Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores.

“Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie quien haga un acto de reparación para sacárselas”

sábado, 8 de diciembre de 2012

DIE 8 DECEMBRIS, IN CONCEPTIONE IMMACULATA B. MARIAE VIRG.

Allelúia, allelúia. Tota pulchra es, María: et mácula originális non est in te. Allelúia

“Tota pulchra es! ¡Toda hermosa eres, María, no hay en Ti mancha de pecado original”. Este grito de admiración con que comienza el oficio de la Inmaculada Concepción responde muy bien el sentimiento de la humanidad, que lleva en sí la mancha del pecado, ante la pureza inmaculada de la Santísima Virgen.

Habiendo decretado desde toda la eternidad hacer de María la Madre del Verbo encarnado, la vistió Dios con vestiduras de santidad e hizo de su alma morada digna para su Hijo. La redención total que desde su concepción preservó a la Santísima Virgen incluso del pecado original, no debe separarse de nuestra propia redención por Cristo. Colocada en el corazón del Adviento, la fiesta de la Inmaculada concepción Anuncia los esplendores de la encarnación redentora.

Su fiesta actual, instituida por Pío IX, con motivo de la proclamación del Dogma, el 8 de diciembre de 1854, tenía ya sus precedentes. Desde el siglo VIII se celebraba en Oriente una fiesta de la “Concepción” de la Virgen, fiesta que volveremos a encontrar en el siglo IX en Irlanda y España, y en el siglo XI en Inglaterra. Estas fiestas antiguas son testigos de un culto tradicional a la pureza inmaculada de la Virgen María. La solemne definición de Pío IX ni hizo más que precisar su sentido y afirmar la fe constante de la Iglesia.

OREMOS

¡Oh Dios!, que por la Inmaculada Concepción de la Virgen, has preparado digna morada a tu Hijo; te suplicamos que, así como por la muerte prevista de este tu Hijo la has preservado de toda mancha, nos concedas también, por la intercesión de María, llegar puros hasta Ti. Por el mismo Señor Nuestro. AMÉN


No hay comentarios:

Publicar un comentario