Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores.

“Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie quien haga un acto de reparación para sacárselas”

lunes, 20 de mayo de 2013

CREDO MARIANO DEL CRISTIANO


Creo que la Madre de Dios es también mi Madre.
Creo que soy hijo de la Madre del Redentor.
Creo, ¡Oh Virgen Auxiliadora! de tu mirada no se aparta jamás de mí.
Creo que los que te honran poseerán la vida eterna.
Creo que gozas cuando te llamo.
Creo que comprendes plenamente mi llamada.
Creo que lo que me niegas, me lo niegas por amor maternal.
Creo que te preocupas cuando me ves sufrir.
Creo que te alegras cuando me arrepiento de mis pecados.
Creo que curas mis heridas cuando te lo permito.
Creo que no dejas de ayudarme aun en momentos de mala voluntad mía.
Creo que me amas con amor de preferencia cuando trato de ser mejor.
Creo que me amas con amor de misericordia cuando me dejo vencer por el mal.
Creo que me quisiste desde el primer momento de mi vida.
Creo que te amaré por toda la eternidad.
Creo que cuando Dios quiere hacer santa a una persona la hace más devota de la Virgen María.
Creo que si como los latidos del corazón son señal segura vida, así, invocar con frecuencia a la Madre de Dios es señal de vida eterna.
Creo que si tengo fe en María Auxiliadora, veré lo que son milagros.
Creo que en asuntos de salud la Santísima Virgen puede hacerlo que no pueden obtener los médicos.
Creo que lo primero que me pide la devoción a María Santísima es luchar contra el pecado.
Creo que una devoción a la Virgen María en la que no se consiga la enmienda de mi vida, no es grata del Señor.
Creo que cuando María ruega, todo se obtiene, nada se niega.
Creo que jamás se ha oído decir que alguno haya invocado con fe a la Madre de Dios y haya sido abandonado.
Creo que tengo una Madre que no se me va a morir: María.
Creo que si digo varias veces cada día:

“María Auxiliadora, ruega por nosotros”

obtendré maravillosos favores que necesito.
Creo que si rezo con Fe a la Virgen María, llegará pronto el tiempo en que el demonio no logrará que yo cometa ni un solo pecado deliberado.
Creo que María, como en Caná, se da cuenta cada día de lo que necesitamos y ruega a Jesús por nosotros.
Creo que nada es imposible para quien tiene fe; que todo es posible para quien cree sir dudar.

Padre Eliécer Sálesman

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