Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores.

“Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie quien haga un acto de reparación para sacárselas”

viernes, 1 de marzo de 2013

ORACIÓN A LA MADRE ADMIRABLE

Salve, María, llena de gracia, luz refulgente, en la que resplandecen las tres Divinas Personas

Salve, María, llena de gracia, luz refulgente, en la que resplandecen las tres Divinas Personas.

Vuestro nombre, ¡oh María!, es un bálsamo derramado sobre nuestras heridas, y el auxilio que siempre suspiramos para nosotros, para que iluminéis a los hijos, dirijáis y consoléis a los que peregrinan miserablemente por este valle de lágrimas, puestos sus ojos en Vos, ¡oh propicia estrella nuestra!

Bendita sois entre todas las mujeres, porque el Señor os escogió para que fueseis la Madre del Verbo hecho carne, no permitiendo que vuestra suavísima belleza fuese manchada por el pecado.

Bendito es el fruto de vuestras entrañas, Jesús, porque por Vos nos ha sido dado como único Salvador que nos redimió de la muerte y nos volvió a abrir las puertas del cielo.

Santa María, Madre de Dios, rogad por nosotros que luchamos ahora en la tierra. Sed siempre para nosotros el refugio, para que en la hora bendita de la muerte podamos mirar vuestro suave rostro en los resplandores de la eternidad. Así sea.

A los fieles que recitasen piadosamente esta oración, al menos con el corazón contrito, se les concede 300 días de indulgencias por cada vez; mas, si lo han hecho cada día durante un mes seguido, y reciben los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía, y ruegan además por las intenciones del Romano Pontífice, se les concede Indulgencia plenaria. (S. Penit. Apost. 12 de mayo de 1953: AAS 45 (1953), Pág. 430.)

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