Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores.

“Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie quien haga un acto de reparación para sacárselas”

jueves, 22 de agosto de 2013

CONSAGRACIÓN AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA

22 DE AGOSTO, FIESTA DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA

¡Oh Corazón adorable de María!, alcanzadme la gracia de que, meditando constantemente la ley santa de Dios, procure imitaros en el fervoroso ejercicio de las cristianas virtudes
Oh Corazón de María, Madre de Dios y Madre nuestra; Corazón amabilísimo, objeto de las placencías de la adorable Trinidad y digno de toda veneración y ternura de los Ángeles y de los hombres; Corazón el más semejante al de Jesús, del cual sois la más perfecta imagen; Corazón lleno de bondad y tan compasivo con nuestras miserias, dignaos romper el hielo de nuestros corazones y haced que se vuelvan enteramente al del Divino Salvador. Infundid en ellos el amor de vuestras virtudes; inflamadlos en aquel bendito fuego en que ardéis continuamente. Cobijad en Vos la Santa Iglesia; guardadla y sed siempre se dulce asilo y su torre inexorable contra todos los ataques de sus enemigos. Sed nuestro camino para ir hacia Jesús, y el canal por donde recibimos todas las gracias necesarias para salvarnos. Sed nuestro auxilio en las necesidades, nuestro alivio en las aflicciones, nuestro aliento en las tentaciones, nuestro refugio en las persecuciones, nuestra ayuda en todos los peligros, pero especialmente en el último combate de nuestra vida, en la hora de la muerte, cuando todo el infierno se desencadenará contra nosotros, para arrebatar nuestra alma, en aquel formidable momento, en aquel trance terrible, del cual depende nuestra eternidad. ¡Ah!, entonces, ¡oh Virgen piadosísima!, haced que sintamos la dulzura de Vuestro Corazón maternal y la fuerza de vuestro poder ante Jesús, abriendo en la fuente misma de la misericordia un seguro refugio, desde donde podamos llegar a bendecir, con Vos, en el paraíso, por los siglos de los siglos. Así sea.

Indulgencia de quinientos días.
Indulgencia plenaria, en las condiciones de costumbre, si se reza devotamente esta oración, durante un mes entero, todos los días. (S.C. Pen. Ap., 15 sept. 1934)

lunes, 19 de agosto de 2013

MI ESPERANZA ES LA MADRE DE DIOS

¡OH MARÍA!

¡Oh María, Madre mía! Enséñame a vivir escondido contigo a la sombra de Dios
¡Oh María! Nosotros confiamos que tus ojos misericordiosos se inclinen sobre nuestras miserias y sobre nuestras angustias, sobre nuestras luchas y sobre nuestras debilidades, que tus labios sonrían compartiendo nuestros gozos y nuestras victorias; que escuches a Jesús decirte de cada uno de nosotros, como en otro tiempo del discípulo amado: “He ahí a tu hijo”. Y nosotros, que te invocamos como Madre nuestra, te tomamos, como Juan, por guía, fuerza y consuelo de nuestra vida mortal.

Desde esta tierra, donde peregrinamos, confortados por la fe en la futura resurrección, miramos hacia Ti, nuestra vida, nuestra dulzura y nuestra esperanza. Atráenos con la dulzura de tu voz, para mostrarnos un día, después de este destierro, a Jesús, fruto bendito de tu vientre, ¡oh clemente, oh piadosa oh dulce Virgen María!

Venerable Pío XII

sábado, 17 de agosto de 2013

¡OH VIRGEN INMACULADA!

¡Oh María, asunta al cielo! Te suplico purifiques mis  sentidos, para que aprenda a gustar de Dios desde aquí abajo
¡Oh Virgen Inmaculada, Madre de Dios y Madre de los hombres!

Nosotros creemos con todo el fervor de nuestra fe, en tu Asunción triunfal en cuerpo y alma al cielo, donde eres aclamada Reina de todos los coros angélicos y de todos los ejércitos de los santos; nos unimos a ellos para alcanzar y bendecir al Señor, que te ha ensalzado sobre todas las demás puras criaturas, y para ofrecerte las aspiraciones de nuestra devoción y de nuestro amor.

Sabemos que tu mirada, que maternalmente acariciaba la humanidad abatida y doliente de Jesús en la tierra, se sacia en el cielo con la vista de la humanidad gloriosa de la Sabiduría increada, y que la alegría de tu espíritu al contemplar cara a cara a la adorable Trinidad, hace a tu corazón estremecerse de beatificante ternura; y nosotros, pobres pecadores, nosotros a quienes el cuerpo corta el velo del alma, te suplicamos que purifiques nuestros sentidos, para que aprendamos desde aquí abajo, a gustar a Dios, a Dios sólo, en el encanto de las criaturas


Venerable Pío XII

jueves, 15 de agosto de 2013

15 DE AGOSTO, ASUNCIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN

O prima, Virgo, pródita e Conditóris spíritu, Praedestináta Altíssimi Gestáre in alvo Fílium

Una gran señal aparecío en el cielo: Una mujer vestida de sol, la luna debajo de sus pies y en su cabeza una corona de doce estrellas.
Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas.



Como es sabido, el Papa Pío XII, declaró el Dogma de la Asunción de la Santísima Virgen en cuerpo y alma al Cielo el día 1 de noviembre de 1950.

Lo hizo desde el atrio exterior de San Pedro Vaticano, rodeado de 36 Cardenales, 555 Patriarcas, Arzobispos y Obispos, de gran número de dignatarios eclesiásticos y de una muchedumbre entusiasmada, de aproximadamente un millón de personas. Definió así solemnemente, con su suprema autoridad, este dogma mariano.

A continuación, las palabras mismas que definen este Dogma, tomadas de la Bula Munificentissimus Deus:

"Después de elevar a Dios muchas y reiteradas preces y de invocar la luz del Espíritu de la Verdad, para gloria de Dios omnipotente, que otorgó a la Virgen María su peculiar benevolencia; para honor de su Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte; para aumentar la gloria de la misma augusta Madre y para gozo y alegría de toda la Iglesia, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados Apóstoles Pedro y Pablo y con la nuestra, pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado, que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, terminado el curso de su vida terrena fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial"

jueves, 1 de agosto de 2013

MADRE ADMIRABLE

¡María, Virgen Santa, Sierva del Señor, Tú has llevado en tu seno el fruto precioso de la Misericordia divina!

Lirio frágil y esbelto tan fragante
quiero verte a mi lado,
mi ternura de Madre por ti vela
con amor exquisito, dulce amparo.

Si peligros te cercan por doquiera
con fermentido halago,
y el mundo te presenta sus hechizos,
que encierran brillo falso.

Acude a mí. Mi velo te cobija
con maternal cuidado, y este velo
de virgen sabrá darte de la pureza
los divinos rasgos.

En contra del demonio y sus
ardides cubrirte he con mi manto.
Este manto de reina es poderoso,
y defender sabré tu débil tallo.

Y si las amarguras de la vida
te causaran quebranto, ven a mi
corazón, nido de amores, que
consuelo te brinda de antemano.

Mi corazón de Madre siempre
escucha, a aquél, que suspirando,
acude a mi, nadie ha podido decir,
que me invocó sin resultado.

Mi corazón de Madre es el
tesoro que da tierno descanso,
esa paz abundosa, reposada,
para las luchas y dolores arduos.

Mi corazón de Madre quiere darte
un don, el más preciado,
que conozcas, que ames a mi hijo,
y que grabes en ti todos sus rasgos.

Es el Amigo Fiel que no abandona,
su amor es soberano.
Con ternura especial por ti vela,
como nadie jamás habría velado.

Y aunque todos te olviden,
te desprecien, o te sean ingratos,
Jesús por siempre te amará con
creces, como nadie jamás te
hubiera amado.

No olvides pues su amor ni lo
desdeñes, y en El siempre confiando,
hallarás fuerza invicta en la
ardua lucha por conservar tu brillo
siempre intacto.

Y con mi velo virginal cubierto,
y con mi regio manto, vivirás,
lirio fiel, cabe tu Madre su corazón
por ti siempre velando.

Madre Teresa Guevara, Religiosa del Sagrado Corazón de Jesús