Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores.

“Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie quien haga un acto de reparación para sacárselas”

domingo, 31 de marzo de 2013

REGÍNA CAELI

Gaude et laetare, Virgo María, alleluia!!!

Regina Caeli, laetare, alleluia:
quia quem meruisti portare, alleluia.
Resurrexit, sicut dixit, alleluia.
Ora pro nobis Deum, alleluia.

V. Gaude et laetare, Virgo Maria, alleluia.
R. Quia surrexit Dominus vere, alleluia.

OREMUS

Deus, qui per resurrectionem Filii tui, Domini nostri Jesu Christi, mundum laetificare dignatus es: praesta, quaesumus; ut, per ejus Genitricem Virginem Mariam, per petuae capiamus gaudia vitae. Per eumdem Christum Dominum nostrum. Amen

lunes, 25 de marzo de 2013

A NUESTRA MADRE SANTÍSIMA DE LOS DOLORES



¡Ay dolor, dolor, dolor,
por mi hijo y mi Señor!

Yo soy aquella María
del linaje de David:
¡Oíd, hermano, oíd
la gran desventura mía!

A mí me dijo Gabriel
que el Señor era conmigo,
y me dejó sin abrigo
más amarga que la hiel.

Díjome que era bendita
entre todas las nacidas,
y soy de las doloridas
la más triste y afligida.

Decid, hombres que corréis
por la vía mundanal,
decidme si visto habéis
igual dolor que mi mal.

Y vosotras que tenéis
padres, hijos y maridos,
ayudadme con mis gemidos,
si es que mejor no podéis.

Llore conmigo la gente,
alegres y atribulados,
por lavar los pecados
mataron a un Inocente.

¡Mataron a mi Señor,
mi redentor verdadero!
¡Cuitada!, ¿cómo no muero
con tan extremo dolor?

Señora, santa María,
déjame llorar contigo,
pues muere Dios y mi amigo,
y muerta esta mi alegría.

viernes, 22 de marzo de 2013

PROMESAS DE LA CORONA DE LOS DOLORES DE LA VIRGEN


La Santísima Virgen María manifestó a Sta. Brígida que concedía siete gracias a quienes diariamente le honrasen considerando sus lágrimas y dolores y rezando siete Avemarías:
  • Pondré paz en sus familias.
  • Serán iluminados en los Divinos Misterios.
  • Los consolaré en sus penas y acompañaré en sus trabajos.
  • Les daré cuanto me pidan, con tal que no se oponga a la voluntad adorable de mi Divino Hijo y a la santificación de sus almas.
  • Los defenderé en los combates espirituales con el enemigo infernal, y protegeré en todos los instantes de su vida.
  • Los asistiré visiblemente en el momento de su muerte; verán el rostro de su Madre.
  • He conseguido de mi Divino Hijo que las almas que propaguen esta devoción a mis lágrimas y dolores sean trasladadas de esta vida terrenal a la felicidad eterna directamente, pues serán borrados todos sus pecados, y mi Hijo y Yo seremos su consolación y alegría

FERIA SEXTA INFRA HEBDOMADAM PASSIONIS-COM. SEPTEM DOLORUM B. MARIAE VIRG.

Santa María, la Reina del Cielo y Señora del mundo, permanecía de pie, llena de dolor, junto a la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo

Dolores y lágrimas te abruman, ¡oh Virgen María!, erguida al pie de la Cruz del Señor Jesús, tu Hijo Redentor. Virgen Madre de Dios, aquél a quien el mundo entero no puede contener, el autor de la vida, hecho hombre, sufre este suplicio de la Cruz.

Santa María, la Reina del cielo y Señora del mundo, permanecía de pie, llena de dolor, junto a la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo.

¡Oh, todos vosotros!, que pasáis por el camino, mirad y ved si hay dolor como el dolor mío.

¿A dónde se ha ido tu amado, ¡oh!, la más hermosa de las mujeres? ¿A dónde se ha retirado tu amado, para que contigo lo busquemos?

viernes, 15 de marzo de 2013

¡OH DULCE CORAZÓN DE MARÍA, SED LA SALVACIÓN MÍA!

¡Oh Corazón amabilísimo, objeto de las complacencias de la adorable Trinidad!
¡Oh Corazón de María!, el más amable y compasivo de los corazones, después del de Jesús, Trono de misericordias divinas a favor de los miserables pecadores; yo, reconociéndome sumamente necesitado, acudo a Vos a quien el Señor ha puesto todo el tesoro de sus bondades con plenísima seguridad de ser por Vos socorrido. Vos sois mi refugio, mi amparo, mi esperanza; por esto os digo y os diré en todos mis apuros y peligros: ¡Oh Dulce Corazón de María, sed la salvación mía!

Cuando la enfermedad me aflija, o me prima la tristeza, o la espina de la tribulación llegue a mi alma: ¡Oh Dulce Corazón de María, sed la salvación mía!

Cuando el mundo, el demonio y mis propias pasiones coaligadas para mi eterna perdición me persigan con sus tentaciones y quieran hacerme perder el tesoro de la divina gracia: ¡Oh Dulce Corazón de María, sed la salvación mía!

En la hora de mi muerte, en aquel momento espantoso de que depende mi eternidad, cuando se aumenten las angustias de mi alma y lo ataques de mis enemigos: ¡Oh Dulce Corazón de María, sed la salvación mía!

Y cuando mi alma pecadora se presente ante el tribunal de Jesucristo para rendirle cuenta de toda su vida, venid Vos a defenderla y a ampararla, y entonces, ahora y siempre: ¡Oh Dulce Corazón de María, sed la salvación mía!

Estas gracias espero alcanzar de Vos, ¡Oh Corazón amantísimo de mi Madre!, a fin de que pueda veros y gozar de Dios en Vuestra compañía por toda la eternidad en el cielo. Así sea.

jueves, 14 de marzo de 2013

ORACIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA, POR EL SANTO PADRE FRANCISCO I



¡Oh santísima Virgen María, Reina de la Iglesia!, que exhortaste a los pastorcitos de Fátima a rogar por el Papa, e infundiste en sus almas sencillas una gran veneración y amor hacia él, como Vicario de vuestro Hijo y su representante en la tierra. Infunde también a nosotros el espíritu de veneración y docilidad hacia la autoridad del Romano Pontífice, de adhesión inquebrantable a sus enseñanzas, y en él y con él un gran amor y respeto a todos los ministros de la santa Iglesia, por medio de los cuales participamos la vida de la gracia en los sacramentos. Así sea.

lunes, 11 de marzo de 2013

MARÍA Y EL CONVERSO

¡Oh María!, que entrasteis en el mundo sin mancha, ¡ah!, alcanzadme de Dios que yo pueda salir de él sin culpa
“Lo que quiero decir es que los hombres necesitan una imagen clara y bien perfilada, una imagen que les defina de forma instantánea lo que distingue al catolicismo de lo que dice ser cristiano o que, incluso, es cristiano en cierto sentido. Ahora apenas puedo recordar un tiempo en el que la imagen de Nuestra Señora no se alzase en mi mente de forma completamente definida al mencionar o pensar en todas estas cosas. Yo me sentía muy alejado de todas ellas y, posteriormente, tuve muchas dudas; más tarde disputé con todo el mundo, incluso conmigo mismo, por su culpa; porque ésa es una de las condiciones que se producen antes de la conversión. Pero tanto si esa imagen era muy lejana, o bien oscura y misteriosa, constituía un escándalo para mis contemporáneos, o un desafío para mí mismo. Nunca llegué a dudar de que esa figura era la figura de la fe, que Ella encarnaba en un ser humano completo. Cuando recordaba a la Iglesia Católica la recordaba a Ella. Cuando intentaba olvidar a la Iglesia Católica era a Ella a quien intentaba olvidar. Y cuando, finalmente, logré ver lo que era más noble que mi destino, el más libre y fuerte de todos mis actos de libertad, fue frente a una pequeña y dorada imagen suya en el puerto de Brindisi, momento en el que prometí lo que habría de hacer si llegaba a regresar a mi país”

Extracto del capítulo titulado “María y el converso” del libro “Por qué soy católico” de G. K. Gesterton, donde explica la influencia de la Santísima Virgen María, en su camino hacia su conversión al catolicismo.

sábado, 9 de marzo de 2013

CONSAGRACIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA (Especialmente para los primeros sábados de mes)

¡Oh María, Virgen poderosa y Madre de misericordia, Reina del cielo y refugio de los pecadores!
¡Oh María, Virgen poderosa y Madre de misericordia, Reina del cielo y refugio de los pecadores!, nos consagramos a vuestro Inmaculado Corazón.

Os consagramos nuestro ser y toda nuestra vida; todo cuanto tenemos, todo lo que amamos, todo lo que somos. A Vos, nuestros cuerpos, nuestros corazones, nuestras almas. A Vos, nuestros hogares, nuestras familias, nuestra Patria. Queremos que todo, en nosotros y en torno nuestro, os pertenezca, y participe de los beneficios de vuestras maternales bendiciones. Y, para que esta consagración sea verdaderamente eficaz y duradera, renovamos hoy, a vuestros pies, ¡oh María!, las promesas de nuestro bautismo y de nuestra primera Comunión. Nos obligamos a profesar siempre y valerosamente las verdades de la Fe, a vivir como católicos, enteramente sumisos a todas las normas del Papa y de los Obispos en comunión con él. Nos obligamos a observar los mandamientos de Dios y de la Iglesia, en particular la santificación del Domingo. Nos obligamos a introducir en nuestra vida, en lo posible, las consoladoras prácticas de la Religión cristiana, sobre todo la Sagrada Comunión. Os prometemos, finalmente, ¡oh gloriosa Madre de Dios y tierna Madre de los hombres!, consagrarnos de todo corazón al servicio de vuestro culto bendito, a fin de apresurar y asegurar, por el reinado de vuestro Corazón Inmaculado, el reinado del Corazón de vuestro adorable Hijo, en nuestras almas y en todas las almas, en nuestra Nación y en todo el universo, así en la tierra como en el cielo. Así sea.

Indulgencia de tres años.
Indulgencia plenaria, en las condiciones de costumbre, si se repite este acto de Consagración durante un mes entero, todos los días. (S.C. de Indulg., 21 febr. 1907; S. Pen. Ap., 29 abr. 1933.)

viernes, 1 de marzo de 2013

ORACIÓN A LA MADRE ADMIRABLE

Salve, María, llena de gracia, luz refulgente, en la que resplandecen las tres Divinas Personas

Salve, María, llena de gracia, luz refulgente, en la que resplandecen las tres Divinas Personas.

Vuestro nombre, ¡oh María!, es un bálsamo derramado sobre nuestras heridas, y el auxilio que siempre suspiramos para nosotros, para que iluminéis a los hijos, dirijáis y consoléis a los que peregrinan miserablemente por este valle de lágrimas, puestos sus ojos en Vos, ¡oh propicia estrella nuestra!

Bendita sois entre todas las mujeres, porque el Señor os escogió para que fueseis la Madre del Verbo hecho carne, no permitiendo que vuestra suavísima belleza fuese manchada por el pecado.

Bendito es el fruto de vuestras entrañas, Jesús, porque por Vos nos ha sido dado como único Salvador que nos redimió de la muerte y nos volvió a abrir las puertas del cielo.

Santa María, Madre de Dios, rogad por nosotros que luchamos ahora en la tierra. Sed siempre para nosotros el refugio, para que en la hora bendita de la muerte podamos mirar vuestro suave rostro en los resplandores de la eternidad. Así sea.

A los fieles que recitasen piadosamente esta oración, al menos con el corazón contrito, se les concede 300 días de indulgencias por cada vez; mas, si lo han hecho cada día durante un mes seguido, y reciben los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía, y ruegan además por las intenciones del Romano Pontífice, se les concede Indulgencia plenaria. (S. Penit. Apost. 12 de mayo de 1953: AAS 45 (1953), Pág. 430.)