Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores.

“Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie quien haga un acto de reparación para sacárselas”

miércoles, 28 de noviembre de 2012

REINA DULCÍSIMA


“Si te turba la memoria de la enormidad de tus faltas, de la fealdad de tu conciencia y comienzas a sumergirte en la tristeza, en la desesperación, piensa en María, invoca a María” (San Bernardo)

Acudamos, pues, acudamos siempre todos a los pies de esta Reina dulcísima, si queremos salvarnos con seguridad; y cuando la multitud de nuestros pecados nos desaliente, acordémonos que fue elegida Reina de misericordia para salvar con protección poderosa a los pecadores, por grandes que sean, que acudan a Ella. Estos han de ser en el Cielo su Corona, como se lo prometió en los Cantares su divino Esposo (4,8): “Ven del Líbano, Esposa mía; ven del Líbano, ven, y serás coronada… de las cuevas de los leones, de los montes de los leopardos”. Y éstos, ¿quiénes son sino los pecadores, cuyas almas se hacen, por el pecado, cuevas de monstruos espantosos? Pues estos mismos, Reina soberana, salvos por vuestro medio, porque su salvación será corona vuestra, corona propia, corona digna de la Reina de misericordia.

“Las Glorias de María” 1ª parte, de San Alfonso María de Ligorio

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