Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores.

“Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie quien haga un acto de reparación para sacárselas”

sábado, 5 de octubre de 2013

SÚPLICA A NUESTRA SANTÍSIMA MADRE DEL ROSARIO

¡Ah!, desde este trono de clemencia donde estáis sentada como Reina, volved, ¡oh María!, vuestra mirada hacia nosotros

Reina del Santísimo Rosario, en estos tiempos de tan grande impiedad, manifestad vuestro poder con las enseñanzas de la antigua victoria, y desde el Trono donde estáis sentada como dispensadora de perdón y de gracia, guardad piadosamente la Iglesia de vuestro Hijo, su Vicario y todos los órdenes de los eclesiásticos y laicos, probados por tan grande lucha.

Apresurad, oh poderosa vencedora de las herejías, apresurad la hora de la misericordia, aunque por innumerables culpas sea provocada todos los días la hora de la justicia. A mí, el último de los hombres, delante de Vos suplicante, alcanzadme la gracia que me es más necesaria para vivir como un justo en la tierra y reinar entre los justos en el cielo, mientras, con los fieles del universo, ¡oh Reina del Sacratísimo Rosario!, os saludo y os aclamo:

¡Reina del Santísimo Rosario, rogad por nosotros!

Indulgencia de quinientos días. (León XIII, Audiencia, 3 jul. 1886; S. Pen. Ap., 29 abr. 1933)

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