Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores.

“Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie quien haga un acto de reparación para sacárselas”

lunes, 7 de enero de 2013

MEDITACIONES - SOBRE EL AVE MARÍA

"Et ingressus angelus ad eam dixit: Ave gratia plena: Dominus tecum: benedicta tu in mulieribus" (Secundum Lucam 1, 28)
Aprendimos esta salutación de un Ángel, de una mujer llena del Espíritu Santo, que fue Santa Isabel, y de la santa Iglesia; porque todos han de alabar a María: los Ángeles y los hombres, la Iglesia y la sinagoga. Tomemos por padrinos para entrar a hablar a tan Soberana Reina, a San Gabriel y Santa Isabel; y entremos con grande confianza de alcanzar lo que deseamos, porque ni el Hijo sabe negar lo que pide su Madre, ni la Madre de Misericordia lo que le ruegan sus devotos.

Considerando a Dios presente, se pedirá gracia para alabar a su Santísima Madre.

En cada palabra del Ave María considerará la excelencia de la Virgen que significa. Se gozará de ella. Dará gracias a Dios porque se la dio. Pedirá a la Virgen le alcance alguna gracia, conforme al Misterio.

Dios te salve. Así saludó la Santísima Trinidad a María Santísima, por boca de San Gabriel; el Padre, como a Hija, el Hijo, como a Madre, que luego había de ser; el Espíritu Santo, como a Esposa. Gocémonos de la honra de María. Demos gracias al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Pidamos a María que nos salude diciendo Dios te salve.

María. Ese nombre añadió aquí la Iglesia a las primeras palabras del Arcángel, porque advirtamos mejor con quién hablamos, y demos a María Santísima esta alabanza, que es sumario de todas sus alabanzas; porque este nombre, dado de Dios a la Virgen, significa Estrella del Mar, Señora, Madre de Dios y otras grandezas suyas. Gocémonos de que tenga la Virgen tan excelente nombre. Demos gracias al Señor porque se lo dio. Roguemos a María Santísima que, conforme a su nombre de Estrella del Mar, nos alumbre y guíe entre las tempestades del mundo.

Llena eres de gracia. María es toda graciosa, mar de todas las gracias, piélago de todas las virtudes; abismo de todas las perfecciones, a quien no falta ninguna gracia, ni tuvo entrada alguna culpa. Gocémonos y demos gracias al Señor y pidamos a María Santísima nos alcance gracia para excusar toda culpa.

El Señor es contigo. Dios estuvo siempre en la Virgen como en templo, trono y sagrario; en cuanto hombre estuvo nueve meses en su vientre, treinta años en su casa, muchas veces en su pecho sacramentado, y ahora no se apartará de ella por toda la eternidad. Gocémonos y demos gracias al Señor y pidamos a la Señora que esté con nosotros por su piedad, para que esté Dios en nosotros por gracia.

Bendita eres entre todas las mujeres. Es bendita María entre todas las mujeres, porque mereció la bendición que ninguna alcanzó, ser Madre sin dejar de ser Virgen, parir sin dolor y sin corrupción, y vencer en su Hijo solo la fecundidad de todas las madres, sin perder la primacía de todas las vírgenes. Gocémonos y demos gracias al Señor y pidamos a María que nos bendiga para merecer ser benditos de su Hijo.

Y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Por Jesús es bendita María, como el árbol por su fruto. Gocémonos de que Jesús sea fruto de María y de que María llevase por fruto a Jesús. Bendigamos a Jesús. Porque quiso ser fruto de tal árbol. Y pidámosle, por el amor de su Madre, que nos diga el día del juicio: Venid, benditos de mi Padre, a poseer el reino.

Santa María, Madre de Dios. Esta es la mayor dignidad que cabe en pura criatura, y la mayor alabanza que podemos dar a la Virgen. Gocémonos de la suma dignidad de María y demos gracias a Dios. Pidamos a la Madre de Dios que no se dedigne de ser Madre de los pecadores.

Ruega por nosotros pecadores. Pedimos a María que ruegue, porque sus ruegos pueden más que los de todos los Santos; y si Ella no ruega por nosotros pecadores, ¿qué será de nosotros, que merecemos por nuestros pecados estar en el infierno? Ya estuviéramos destruidos, ya estuviera el mundo acabado, si no fuera por los ruegos de María. Gocémonos del poder de María y demos gracias de Dios, que se lo dio para su honra y nuestro provecho. Pidamos a María que no cese de rogar.

Ahora y en la hora de nuestra muerte. Ahora, que es el día de hoy, y todo el tiempo de esta vida, que es una continua batalla con el mundo, el demonio y la carne, en que seremos vencidos si nos falta la protección de María. Y en la hora de nuestra muerte, que es el tiempo más peligroso, y el momento de que pende la eternidad de la pena o de la gloria. Gocémonos del poder de María y demos gracias a Dios. Pidamos a la Madre de Misericordia que no nos desampare en la hora de la muerte.

AMÉN. Así sea.

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