Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores.

“Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie quien haga un acto de reparación para sacárselas”

jueves, 24 de enero de 2013

CONOCIENDO A MARÍA

Nuestra Señora de la Paz, Patrona de Ronda
En la localidad de Ronda, enclavada en un maravilloso paraje natural que se abre a profundos cortados y a la que se accede a la altura de San Pedro de Alcántara en la N-340, tomando el desvío a la C-339, se alza el Santuario en el que venera la hoy mundialmente famosa imagen de Nuestra Señora de la Paz.

Su culto se pierde en la nebulosa de la historia, pero la advocación a la devoción son anteriores incluso a la reconquista del territorio a los árabes, que se produce en mayo de 1485. Precisamente el 23 de este mismo mes se crea la parroquia de Santa María la Mayor de la Encarnación, y dependiente de ella queda la iglesia de San Juan Evangelista o de Letrán, en la que se veneraba una imagen de Santa María por la población mozárabe. Los rondeños afirman que fue el propio Rey Fernando el Católico el que regaló la imagen, que se comenzó a venerar bajo la misma advocación que la antigua.

Poco después el estado de la iglesia hacía desaconsejable continuar el culto de la venerada imagen e incluso emprender obras de restauración, y se funda en al año 1540 la iglesia de la Vera Cruz y Sangre de Cristo, donde la imagen de la Virgen de la Paz pasa a ocupar un lugar preferente en el altar mayor. Aproximadamente de estos años data la Real y Pontificia Hermandad de Nuestra Señora de la Paz, la cual desempeñó un papel fundamental en la extensión del culto y su cuidado. La devoción de Nuestra Señora durante todo el siglo XVII llega a tal punto que la iglesia queda pequeña para albergar la enorme cantidad de exvotos que se reciben como agradecimiento a los favores concedidos por la Virgen.

Desde todos los puntos del mundo llegan nuevas prendas y a principios del siglo XVIII se inicia la construcción de la iglesia que ha llagado hasta hoy, que se consagra ya a la advocación de la imagen que albergaba: Nuestra Señora de la Paz.

El templo es de una sola nave, amplia, con bóveda de cañón. Dos capillas laterales se abren en los flancos, una consagrada al Señor de la Escala o Ecce Homo, la otra al beato fray Diego José de Cádiz, cuyos restos, al ser exhumados para regularizar el proceso de beatificación, aún exudaban sangre fresca, tal y como certificó el propio médico de la ciudad de Ronda.

Por desgracia, a finales del siglo XIX la iglesia se hallaba en un avanzado estado de abandono, por lo cual el Obispo Marcelino Spínola, delegado del Vaticano, solicitó la fundación de un convento y colegio por parte de la Orden de las Esclavas, como así se hizo en 1893.

El culto de Nuestra Señora de la Paz y el propio Santuario quedaron bajo los auspicios de las Esclavas, lo cual redundó en un nuevo impulso. Por entonces se envía a un sacristán a Sevilla para que sea testigo de las ceremonias y honores de que es objeto la Macarena. Gracia a esa visita nace la tradición del besamanos con el que es honrada la Virgen de la Paz el día de su fiesta principal. El 24 de enero, y el segundo domingo de mayo.

La imagen que se venera hoy en día, según se transmite por la tradición oral dentro de Ronda, es una talla del siglo XIV, hecha de madera de cedro, sin duda cortado en la propia serranía de Ronda. Sus ojos son cascarones de huevos de codorniz policromados. Está vestida con una rica túnica y un manto. La túnica contiene un relicario con restos de San Onofre. El cabello es natural.

Salvada de los destrozos que la Guerra Civil causó en el Santuario, la imagen fue coronada canónicamente el 15 de mayo de 1947, a la vez que Ronda reconocía oficialmente su patronazgo.

Hoy en día es posible contemplar en todo su resplandor el Santuario y la talla gracias a la dedicación de todo el pueblo rondeño, que aún sigue volcándose con devoción en su Patrona.

lunes, 14 de enero de 2013

CÓMO SALUDAR A LA GLORIOSA VIRGEN MARÍA

¡Virgen Madre de Dios, María, rogad a Jesús por mí!
Aunque yo no tenga mérito alguno y, al contrario, sea consciente de mis muy numerosos pecados, tengo sin embargo grandísima confianza en tu pasión, Señor Jesús, y en los méritos de la gloriosa santa Virgen María, Madre tuya. A propósito de ella quisiera detenerme un poco, rogando llegar a ser digno, ya que no puedo atreverme a acercarme a su persona sin haber obtenido antes su permiso. Bien sé que mi indignidad no debería presentarse ante la excelsa dignidad de aquella a quien los mismos ángeles veneran con admiración, exclamando:

"¿Quién es esta que se eleva sobre el desierto del mundo y rebosa de las delicias del paraíso?"

Por eso, dulcísima María, es inconveniente que yo, polvo y ceniza, mejor dicho más vil que el polvo por ser pecador y muy propenso a toda perversidad, me atreva a detenerme para considerar tu belleza y tu magnificencia. Tú, en cambio, encumbrada sobre el cielo, tienes el mundo bajo los pies y eres digna de honor y reverencia por el honor de tu Hijo. Tu inefable bondad, que sobrepasa toda imaginación, con frecuencia me fascina y atrae mi afecto, porque eres el consuelo de los afligidos y estás siempre dispuesta a socorrer a los miserables pecadores.

Estoy necesitado de gran consuelo, sobre todo de la gracia de tu Hijo, pues no me encuentro en absoluto en condiciones de ayudarme a mí mismo. Pero tú, Madre misericordiosísima, si te dignaras considerar mi pequeñez, de muchas maneras podrías socorrerme y confortarme con abundantes consuelos. Por eso, apenas me sienta oprimido por las dificultades o por las tentaciones, inmediatamente recurriré a ti, puesto que donde sobreabunda la gracia es más solícita la misericordia.

Luego, si quiero realizar el intento de comprender tu gloria excelsa y saludarte dignamente desde lo íntimo del corazón, debo proceder con espíritu mucho más puro, porque los que pretenden acercarse sin respeto a tu puerta, no obtienen gloria sino justa vergüenza. Por lo tanto, quien se aproxima a ti debe comportarse con grandísima reverencia y humildad y, sin embargo, con gran esperanza de ser admitido en virtud de tu misericordiosa clemencia.

Por consiguiente, voy hacia ti con humildad y, reverencia, con devoción y confianza, llevando en los labios el saludo de Gabriel, que te dirijo suplicante: saludo que repito con alegría, con la cabeza inclinada por respeto y los brazos abiertos con gran devoción, rogando que sea repetido en mi lugar cien, mil y más veces todavía por todos los espíritus celestiales. No sé realmente qué pueda haber más dulce y más digno para ofrecerte.

Y ahora escucha también al devoto enamorado de tu nombre:

"El cielo se regocija y la tierra se asombra, cuando digo: Ave María. Satanás huye, el infierno tiembla, cuando digo: Ave María. El mundo se vuelve despreciable, la carne repugnante, cuando digo: Ave María. Desaparece la tristeza y vuelve la alegría, cuando digo: Salve María. Se disipa la tibieza y el corazón se inflama de amor, cuando digo: Salve María. Aumenta la devoción, nace la compunción, se acrecienta la esperanza, se intensifica el consuelo, cuando digo: Salve María. El ánimo se renueva y se refuerza el empeño en el bien, cuando digo: Ave María"

"Imitación de María", del Beato Tomás de Kempis

jueves, 10 de enero de 2013

LOS FAVORES DE NUESTRA MADRE MARÍA


CONVERSIÓN DE MARÍA EGIPCIACA

Es Famosa la historia de Santa María Egipciaca, como se cuenta en el libro primero de las Vidas de los Padres del Yermo. A los doce años se escapó de casa de sus padres, y se fue a Alejandría, donde con su mala vida era el escándalo de toda la ciudad.

Pasados otros dieciséis, salió de allí y vagando llegó a Jerusalén, a tiempo que se celebraba la fiesta de la Santa Cruz, y viendo entrar en la iglesia mucha gente, quiso también entrar en ella, más por curiosidad que por devoción; pero en la puerta sintió que una mano invisible la detenía. Hizo otra vez por entrar, y le sucedió lo mismo, hasta tercera y cuarta vez.

Entonces la infeliz retirándose a un rincón del atrio, conoció con luz superior que su mala conducta la echaba de la iglesia. Alzó los ojos y vio allí cerca, por dicha suya, una imagen de María Santísima, a la cual empezó a decir, llorando, de esta manera: “¡Oh Madre de Dios, tened piedad de esta pecadora! No merezco que me miréis, pero Vos sois el refugio de los pecadores: amparadme y favorecedme por el amor de Jesucristo vuestro Santísimo Hijo. Haced que puede entrar en la iglesia, y mudaré de vida, y me iré a hacer penitencia donde vos me digáis.” Entonces oyó una voz interior, como de la Virgen, que le decía: “Pues que acudes a Mí con propósito de enmendarte ya puedes entrar.” Entró, adoró la Santa Cruz con abundancia de lágrimas, volvió a la imagen, y le dijo: “Vedme pronta. Señora: ¿dónde queréis que me retire?” “Pasa el Jordán –le respondió la Virgen-, y allí encontrarás tu descanso.” Confesó y comulgó, y, pasando el rio, llegó al desierto y entendió que allí era donde se debía quedar.

Los diecisiete años primeros tuvo que sufrir terribles asaltos de los demonios; pero acudía siempre a la Virgen, y la Virgen santísima le alcanzaba fuerzas para resistir y vencer. Finalmente, habiendo pasado en aquella soledad cincuenta y siete años, siento ya de edad de ochenta y siete, la encontró por divina providencia San Zósimo, abad, a quién refirió todo el relato de su vida, suplicándole que volviese al año siguiente con la sagrada comunión. Hizolo así, y le pidió lo mismo para otro año, al cabo del cual volvió pero la halló ya muerta, aunque rodeada de un gran resplandor, y con estas palabras escritas de su mano: “Entierra aquí el cadáver de esta pecadora y pide a Dios por su alma.” Vino corriendo un león, hizo un hoyo con las garras, el Santo la sepultó, y volvió al monasterio, contando a todos las misericordias que Dios había obrado con aquella felicísima penitente. 

San Alfonso Mª de Ligorio, "Las Glorias de María"


lunes, 7 de enero de 2013

MEDITACIONES - SOBRE EL AVE MARÍA

"Et ingressus angelus ad eam dixit: Ave gratia plena: Dominus tecum: benedicta tu in mulieribus" (Secundum Lucam 1, 28)
Aprendimos esta salutación de un Ángel, de una mujer llena del Espíritu Santo, que fue Santa Isabel, y de la santa Iglesia; porque todos han de alabar a María: los Ángeles y los hombres, la Iglesia y la sinagoga. Tomemos por padrinos para entrar a hablar a tan Soberana Reina, a San Gabriel y Santa Isabel; y entremos con grande confianza de alcanzar lo que deseamos, porque ni el Hijo sabe negar lo que pide su Madre, ni la Madre de Misericordia lo que le ruegan sus devotos.

Considerando a Dios presente, se pedirá gracia para alabar a su Santísima Madre.

En cada palabra del Ave María considerará la excelencia de la Virgen que significa. Se gozará de ella. Dará gracias a Dios porque se la dio. Pedirá a la Virgen le alcance alguna gracia, conforme al Misterio.

Dios te salve. Así saludó la Santísima Trinidad a María Santísima, por boca de San Gabriel; el Padre, como a Hija, el Hijo, como a Madre, que luego había de ser; el Espíritu Santo, como a Esposa. Gocémonos de la honra de María. Demos gracias al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Pidamos a María que nos salude diciendo Dios te salve.

María. Ese nombre añadió aquí la Iglesia a las primeras palabras del Arcángel, porque advirtamos mejor con quién hablamos, y demos a María Santísima esta alabanza, que es sumario de todas sus alabanzas; porque este nombre, dado de Dios a la Virgen, significa Estrella del Mar, Señora, Madre de Dios y otras grandezas suyas. Gocémonos de que tenga la Virgen tan excelente nombre. Demos gracias al Señor porque se lo dio. Roguemos a María Santísima que, conforme a su nombre de Estrella del Mar, nos alumbre y guíe entre las tempestades del mundo.

Llena eres de gracia. María es toda graciosa, mar de todas las gracias, piélago de todas las virtudes; abismo de todas las perfecciones, a quien no falta ninguna gracia, ni tuvo entrada alguna culpa. Gocémonos y demos gracias al Señor y pidamos a María Santísima nos alcance gracia para excusar toda culpa.

El Señor es contigo. Dios estuvo siempre en la Virgen como en templo, trono y sagrario; en cuanto hombre estuvo nueve meses en su vientre, treinta años en su casa, muchas veces en su pecho sacramentado, y ahora no se apartará de ella por toda la eternidad. Gocémonos y demos gracias al Señor y pidamos a la Señora que esté con nosotros por su piedad, para que esté Dios en nosotros por gracia.

Bendita eres entre todas las mujeres. Es bendita María entre todas las mujeres, porque mereció la bendición que ninguna alcanzó, ser Madre sin dejar de ser Virgen, parir sin dolor y sin corrupción, y vencer en su Hijo solo la fecundidad de todas las madres, sin perder la primacía de todas las vírgenes. Gocémonos y demos gracias al Señor y pidamos a María que nos bendiga para merecer ser benditos de su Hijo.

Y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Por Jesús es bendita María, como el árbol por su fruto. Gocémonos de que Jesús sea fruto de María y de que María llevase por fruto a Jesús. Bendigamos a Jesús. Porque quiso ser fruto de tal árbol. Y pidámosle, por el amor de su Madre, que nos diga el día del juicio: Venid, benditos de mi Padre, a poseer el reino.

Santa María, Madre de Dios. Esta es la mayor dignidad que cabe en pura criatura, y la mayor alabanza que podemos dar a la Virgen. Gocémonos de la suma dignidad de María y demos gracias a Dios. Pidamos a la Madre de Dios que no se dedigne de ser Madre de los pecadores.

Ruega por nosotros pecadores. Pedimos a María que ruegue, porque sus ruegos pueden más que los de todos los Santos; y si Ella no ruega por nosotros pecadores, ¿qué será de nosotros, que merecemos por nuestros pecados estar en el infierno? Ya estuviéramos destruidos, ya estuviera el mundo acabado, si no fuera por los ruegos de María. Gocémonos del poder de María y demos gracias de Dios, que se lo dio para su honra y nuestro provecho. Pidamos a María que no cese de rogar.

Ahora y en la hora de nuestra muerte. Ahora, que es el día de hoy, y todo el tiempo de esta vida, que es una continua batalla con el mundo, el demonio y la carne, en que seremos vencidos si nos falta la protección de María. Y en la hora de nuestra muerte, que es el tiempo más peligroso, y el momento de que pende la eternidad de la pena o de la gloria. Gocémonos del poder de María y demos gracias a Dios. Pidamos a la Madre de Misericordia que no nos desampare en la hora de la muerte.

AMÉN. Así sea.

jueves, 3 de enero de 2013

DEPÓSITO DE TODAS LAS GRACIAS

Vos sois mi Madre, Virgen María; defendedme para que jamás ofenda a vuestro amadísimo Hijo, y haced que siempre y en todas las cosas le complazca
Indulgencia de trescientos días

Dios Padre creó un depósito de todas las aguas, y lo llamó mar. Creó un depósito de todas las gracias, y lo llamó María. 

El Dios omnipotente posee un tesoro o almacén riquísimo en el que ha encerrado lo más hermoso, refulgente, raro y precioso que tiene, incluido su propio Hijo. Este inmenso tesoro es María, a quien los santos llaman el tesoro del Señor, de cuya plenitud se enriquecen los hombres.

San Luis Mª Grignion de Montfort, "Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen"



martes, 1 de enero de 2013

CONSAGRACIÓN DEL NUEVO AÑO A LA VIRGEN

¡¡¡Viva siempre María, la Inmaculada, la siempre Virgen, la bendita entre las mujeres, la Madre de nuestro Señor Jesucristo, la Reina de Paraíso!!!

Pasa la vida, Señor, y porque precisamente se escapa sin remedio
sentimos la necesidad de agarrarnos a Alguien permanente,
a Alguien que nunca muera
a Alguien que nos espere
a Alguien que nos ayude
Sale a nuestro encuentro, Señor, un nuevo año
Un nuevo año no exento de dificultades
Por ello mismo, Señor,
Ponemos en las manos de tu Madre
Nuestros deseos e inquietudes
Nuestra lucidez y nuestra entrega
Nuestros pasos y nuestros esfuerzos
Para que, en el mundo,
pueda brillar de una vez para siempre
La paz que vence a la guerra
El amor que se impone al odio
La esperanza que aplasta al derrotismo

Sí, Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra
Necesitamos de tus cuidados para no morir
Recurrimos a tu mano para no sucumbir
Buscamos tu mirada para ver bien
Hambreamos tu pensamiento
para pensar correctamente
Admiramos tu belleza
porque somos conscientes de que, por poco o nada,
vamos perdiendo la beldad
que se nos dio en el día de nuestro Bautismo.

Sí, Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra
consagramos este año 2013 a tu persona.
Eres pórtico de estos 365 días, recórrelos junto a nosotros
Eres dintel de estos 12 meses
ayúdanos a ser cristianos fuertes y vigorosos
Eres huella permanente en nuestra vida
cuida de nuestra fe y de nuestra entrega
Eres estrella que se enciende en la primera noche del nuevo año,
ilumina las sombras y las oscuridades que se abran en la azotea de nuestra felicidad

A Ti, Virgen Santa, Madre y Virgen
consagramos todos y cada uno de los próximos días, cada uno de los inmediatos meses

A Ti, Santa María, Madre de Dios,
elevamos nuestra oración sincera y nuestra plegaria confiada
para que, Tú, como Madre que nos conoce y quiere
nos cuide y, un día, ruegue por nosotros
ante Dios al cual esperamos y deseamos abrazar en el cielo. Amén

(P. Leoz)