todo esto con atención, pero sin que de ello resultase algún tumulto; tal parecía que los sacerdotes comprendieron algo de lo ya dicho. Todos dieron al Niño y a la Madre grandes muestras de respeto. María brillaba como una Rosa Celestial y enseguida fue llevada por Ana y Noemí al patio en que la habían recibido y se despidieron con cariño y afecto.

José se hallaba ya allí con sus dos hospederos; habían traído al asno en el cual debía de montar María con su Hijo y se retiraron pronto del santuario; atravesaron Jerusalén y se dirigieron a su hogar en Nazaret.


Beata Ana Catalina Emmerich