Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores.

“Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie quien haga un acto de reparación para sacárselas”

lunes, 31 de diciembre de 2012

AL FINALIZAR EL AÑO, DULCE MADRE MÍA...

"Reina del mundo dignísima, María, Virgen perpetua, intercede por nuestra paz y por nuestra salvación, Vos que engendrasteis a Cristo el Señor Salvador de todos"
Indulgencia de trecientos días

Al finalizar el año, Dulce Madre mía, quiero pedirte perdón por todo cuanto te ofendí, por todo el mal que hice y el bien que dejé de hacer, por la oración aplazada y mal hecha, por todos mis pecados y miserias… y darte gracias por todos los beneficios que me has traído, sin yo merecerlos, de Dios, con tus generosas y benditas manos.

Te encomiendo a todos los míos, familiares y amigos, con la seguridad de que los guiarás a todos, con tu maternal dulzura.

Ayúdame, Madre mía, a ser bueno, y se mi Luz y mi Camino, para llegar a tu Divino Hijo Jesús. AMÉN


sábado, 22 de diciembre de 2012

MARÍA, DE JESÚS LA AURORA...


María, Virgen del Adviento,
esperanza nuestra,
de Jesús la aurora,
del cielo la puerta.
Madre de los hombres,
de la mar estrella,
llévanos a Cristo,
danos sus promesas.
Eres, Virgen Madre,
la de gracia llena,
del Señor la esclava,
del mundo la reina.
Alza nuestros ojos
hacia tu belleza,
guía nuestros pasos
a la vida eterna.
Amén.


LA ESPERA DE MARÍA


martes, 18 de diciembre de 2012

18 DE DICIEMBRE, EXPECTACIÓN DEL PARTO DE LA B. VIRGEN MARÍA

Allelúia, allelúia. Ecce Virgo concípiet, et páriet fílium Iesum Christum. Allelúia



Como la Anunciación cae dentro de la Cuaresma y en este santo tiempo no se celebraban antiguamente fiestas de los santos, decretaron los Padres españoles en el Concilio Toledano (año de 650) que la solemnidad de la Anunciación de María se trasladase al 18 de diciembre, Ésta y la Asunción eran las dos únicas fiestas mariales.

Llamóse después Expectación del Parto,  y más tarde Nuestra Señora de la O, sin duda por coincidir ese día 18, en las 1ª vísperas, con el comienzo de las grandes Antífonas O, que caracterizan esta última semana del santo tiempo de Aviento.

La Santa Misa es del todo parecida a la votiva de la Virgen en Adviento, y nos dispone admirablemente a las santas alegrías de Navidad, haciendo más fervientes nuestra extectación y los deseos por que venga a nuestras almas el Redentor del mundo.

ORACIÓN

¡Oh Dios!, que al anuncio del ángel has querido que tu Verbo tomase carne de las entrañas de la bienaventurada Virgen María, concede a tus siervos que, pues la creemos verdadera Madre de Dios, gocemos ante Ti del apoyo de su intercesión. Por el mismo Señor nuestro.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

CONSAGRACIÓN DE NUESTRA VIDA AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA Y ACTO DE REPARACIÓN

Mater admirábilis, ora pro nobis!


Amabilísima y admirabilísima Virgen María, Madre de mi Salvador Jesucristo y madre mía. Postrado a vuestros pies, uniéndome humildemente a todos los actos de devoción y amor de todos los corazones que os aman en el Cielo y en la Tierra, os saludo Madre queridísima, os venero y os elijo hoy Soberana mía y Reina de mi corazón; la guía de mi vida, la protectora, mi abogada y refugio mío en todas mis necesidades espirituales y corporales.

Yo os ofrezco y consagro mi alma, mi corazón, mi cuerpo y todo lo que me pertenece. Deseo también que todos mis pensamientos, palabras, acciones, todos los alientos de mi respiración y latidos de mi corazón, sean en el presente y en el futuro, otros tantos actos de alabanza a la Santísima Trinidad por todos los privilegios y Gracias incomparables que os ha concedido.

¡Oh Virgen amabilísima!, entrego confiadamente a vuestras manos maternales todos mis deseos, propósitos y anhelos, y no quiero jamás aspirar a algo más allá, de lo que sea conforme a la Voluntad de vuestro Divino Hijo y la vuestra. Aceptadme, os lo ruego divinísima Madre, entre vuestros hijos predilectos, y en el número de los servidores escogidos, privilegiados, de poder colaborar con la preparación del Triunfo de vuestro Corazón Inmaculado. Consideradme y tratadme enteramente como posesión vuestra. Disponed de mi y conducidme siempre y en todo lugar –no según mis propias inclinaciones y deseos- sino según vuestro propio beneplácito.

Yo por mi parte, tomo hoy la firme resolución de observar fielmente los mandamientos de vuestro Divino Hijo Jesús; de seguir vuestras maternales exhortaciones ¡Oh Reina del Santo Rosario!, de amaros tiernamente y de consolaros. Quiero también –en cuanto me sea posible- con mis Oraciones y Sacrificios llevar a muchas otras almas a hacer lo mismo. Sobre todo, quiero venerar con especial devoción vuestro Purísimo Corazón ardiente de Caridad, y con vuestra poderosa asistencia ¡Oh mediadora de todas las Gracias!, tratar de imitar tanto como pueda, las sublimes virtudes que os adornaban aquí en la Tierra.

¡Oh Reina de mi corazón!, que por el misterioso obrar del Espíritu Santo en vuestra alma Santísima habéis sido transformada en un verdadero espejo de la Justicia de Jesús vuestro Divino Hijo, imprimid en mi corazón, os lo ruego, una imagen perfecta de las virtudes del vuestro, a fin de que el mío sea un retrato vivo del vuestro Inmaculado.

¡Oh Virgen Gloriosa!, vuestro Purísimo Corazón ha estado durante su existencia terrenal, entrañablemente unido al Divino Corazón de vuestro Hijo, compartiendo plenamente sus nobilísimos sentimientos y espíritu de Sacrificio. Y ahora, elevada a la bienaventuranza del Cielo está perennemente unido a El de modo inigualable en la más sublime felicidad. Por ello os ruego ¡Oh Madre de Dios!, unid mi pobre corazón de tal manera al de mi Jesús, que no abrigue otros sentimientos y deseos que los vuestros, y que no obre nunca, sino lo que sea más agradable a Su Sacratísimo Corazón y a vuestro dulcísimo Corazón Inmaculado, oh Madre benignísima. Amén. 

ACTO DE REPARACIÓN AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA

"Oh Madre mía, a vuestro Corazón confío las angustias de mi corazón, y a él vengo a buscar ánimo y fortaleza"

Santa Bernardita

¡Oh Inmaculado Corazón de María, traspasado de dolor por las injurias con que los pecadores ultrajan vuestro Santísimo nombre y vuestras excelsas prerrogativas! Aquí tenéis, postrado a vuestros pies, un indigno hijo vuestro que, agobiado por el peso de sus propias culpas, viene arrepentido y lloroso, y con ánimo de resarcir las injurias que, a modo de penetrantes flechas, dirigen contra Vos hombres insolentes y malvados.

Deseo reparar, con este acto de amor y rendimiento que hago delante de vuestro amantísimo Corazón, todas las blasfemias que se lanzan contra vuestro augusto nombre, todos los agravios que se infieren a vuestras excelsas prerrogativas y todas las ingratitudes con que los hombres corresponden a vuestro maternal amor e inagotable misericordia.

Aceptad, ¡oh Corazón Inmaculado!, esta pequeña demostración de mi filial cariño y justo reconocimiento, junto con el firme propósito que hago de seros fiel en adelante, de salir por vuestra honra cuando la vea ultrajada y de propagar vuestro culto y vuestras glorias. Concededme, ¡oh Corazón amabilísimo!, que viva y crezca incesantemente en vuestro santo amor, hasta verlo consumado en la gloria. Amén.

Rezar tres Avemarías en honra del poder, sabiduría y misericordia del Inmaculado Corazón de María, menospreciado por los hombres. Terminar con las siguientes jaculatorias:

¡Oh Corazón Inmaculado de María, compadeceos de nosotros!
Refugio de pecadores, rogad por nosotros.
¡Oh dulce Corazón de María, sed la salvación mía!

Padrenuestro, Ave María y Gloria por las intenciones del Romano Pontífice. 


A LA EMPERATRIZ DE LAS AMÉRICAS

¡Virgen Santa María, Madre del Amor Hermoso, protege a nuestras familias!

¡Oh Virgen Inmaculada,
Madre del verdadero Dios y Madre de la Iglesia!
Tú, que desde este lugar manifiestas
tu clemencia y tu compasión
a todos los que solicitan tu amparo;
escucha la oración que con filial confianza te dirigimos,
y preséntala ante tu Hijo Jesús, único Redentor nuestro.

Madre de misericordia, Maestra del sacrificio escondido y silencioso,
a Ti, que sales al encuentro de nosotros, los pecadores,
te consagramos también nuestra vida, nuestros trabajos,
nuestras alegrías, nuestras enfermedades y nuestros dolores.

Da la paz, la justicia y la prosperidad a nuestros pueblos;
ya que todo lo que tenemos y somos lo ponemos bajo tu cuidado,
Señora y Madre nuestra.

Queremos ser totalmente tuyos y recorrer contigo el camino
De una plena fidelidad a Jesucristo a su Iglesia:
No nos sueltes de tu mano amorosa.

Virgen de Guadalupe, Madre de las Américas, te pedimos por todos
Los Obispos, para que conduzcan a los fieles por senderos
de intensa vida cristiana, de amor y de humilde servicio a Dios
y a las almas.

Contempla esta inmensa mies, e intercede para que el Señor infunda hambre de santidad en todo el Pueblo de Dios, y otorgue abundantes vocaciones de sacerdotes y religiosos, fuertes en la fe y celosos dispensadores de los misterios de Dios.

Concede a nuestros hogares
la gracia de amar y de respetar la vida que comienza
con el mismo amor con el que concebiste en tu seno
la vida del Hijo de Dios.
Virgen Santa María, Madre del Amor Hermoso, protege a nuestras familias,
Para que estén muy unidas, y bendice a la educación de nuestros hijos.

Esperanza nuestra, míranos con compasión,
Enséñanos a ir continuamente a Jesús y, si caemos, ayúdanos
a levantarnos, a volver a Él, mediante la confesión de nuestra culpas
y pecados en el sacramento de la Penitencia,
que trae sosiego al alma.

Te suplicamos que nos concedas un amor muy grande a todos los santos sacramentos,
Que son como las huellas que tu Hijo nos dejó en la tierra.

Así, Madre Santísima, con la paz de Dios en la conciencia,
Con nuestros corazones libres de mal y de odios,
Podremos llevar a todos la verdadera alegría y la verdadera paz,
que vienen de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo,
que con Dios Padre y con el Espíritu Santo,
vive y reina por los siglos de los siglos. Amén

sábado, 8 de diciembre de 2012

DIE 8 DECEMBRIS, IN CONCEPTIONE IMMACULATA B. MARIAE VIRG.

Allelúia, allelúia. Tota pulchra es, María: et mácula originális non est in te. Allelúia

“Tota pulchra es! ¡Toda hermosa eres, María, no hay en Ti mancha de pecado original”. Este grito de admiración con que comienza el oficio de la Inmaculada Concepción responde muy bien el sentimiento de la humanidad, que lleva en sí la mancha del pecado, ante la pureza inmaculada de la Santísima Virgen.

Habiendo decretado desde toda la eternidad hacer de María la Madre del Verbo encarnado, la vistió Dios con vestiduras de santidad e hizo de su alma morada digna para su Hijo. La redención total que desde su concepción preservó a la Santísima Virgen incluso del pecado original, no debe separarse de nuestra propia redención por Cristo. Colocada en el corazón del Adviento, la fiesta de la Inmaculada concepción Anuncia los esplendores de la encarnación redentora.

Su fiesta actual, instituida por Pío IX, con motivo de la proclamación del Dogma, el 8 de diciembre de 1854, tenía ya sus precedentes. Desde el siglo VIII se celebraba en Oriente una fiesta de la “Concepción” de la Virgen, fiesta que volveremos a encontrar en el siglo IX en Irlanda y España, y en el siglo XI en Inglaterra. Estas fiestas antiguas son testigos de un culto tradicional a la pureza inmaculada de la Virgen María. La solemne definición de Pío IX ni hizo más que precisar su sentido y afirmar la fe constante de la Iglesia.

OREMOS

¡Oh Dios!, que por la Inmaculada Concepción de la Virgen, has preparado digna morada a tu Hijo; te suplicamos que, así como por la muerte prevista de este tu Hijo la has preservado de toda mancha, nos concedas también, por la intercesión de María, llegar puros hasta Ti. Por el mismo Señor Nuestro. AMÉN


miércoles, 5 de diciembre de 2012

ORACIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA, PIDIENDO EL DON DE LA PERSEVERANCIA

¡Madre amada! ¡Que no nos cansemos!

¡Madre Inmaculada! ¡Que no nos cansemos!
¡Madre Nuestra! ¡Una petición! ¡Que no nos cansemos!
Sí, aunque el desaliento por el poco fruto o por la ingratitud nos asalte, aunque la flaqueza nos ablande, aunque la incomprensión de nuestros hermanos en la fe nos duela, aunque el furor del enemigo nos persiga y nos calumnie, aunque nos falten el dinero y los auxilios humanos, aunque vinieran al suelo nuestras obras y tuviéramos que empezar de nuevo…
¡Madre amada! ¡Que no nos cansemos!
Ayúdanos a estar firmes, decididos, alentados, sonrientes siempre, con los ojos de la cara fijos en el prójimo y en sus necesidades, para socorrerlos; y con los ojos del alma fijos en el Corazón de Jesús que está en el Sagrario, para que ocupemos nuestro puesto, el que a cada uno Dios nos ha señalado, para defender a Cristo y a su Iglesia.
¡Nada de volver la cara atrás!
¡Nada de cruzarse de brazos!
¡Nada de estériles lamentos!
Mientras nos quede una gota de sangre que derramar, unas monedas que repartir, un poco de energía que gastar, una palabra que decir, un aliento de nuestro corazón, un poco de fuerza en nuestras manos o en nuestros pies, que puedan servir para dar gloria a Él y a Ti, para luchar siempre por el honor de Cristo y por el tuyo, y para hacer un poco de bien a nuestros hermanos…
¡Madre querida nuestra, te rogamos: que no nos cansemos!
Queremos descansar sólo después del último hálito de nuestra vida,
siendo entonces amparados por ti, muriendo junto a tu Corazón y entre tus brazos. AMÉN

domingo, 2 de diciembre de 2012

DEVOCIÓN A LAS TRES AVEMARÍAS

 “La devoción de las tres Avemarías siempre me fue muy grata… No dejéis de rezarlas y de hacerlas rezar cuanto podáis. Cada día tendréis pruebas de su eficacia…”


LA VIRGEN PROMETIÓ A SANTA MATILDE Y A OTROS SANTOS QUE QUIEN REZARA DIARIAMENTE TRES AVEMARÍAS, TENDRÍA SU AUXILIO DURANTE LA VIDA Y SU ESPECIAL ASISTENCIA A LA HORA DE LA MUERTE, PRESENTÁNDOSE A ESA PERSONA EN SU HORA FINAL CON EL BRILLO DE UNA BELLEZA TAL QUE EL SOLO VERLA LO CONSOLARÍA Y LE COMUNICARÍA LAS ALEGRÍAS DEL CIELO

MODO DE REZARLAS

Con todo mi corazón os glorifico, Virgen Santísima, sobre todos los ángeles y santos del paraíso, Hija del Padre Eterno, y os consagro mi alma con todas sus facultades.

Avemaría...

Con todo mi corazón os glorifico, Virgen Santísima, sobre todos los ángeles y santos del paraíso, amantísima Madre del Hijo de Dios, os consagro mi cuerpo con todos sus sentidos.

Avemaría...

Con todo mi corazón os glorifico, Virgen Santísima, sobre todos los ángeles y santos del paraíso, amantísima Esposa del Espíritu Santo, os consagro mi corazón, con todos sus afectos, y os ruego que obtengáis de la Santísima Trinidad todas las gracias necesarias para mi salvación.

Avemaría...

La siguiente jaculatoria fue indulgenciada por San Pío X, y la recomendó rezar junto con esta devoción: "¡Oh María, por tu Inmaculada Concepción, purifica mi cuerpo y santifica mi alma!"

OTRAS PROMESAS ACERCA DE LA PRÁCTICA DE ESTA DEVOCIÓN

La Santa Madre de Dios le dijo a Santa Gertrudis que:

“Quien la venerase en su relación con la Beatísima Trinidad, experimentaría el poder que le ha comunicado la Omnipotencia del Padre como Madre de Dios; admiraría los ingeniosos medios que le inspira la sabiduría del Hijo para la salvación de los hombres, y contemplaría la ardiente caridad encendida en su corazón por el Espíritu Santo” En otra ocasión la Virgen María le dijo a esta Santa, refiriéndose a todos los que la invocamos diariamente conmemorado el Poder, la Sabiduría y el Amor que le fueron comunicados por la Santísima Trinidad: “a la hora de su muerte me mostraré a él con el brillo de una belleza tan grande, que mi vista le consolará y le comunicará las alegrías celestiales”

Según el llamado apóstol de la Santísima Trinidad (el bienaventurado diego Cádiz capuchino que vivió en el siglo XVIII) la Madre de Dios le revelo que:

“Una de las más agradables devociones que se le pueden ofrecer, es la de ayudarle a dar gracias a la Augusta Trinidad por el Poder que recibió del Padre Eterno, por la Sabiduría con que la enriqueció su Hijo y por la Caridad de que la llenó el Espíritu Santo”

Cuando Sor María Villani, religiosa Dominica siglo XVI rezaba un día Las Tres Avemarías, oyó de labios de la Virgen María estas estimulantes palabras:

“No solo alcanzaras las gracias que me pides, sino que en la vida y en la muerte prometo ser especial protectora tuya y de cuantos como tú practiquen esta devoción”