Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores.

“Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie quien haga un acto de reparación para sacárselas”

jueves, 11 de octubre de 2012

DIE 11 OCTOBRIS, MATERNITATIS B. MARIAE VIR.

Béata es, Virgo María, quae ómnium portásti Creatorem

Fue en el Concilio de Éfeso, del año 431, donde de proclamó el dogma de la maternidad divina de la Santísima Virgen. María es la madre de Jesús; el Hijo de Dios verdaderamente ha tomado de ella su carne, y realmente Él es su Hijo. Esta fiesta de la maternidad que ahora celebramos la instituyó el Papa Pío XI en 1931, con ocasión de XV centenario del gran Concilio.

La Iglesia, que asocia tan íntimamente a la Santísima Virgen a toda la obra de nuestra redención, ha ensalzado siempre la divina maternidad de la Virgen María. Recalca sin cesar su admiración por el misterio de la Encarnación que en Ella se ha obrado y su alegría por el mensaje de salvación que, al darnos a su Hijo, nos trajo al mundo. Y al invitarnos a venerar así a la Madre del Salvador, pretende la Iglesia despertar en nuestras almas un amor filiar hacia la que se ha convertido, en la vida de la gracia, en nuestra propia madre, dándonos al Autor de la Vida. “Cuantos estamos unidos a Cristo y somos miembros de su Cuerpo …, todos hemos salido del seno de María como un cuerpo unido a su cabeza. Ella es la madre de todos nosotros; madre espiritual, pero verdaderamente madre de los miembros de Cristo” (Pío X, Encíclica “Ad diem illum”)

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