Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores.

“Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie quien haga un acto de reparación para sacárselas”

martes, 26 de febrero de 2013

STABAT MATER DOLOROSA


Por rezar la Corona de los Siete Dolores de la Virgen María ante el Santísimo Sacramento

Los fieles que, confesados y comulgados, recitaren devotamente la Corona de los Siete Dolores de la Bienaventurada Virgen María delante del Santísimo Sacramento, ya esté públicamente expuesto o bien reservado en el sagrario, pueden ganar una vez cada día Indulgencia plenaria. (S.Penit. Apost. 15 de enro de 1954: AAS. 46 (1954), pág. 73)

Para medirtar la Corona de los Dolores de la Santísima Virgen María, pinchar sobre la imagen

lunes, 25 de febrero de 2013

TU DULCE NOMBRE, MARÍA

¡Oh Señora mía, María Santísima! Lleno de confianza en Vos y en vuestra santa protección, me ocojo desde hoy para siempre en el seno de vuestra misericordia

Madre mía amantísima, en todos los instantes de mi vida, acordaros de mí, miserable pecador
         (Avemaría)
Acueducto de las divinas gracias, concededme abundancia de lágrimas para llorar mis pecados 
(Avemaría)
Reina de cielos y tierra, sed mi amparo y defensa contra las tentaciones de mis enemigos
(Avemaría)
Inmaculada Hija de Joaquín y Ana, alcanzadme de vuestro Divino Hijo las gracias que necesito para mi salvación             
     (Avemaría)
Abogada y refugio de los pecadores, asistidme en la hora de la muerte y abridme las puertas del cielo
(Avemaría)

martes, 19 de febrero de 2013

LOS FAVORES DE NUESTRA MADRE MARÍA

¡Madre de misericordia, recuérdanos cada día, la Pasión de Jesús!

EL SUEÑO DE MARTA

¡Cuánto había gozado Marta en el festival! Verdad es que estaba fatigadísima y algo calenturienta, porque preciso es ser de bronce para danzar hora tras hora sin sentir cansancio. De vuelta ya a su casa, estaba Marta mirándose y remirándose al espejo sin acertar a quitarse el disfraz.

De pronto se acordó que no había rezado ni poco ni mucho durante aquel día. Claro, ¿quién tiene tiempo de rezar pasándose todo el día entre saraos y danzas? Por aquella vez dispensaría el Sagrado Corazón a su celadora, y la Purísima Virgen a la Hija de María; ya rezaría mucho a la mañana siguiente durante la Misa de doce. Y al ir a acostarse con tales propósitos, alzó los ojos y distraídamente los fijó en una hermosa imagen de la Dolorosa que pendía cerca del lecho; y le pareció ver en la mirada de María reconvención y angustia, y hasta le pareció que una lágrima titilaba en los ojos de la Virgen. 

Agolparon se entonces en su imaginación ideas diversas: pensó en Jesús crucificado, en la muerte, en el baile, en el infierno… Le parecía que la santa imagen se salía del marco para pedirle estrecha cuenta de su proceder en aquel día; y, espantada, se lanzó al lecho sin desvestirse, sin apagar las bujías y, hecha un ovillo, se tapó la cabeza y todo. En medio de su espanto, se preguntaba con temor: “¿Y si me muriese ahora?” Rendida de miedo, sueño y cansancio, se durmió al fin, y soñó. 

Soñó que una voz le decía: “¡Anda, camina!” Y anduvo, anduvo mucho, hasta que rendida se sentó al borde de un camino. 

En esto oyó voces y algazara, cantos y música, y ante ella un tropel de gentes que le decían: “Tú eres de los nuestros, ven con nosotros”. 

-¿A dónde vais? – les preguntó. 

-¡A la eternidad! – Gritaban-; y volvían a sus cantos y piruetas locas. 

Pasaron: dirigió ella su vista a lo lejos del camino y vio un hombre agobiado por una enorme carga. ¡Y era una gran cruz lo que pesaba sobre sus espaldas, y ceñía su cabeza una corona de punzantes espinas! ¡Era Jesús! Jesús que, desde lejos, dirigía a Marta una mirada grave e imponente. Al brillo de aquella tristísima mirada. Marta cayó de hinojos, sin poder apartar su vista del Hombre-Dios. Quiso correr hacia Jesús, mas sus rodillas parecían haber echado raíces. 

Y oyó la voz, triste y dulce a un tiempo, de Jesús que le decía: 

-¡Marta, mira cómo me ponen tus culpas!... 

Y en esto vio en su imaginación, cómo ella, entre la desenfrenada danza de los saraos, tropezando contra la Cruz, hacía caer al Salvador al pasar a su lado. Sintiendo angustia mortal, quiso abalanzarse a levantar a Jesús, pero no pudo moverse… y oyó cerca de sí un ¡ay! que la hizo estremecer. Se volvió y vio a la Virgen de los Dolores que la miraba con ojos de tristeza y distinguió en ella el mismo rostro y manto de aquella Dolorosa del cuadro pendiente junto a su lecho. Y Marta oyó la dolorida voz de la Virgen que le decía entre lágrimas y sollozos: 

-¡Marta! ¡Marta! ¿Qué has hecho de mi Jesús? Desprecia el mundo que te tiene atada y no te deja ir a Jesús; doma tu cuerpo, huye del demonio que te arrastra al infierno; date a la penitencia y a la oración. 

Marta volvió a fijar sus extraviados ojos en Jesús caído, en la Virgen Dolorosa y en aquella Marta que danzaba en los saraos, y dio un grito que la hizo despertar, porque en aquella Marta se vio a sí misma y… negra, hedionda, espantosa, con la fealdad de los condenados. 

Saltó de la cama y cayó de rodillas ante la imagen de la Virgen Dolorosa, sollozando humilde y contrita: 

-¡Virgen de los Dolores, Madre mía, por la sagrada Pasión de tu divino Hijo, por su Cruz, sálvame! 

Y le pareció entonces que la Virgen Dolorosa la miraba compasiva, la acogía con ternura inefable. 

Al día siguiente, la mano del ministro del Altísimo se alzaba sobre la humillada cabeza de la joven, perdonándola en nombre de Dios. 

Y, al recibir luego marta a Jesús Sacramentado en su corazón, deshecha en lágrimas, le prometió no volver a reuniones mundanas, para no renovar con sus culpas los dolores de Jesús y de María. 

INDULGENCIA POR LLEVAR CONSIGO Y BESAR EL SANTO ROSARIO


Todos los fieles que lleven devotamente consigo unos rosario, pueden ganar diariamente una indulgencia de 500 días, si al besarlos piadosamente recitan las palabras de la Salutación angélica: 

"Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús."

(S. Penit. Apost. 30 de marzo de 1953: AAS. 45 (1953), página 311.)

lunes, 11 de febrero de 2013

DÍA 11 DE FEBRERO, APARICIÓN DE NUESTRA SEÑORA DE LOURDES

“Yo soy la Inmaculada Concepción
Desde el 11 de febrero hasta el 16 de julio de 1858, cuatro años después de la definición de la Inmaculada por Pío IX, se apareció la Virgen Santísima dieciocho veces a Bernardita Soubirous, pastorcita de catorce años, en la gruta de Massabielle, en Lourdes. El 25 de marzo dijo a esta niña: “Yo soy la Inmaculada Concepción”. Desde entonces se ha convertido Lourdes en centro de peregrinación, donde multitudes de todo el mundo se suceden, deseosas de testimoniar su devoción a María. Innumerables curaciones y conversiones han hecho de él un lugar privilegiado de gracia, al mismo tiempo que de oración.

ORACIÓN

¡Oh Dios!, que por la Inmaculada Concepción de la Virgen preparaste a tu Hijo digna morada, te rogamos, suplicantes que, celebrando la aparición de la misma Virgen, consigamos la salud del alma de del cuerpo. Por Jesucristo Nuestro Señor, tu Hijo. AMÉN

ORACIÓN A NUESTRA MADRE MARÍA, POR EL SANTO PADRE BENEDICTO XVI


Inmaculado Corazón de María, que amas con amor solícito a todos tus hijos, cuida con particular amor de Madre al Vicario de Cristo en la tierra, a nuestro Santo Padre el Papa Benedicto XVI., para que, en sus desvelos por la Iglesia y el hombre, sienta siempre el apoyo y la oración de los hijos de la Iglesia.
Regálal
e con la alegría cotidiana que brota del amor, protégelo contra las insidias de quienes no aman a Dios, contra las incomprensiones de quienes no le aman lo suficiente. Ofrécele tu ternura de Madre para que no se sienta solo en la tarea de regir la Iglesia. Muéstrate como Madre amorosísima para él que es el "Dulce Cristo en la tierra" y ofrécele siempre tu consuelo. 
Ilumina su mente. No dejes que el enemigo lo derrote. Dale tu fuerza. Que no deje el gobierno de la Iglesia de tu Hijo. Dale fortaleza. Así sea.


martes, 5 de febrero de 2013

SALVE REGÍNA




Salve, Regína, Mater misericórdiae,
vita dulcédo, et spes nostra, salve.
Ad te clamámus, éxsules fílii Hevae.
Ad te suspirámus, geméntes et fléntes,
in hac lacrimárum valle.

Eia, ergo, advócata nostra, 
illos tuos misericórdes óculos ad nos convérte.
Et Iesum, benedíctum fructum ventris tui,
nobis post hoc exsílium osténde.

O clemens, O pia, O dulcis Virgo María.
Amen.


Escolanía de la Abadía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos

lunes, 4 de febrero de 2013

PARA ENCONTRAR LA GRACIA HAY QUE ENCONTRAR A MARÍA

Sólo María halló gracia delante de Dios 
Todo se reduce, pues, a encontrar un medio sencillo para alcanzar de Dios la gracia necesaria para hacernos santos. Yo te lo quiero enseñar. Y es que para encontrar la gracia, hay que encontrar a María.

Estas son las razones:

María encontró la gracia

Sólo María halló gracia delante de Dios (Lc 1,30), tanto para sí como para todos y cada uno de los hombres, a diferencia de los patriarcas y profetas y todos los santos del Antiguo Testamento, que no pudieron encontrarla.

María es Madre de la gracia

María dio el ser y la vida humana al Autor de toda gracia. Por esto se la llama la Madre de la gracia.

María es llena de gracia

Dios Padre, fuente única de todo don perfecto y de toda gracia, al darle su propio Hijo, le entregó a María todas las gracias. De suerte que, como dice san Bernardo, en Cristo y con Cristo el Padre le ha entregado hasta su propia voluntad.

María es la dispensadora de la gracia

Dios la escogió como tesorera, administradora y distribuidora de todas sus gracias. De suerte que Él comunica su vida y sus dones a los hombres, con la colaboración de María. Y, según el poder que Ella ha recibido de Dios, en expresión de san Bernardino, reparte a quien quiere, como quiere, cuando quiere y cuanto quiere de las gracias del Padre, de las virtudes del Hijo y de los dones del Espíritu Santo.

María es Madre de los hijos de Dios

Así como en el orden natural, todo niño debe tener un padre y una madre, del mismo modo, en el orden de la gracia, todo verdadero hijo de la Iglesia debe tener a Dios por Padre y a María por Madre. Y quien se jacte de tener a Dios por Padre, pero no demuestre para con María la ternura y el cariño de un verdadero hijo, no será más que un impostor, cuyo padre es el demonio.

María es Madre de los miembros de Cristo

María ha formado a Jesucristo, Cabeza de los predestinados. Ella debe, por tanto, formar también a los miembros de esta Cabeza que son los verdaderos cristianos. Que una madre no da a luz la cabeza sin los miembros, ni los miembros sin la cabeza. Por consiguiente, quien quiera ser miembro de Jesucristo, lleno de gracia y de verdad (Jn 1,14), debe dejarse formar en María por la gracia de Jesucristo. María está llena de la gracia de Jesucristo para comunicarla en plenitud a los miembros verdaderos de Jesucristo, que son también hijos de María.

María colabora con el Espíritu Santo

El Espíritu Santo se desposó con María, y en Ella, por Ella y de Ella produjo su obra maestra que es Jesucristo, la Palabra encarnada. Y dado que no la ha repudiado jamás, continúa produciendo todos los días a los predestinados en Ella y por Ella, de manera real, aunque misteriosa.

María nos lleva a la madurez en Jesucristo

María ha recibido de Dios un dominio especial sobre los predestinados para alimentarlos y hacerlos crecer en Jesucristo. San Agustín llega a decir que en este mundo todos los predestinados se hallan encerrados en el seno de María y que nacen definitivamente sólo cuando esta Madre bondadosa los da a luz para la vida eterna. De modo que, así como un niño saca todo su alimento de la madre, que se lo da proporcionado a su debilidad, del mismo modo los predestinados sacan todo su alimento y fuerza espirituales de María.

María habita en los verdaderos cristianos

Dios Padre ha dicho a María: Hija mía, pon tu tienda en Jacob; es decir, pon tu morada en mis predestinados, prefigurados en Jacob.

Dios Hijo ha dicho a María: Madre querida, entra en la heredad de Israel; es decir, en mis elegidos.

Finalmente, Dios Espíritu Santo ha dicho a María: Echa raíces, ¡fiel Esposa mía!, en el pueblo glorioso es decir, en mis escogidos.

Por tanto, María habita en todos los elegidos y predestinados. Está presente en sus corazones, y siempre que se lo permitan echará en ellos las raíces de una profunda humildad, de una caridad ardiente y de todas las virtudes.

María es el molde viviente de Dios

San Agustín llama a María molde viviente de Dios. Y, en efecto, lo es. Quiero decir que sólo en Ella se formó Dios como hombre perfecto, sin faltarle rasgo alguno de la divinidad, y que sólo en Ella se transforma el hombre perfectamente en Dios por la gracia de Jesucristo, en cuanto lo permite la naturaleza humana.

Los escultores pueden hacer una estatua o busto perfectos de dos formas:

1ª atendiéndose a su pericia, a su fuerza, a su ciencia y a la perfección de sus herramientas y trabajando sobre una materia dura e informe.

2ª utilizando un molde. Largo, difícil y expuesto a muchos tropiezos es el primer procedimiento: un golpe desafortunado de cincel o de martillo, basta con frecuencia para echarlo a perder todo.

El segundo método, en cambio, es rápido, sencillo, suave, más económico y menos fatigoso, siempre que el molde sea perfecto y represente con exactitud la figura a reproducir y que la materia utilizada sea maleable y no oponga resistencia a su manejo.

María es el molde maravilloso de Dios, hecho por el Espíritu Santo para formar a la perfección a un Hombre-Dios por la encarnación y para hacer al hombre partícipe de la naturaleza divina, mediante la gracia. María es el molde en el cual no falta ni un solo rasgo de la divinidad. Quien se arroje en él y se deje moldear, recibirá todos los rasgos de Jesucristo, verdadero Dios. Y esto, en forma suave y proporcionada a nuestra debilidad, sin grandes trabajos ni angustias, de manera segura, sin peligro de ilusiones, puesto que el demonio no tuvo ni tendrá jamás entrada donde esté María; de manera santa e inmaculada, sin rastro alguno de pecado.

Alma querida, hay una gran diferencia entre un cristiano formado en Jesucristo por los medios corrientes y que, como los escultores, se apoya en su habilidad personal, y otro enteramente dócil, desprendido y disponible, que, sin apoyarse en sí mismo, confía plenamente en María para ser plasmado en Ella por el Espíritu Santo. ¡Cuántas manchas, defectos, tinieblas, ilusiones, resabios naturales y humanos hay en el primero! ¡Cuán purificado, divino y semejante a Jesucristo es el segundo!

María es el paraíso de Dios

No hay ni habrá jamás creatura alguna, sin exceptuar a los ángeles y santos del cielo, en donde Dios manifieste su gloria con tanta perfección como en María. Ella es el paraíso de Dios, su mundo inefable, donde el Hijo de Dios ha entrado para realizar obras portentosas, guardarlo y complacerse en él.

Dios creó un mundo para el hombre peregrino: es la tierra; un mundo para el hombre glorificado: es el cielo; un mundo para sí mismo: es María.

Ella es un mundo desconocido a casi todos los mortales. Un misterio impenetrable aun para los mismos ángeles y santos del cielo, que, contemplando al Dios trascendente, lejano e inaccesible, tan escondido y oculto en su mundo que es la excelsa María, exclaman día y noche con religioso estupor: ¡santo!, ¡santo!, ¡santo! (Is 6,3).

¡Feliz una y mil veces en esta vida, aquel a quien el Espíritu Santo descubre el secreto de María, para que lo conozca!

¡Feliz aquel que puede entrar en este jardín cerrado y beber a grandes tragos el agua viva de la gracia en esta fuente sellada!

En esta creatura amabilísima sólo se hallará a Dios: un Dios, a la vez, infinitamente santo y trascendente, e infinitamente cercano y al alcance de nuestra debilidad. Ciertamente Dios está en todas partes, hasta en el infierno se le puede hallar. Pero en ningún sitio se le puede encontrar tan cercano y al alcance de la debilidad humana como en María pues para esto bajó a Ella. En todas partes es el Pan de los fuertes y de los ángeles; en María, en cambio, es el Pan de los niños.

María facilita la unión con Dios

Que nadie se imagine, pues, como ciertos pretendidos iluminados, que María -por el hecho de ser criatura constituya un obstáculo para la unión con el Creador. Ya no vive María; Cristo, o mejor, Dios sólo, vive en Ella. Su transformación en Dios supera a la de san Pablo y a la de los demás santos más de cuanto se eleva el cielo sobre la tierra.

María se halla totalmente orientada hacia Dios y cuanto más nos acercamos a Ella tanto más íntimamente nos une a El.

María es el eco portentoso de Dios. Que cuando alguien grita “¡María!”, responde “¡Dios!”; y, cuando, con santa Isabel, la proclamamos dichosa, responde glorificando a Dios.

Si los falsos iluminados, a quienes el demonio engaña tan miserablemente, incluso en la oración, hubiesen encontrado a María, y por María a Jesús, y por Jesús al Padre, no hubieran sufrido tan lamentables caídas. Una vez hayas encontrado a María, y por María a Jesús, y por Jesús al Padre, habrás encontrado, como dicen los santos, todos los bienes, sin excepción alguna, toda la gracia y amistad de Dios, la plena seguridad contra los enemigos de Dios, la verdad completa para combatir el error, la facilidad absoluta y la victoria definitiva en las dificultades que hay en el camino de la salvación, la dulzura y el gozo colmados en las amarguras de la vida.

María, consuelo en el sufrimiento

No quiere decir esto que cuando hayas encontrado a María por una actitud de verdadero consagrado a Ella, vivas exento de cruces y sufrimientos. ¡Al contrario! Tendrás que sufrir más que los demás. Porque María, la Madre de los vivientes, hace partícipes a sus hijos del Árbol de la vida, que es la cruz de Jesucristo. Pero, al repartirles grandes cruces les comunica también la gracia de cargarlas con paciencia y hasta con alegría. Ella, en efecto, endulza las cruces que da a los suyos y las convierte, por decirlo así, en golosinas o cruces almibaradas. Y si por algún tiempo estos amigos de Dios deben necesariamente beber el cáliz de la amargura, el consuelo y la alegría que reciben de su bondadosa Madre, después de la tristeza, les animan inmensamente a cargar con cruces aún más pesadas y amargas.

"El Secreto de María", San Luis María Griñón de Montfort

domingo, 3 de febrero de 2013

CÓMO SALUDAR A LA GLORIOSA VIRGEN MARÍA (continuación)

"¡Ave María llena de gracia!, Clementísima Señora mía, Santa María, acepta este tan devoto saludo y, con él, acéptame también a mí

Es tan grande la dulzura de este bendito saludo, que no admite explicación con palabras humanas. Resulta en efecto siempre más elevado y profundo de lo que pueda comprender toda criatura. Por eso doblo una vez más las rodillas delante de ti, Santísima Virgen María, y digo:

"¡Ave María llena de gracia!, Clementísima Señora mía, Santa María, acepta este tan devoto saludo y, con él, acéptame también a mí, para que pueda yo tener algo que sea de tu agrado, que fortalezca mi confianza en ti, que encienda en mí un amor cada vez más grande y me conserve por siempre devoto a tu santo nombre”

Quiera el cielo que, para satisfacer mi deseo de honrarte y de saludarte eternamente desde lo profundo del corazón, todos mis miembros se transformen en lenguas y las lenguas en voces de fuego. Madre de Dios, quisiera poder dirigirte este saludo como pura y santa ofrenda de oración, en expiación de todas mis culpas, por las cuales he merecido la ira divina, he entristecido gravemente a tu Hijo, he deshonrado y ofendido muy a menudo a ti ya toda la corte celestial.

Dado que mi vida es frágil y caduca a causa de todos mis excesos, de todas mis negligencias, de todos los pensamientos vanos, inmundos y perversos, quiera el cielo que todos los espíritus bienaventurados y las almas de los justos, con purísima devoción y muy ardiente plegaria, te dirijan, ¡Oh Beatísima Virgen María!, y repitan cien veces en tu honor el altísimo saludo con que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo fueron los primeros en querer saludarte por medio del ángel. De alguna manera, hallaría así un digno incienso de suave fragancia, ya que en mí nada hay de bueno ni nada que merezca recompensa.

Pero ahora me postro ante ti, impulsado por sincera devoción; y totalmente encendido en veneración hacia tu suave nombre, te repito el gozo de aquel saludo nuevo, jamás oído hasta entonces, cuando el arcángel Gabriel, enviado por Dios, entró en la intimidad de tu morada y, doblando reverente las rodillas, te rindió honor al decirte:

"¡Ave, llena de gracia, el Señor es contigo!".

Yo deseo, en consonancia con la preciosa costumbre de los fieles y, en todo lo posible, con labios puros, dirigirte este saludo, como también deseo, desde lo profundo del corazón, que te lo dirijan del mismo modo todas las criaturas:

"Ave, María, llena de gracia. El Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es, el fruto de tu vientre, Jesucristo. Amén"

Este es el saludo angélico, compuesto por inspiración del Espíritu Santo, del todo adecuado a tu dignidad ya tu santidad. Es una oración pobre en palabras, pero rica en misterios. Breve como discurso, pero profunda como contenido; más dulce que la miel y más preciosa que el oro, digna de repetirse con mucha frecuencia de todo corazón, devotamente y con labios puros, porque, aunque sea el resultado de muy pocas palabras, se esparce en un vastísimo torrente de celestial suavidad.

Pero ay de aquellos que se aburren, que la rezan sin devoción, que no reflexionan sobre sus palabras más valiosas que el oro, que no saborean sus copas de miel, que tantas veces recitan el Avemaría sin atención ni respeto. ¡Oh dulcísima Virgen María!, presérvame de una tan grave negligencia y falta de atención, perdona mi pasado desempeño. Seré más devoto, más fervoroso y más atento al recitar el Avemaría, cualquiera sea el lugar en que pudiera hallarme.

Ahora, después de estas consideraciones, ¿qué te pediré, mi muy querida Señora? Para mí, indigno pecador, ¿hay algo mejor, más útil, más necesario que hallar gracia delante de ti y de tu amadísimo Hijo? Por lo tanto, pido la gracia de Dios por tu intercesión, ya que, como afirma el ángel, tú has encontrado la plenitud de la gracia ante Dios.

Nada de lo que pida es más precioso que la gracia, ni tengo necesidad de ninguna otra cosa fuera de ella y de la misericordia de Dios. Me basta su gracia y no necesito nada más: sin la gracia, en efecto, ¿qué resultado tendría cualquier esfuerzo mío? En cambio, ¿qué puede ser para mí imposible, si me asiste y me ayuda la gracia? Tengo muchos y diversos defectos espirituales, pero la gracia de Dios es una medicina eficaz contra todas las pasiones y si él se dignara socorrerme, las atenuará a todas.

Adolezco asimismo de pobreza en sabiduría y en ciencia espiritual, pero la gracia de Dios es suprema maestra y dispensadora de la disciplina celestial. Por consiguiente, ella me basta para instruirme en todos los asuntos necesarios, y me disuade de buscar cualquier cosa fuera de lo imprescindible, y de querer conocer temas más allá de lo lícito. Pero amonesta y enseña a humillarse ya contentarse solamente con ella.

Por lo mismo, ¡Oh clemente Virgen María!, consígueme con tus ruegos está gracia, que es tan noble y preciosa: que yo no desee ni pida nada más que la gracia por la gracia.


"Imitación de María", del Beato Tomás de Kempis

sábado, 2 de febrero de 2013

DIE 2 FEBRUARII, IN PURIFICATIONE B. MARIAE VIRG

Hoy. La Santísima Virgen María ha presentado al Niño Jesús en el Templo, y Simeón, lleno del Espíritu Santo. Lo ha recibido en sus brazos, y ha bendecido a Dios para siempre.

La fiesta del 2 de febrero celebra, al mismo tiempo, la Presentación de Jesús en el Templo y la Purificación de la Santísima Virgen, cuarenta días después del nacimiento del Salvador (*). Se halla, pues, unida al misterio de la Navidad.

Es una fiesta de luz. Por su simbolismo, la procesión de la “Candelaria”, procesión de las candelas, evoca la manifestación de Cristo, luz del mundo, recibido en el Templo por el anciano Simeón como el enviado de Dios, “luz para iluminar a las gentes y gloria de Israel, su pueblo”. El Templo, centro de la piedad israelítica, al recibir a Jesús dentro de sus muros, parece habrá de irradiar con dimensiones universales. La venida del Salvador al Templo es el tema principal de la fiesta; pero el pensamiento de la Santísima Virgen se halla presente en toda ella.

La fiesta del 2 de febrero es una de las más antiguas, si no la más antigua de las fiestas marianas. Celebrada en Jerusalén desde el siglo IV, la fiesta de la Purificación pasó después a Constantinopla y luego a Roma, donde la encontramos, en el siglo VII, asociada, el 2 de febrero, a una procesión que parece ser anterior a la fiesta de la Virgen.

(*) La ceremonia de la bendición “post partum”, que ha sustituido a esta costumbre judía, no es ni la purificación de la madre ni la presentación de niño, sino una bendición de la madre y una acción de gracias por el niño.

Santísima Virgen de la Candelaria, Colmenar (Málaga)

Nuestra Señora de la Candelaria, Madre de la Luz,
un día en el templo nos mostraste a Jesús, Nuestro Salvador.

Hoy venimos a Vos,
nosotros que muchas veces caminamos en tinieblas,
porque sabemos que seguís mostrándolo
a todo hombre que abre su corazón.

Danos la luz de la FE
que nos ayude a seguir los pasos de tu Hijo.

Danos la luz de la ESPERANZA
para vivir el Evangelio a pesar de las dificultades.

Danos la luz del AMOR
para reconocer y servir a Cristo que vive en los hermanos.

Danos la luz de la VERDAD
para descubrir el mal que nos esclaviza y rechazarlo.

Danos la luz de la ALEGRÍA
para ser testigos de la Vida Nueva que Dios nos ofrece.

Madre buena de la Luz, tómanos de la mano,
ilumina nuestro camino, muéstranos a Jesús.

Amén