Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores.

“Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie quien haga un acto de reparación para sacárselas”

domingo, 8 de diciembre de 2013

PREDESTINACIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

Turris Davídica, ora pro nobis!

Vi un cuadro maravilloso: Era Dios, que después de la caída del hombre, mostraba a los ángeles cómo quería regenerar al linaje humano.  A primera vista no comprendí ese cuadro, pero pronto se me esclareció.

Vi  el trono de Dios, la Santísima Trinidad y como un movimiento en Ella.  Vi los nueve coros de ángeles a quienes Dios anunciaba de qué manera iba a reparar a la humanidad ya caída.  A este anuncio, vi un gozo indecible entre los ángeles.

El desarrollo de los designios de la Misericordia de Dios sobre el hombre   fue mostrado en diversos cuadros simbólicos.  Vi aparecer esos cuadros en medio de los nueve coros angélicos y enlazarse  unos  con  otros  como  una  historia.    Vi  a  los  ángeles  cooperar  en  esos  cuadros, protegerlos y defenderlos.  No puedo referir con exactitud la serie y encadenamiento  de esos cuadros; pero con el auxilio de Dios diré aquello de que me acuerdo:

Vi ante el trono de Dios una montaña de piedras preciosas; crecía y se desarrollaba sin cesar y tenía gradas y se asemejaba a un trono y luego tomaba figura de una torre.  En esta forma, encerraba   todos los tesoros espirituales, todos los dones de la Gracia.   Los nueve coros de ángeles la rodeaban. A uno de los costados de la torre vi, como sobre un pequeño ribete formado por una nube dorada, aparecer cepas de vid y espigas de trigo que se entrelazaban como entre los dedos de ambas manos juntas. 

Vi presentarse en el cielo una figura semejante a una Virgen que entró en la torre y se hizo una misma cosa con ella.  La torre era muy alta y plana en la cumbre; me pareció que por el envés tenía una abertura por la cual entró la Virgen.  No era ésta la Virgen María en el tiempo, sino la Virgen María en la eternidad, en Dios. Vi producirse su aparición ante La Santísima Trinidad del mismo modo que el aliento de la boca se condensa en sutil vapor.  Vi también salir de La Santísima Trinidad una figura hacia la torre.  En ese momento, apareció en medio de los coros como un tabernáculo del Santo Sacramento.  Parecía que todos los ángeles trabajaban en él y  tenía la forma de una torre rodeada de imágenes simbólicas de toda clase.  A sus lados había dos figuras que extendían las manos detrás de él. Este vaso espiritual parecía crecer continuamente y cada vez se hacía más rico y más magnífico. Entonces vi salir de Dios cierta cosa y pasar por entre los nueve coros de ángeles, esto se pareció semejante a una nube luminosa que se distinguía más y más a medida que se acercaba a ese tabernáculo de santidad al cual entró finalmente.

En cuanto puedo comprenderlo, era esto una bendición substancial de Dios relativa a la continuidad de una línea pura y sin pecado,  o por decirlo así, a la producción de puros renuevos. Vi en fin esta bendición en forma de haba brillante entrar en el tabernáculo, después de lo cual, éste se perdió en la torre.

Beata Ana Catalina Emmerich

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