Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores.

“Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie quien haga un acto de reparación para sacárselas”

sábado, 21 de septiembre de 2013

REINA DE LOS MÁRTIRES

¡Oh Santa Madre de Dios, grabad profundamente las llagas de Jesús en mi corazón!
Virgen Santísima y Reina de los Mártires, María, recibid el homenaje más sincero de mi amor filiar. Acoged en vuestro Corazón, atravesado por tantas espadas, a mi pobre alma. Recibidla por compañera de vuestros dolores junto a la Cruz, en la cual murió Jesús por la redención del mundo. Con Vos, Virgen dolorida, sufriré gustoso todas las angustias, las contradicciones y las enfermedades con las cuales el Señor se complacerá en visitarme. Todo os lo ofrezco en memoria de vuestros dolores, de suerte que todos los pensamientos de mi mente y todos los latidos de mi corazón sean un acto de compasión y de amor a Vos; y Vos, dulce María, tened compasión de mí, reconciliadme con vuestro Divino Hijo Jesús, conservándome en su gracia y asistiéndome en la última agonía, para poder llegar al cielo a cantar vuestras glorias. Así sea.

Indulgencia de quinientos días. (S. C. de Indul., 20 mar. 1887; S. Pen. Ap., 19 mayo 1934 y 18 jun. 1949) 

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