Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores.

“Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie quien haga un acto de reparación para sacárselas”

sábado, 30 de junio de 2012

LOS FAVORES DE NUESTRA MADRE, MARÍA



En las Crónicas de los Padres Capuchinos se narra que hubo en Venecia un abogado de fama que había llegado con enredos y engaños a ser hombre rico, sin verse de bueno en él otra cosa que la costumbre de rezar todos los días una oración a Nuestra Señora, la cual bastó, no obstante, para librarle de las penas eternas.

Fue así que habiendo, por fortuna contraído amistad con un religioso ejemplar, llamado fray Mateo de Basso, logro que un día condescendiese a comer con él. Llegados a la casa, le dijo el abogado; “Padre, va a ver usted una cosa que no habrá visto nunca: tengo una mona tan hábil, que es una admiración, porque me sirve de criado, abriendo la puerta, fregando en la cocina, poniendo la mesa y haciendo todos los otros menesteres de la casa”. El capuchino contestó: “Cuidado no sea ese animal algo más que mona; hágala usted venir”. La llaman, la vuelven a llamar, la buscan por todos los rincones, y la mona no aparece. Finalmente, la encuentran en un cuarto bajo, escondida debajo de la cama, de donde no quería salir. “Vamos allá nosotros”, dijo el Padre. Fueron, y dijo el religioso: “Sal de aquí bestia infernal, y yo te mando, en nombre de Dios, digas quién eres”. A estas palabras habló la mona confesando que era el demonio, que esperaba que aquel hombre desalmado omitiese un día decir su oración a la Virgen para ahogarlo y llevar su alma al infierno, con licencia que para ello tenia de Dios. 

Al oír esto el abogado, sobrecogido y temblando, se echó a los pies del siervo de Dios, pidiéndole favor y consejo. El Padre le animó y mando al diablo irse al instante de aquella casa sin causar daño, y que sólo para señal dejase abierta una brecha en la pared. Apenas dicho esto, se oyó un estallido y se abrió en la pared un boquete que en mucho tiempo no se pudo tapar por más que se hizo, hasta que, por consejo del mismo Padre, se puso allí una imagen de bulto representando un ángel. El abogado se convirtió, y hasta la muerte se cree que perseveró el la mudanza de vida.

jueves, 21 de junio de 2012

SANTO ROSARIO MEDITADO (SEGUNDA PARTE, MISTERIOS DOLOROSOS)


PRIMER MISTERIO, DE LA ORACIÓN DEL HUERTO


¡Oh Virgen Santísima y Bienaventurada, Madre de misericordia! Yo te ofrezco humildemente este misterio, en reverencia de aquel doloroso trance, cuando tu Glorioso Hijo, orando en el huerto al Padre Eterno con grande agonía, vino a sudar gotas de sangre en tanta abundancia que corrían en tierra; y después fue por un discípulo entregado a los ministros de tinieblas, preso y atadas las manos, traído con una soga a la garganta con gran crueldad a casa del Pontífice Anás.

Petición.- Suplícote me alcances de este tu Precioso Hijo que sepa hacer verdadera oración, y que en mis tribulaciones y trabajos me conforme con la voluntad del Señor, y los sufra con paciencia.

 
SEGUNDO MISTERIO, DE LOS AZOTES QUE EL HIJO DE DIOS PADECIÓ ATADO A LA COLUMNA


¡Oh Virgen Santísima y Bienaventurada, Arca de Dios! Yo te ofrezco humildemente este misterio, en reverencia del dolor que tu Hijo sintió cuando el que viste los cielos de hermosura, y el que es más hermoso de todos los hijos de los hombres fue delante de todos desnudo y avergonzado, atado a una columna, y azotado cruelísimamente por aquellos miembros de Satanás.

Petición.- Por el sentimiento que tuvo cuando su discípulo San Pedro lo negó, no una, sino tres veces, te suplico me alcances de este tu precioso Hijo me desnude de todas las afecciones de la tierra; y sufra los azotes y castigos que en esta vida su Divina Majestad me quiera imponer.


TERCER MISTERIO, DE LA CORONACIÓN DE ESPINAS


¡Oh Virgen Santísima y Bienaventurada, Dulzura inefable! Yo te ofrezco humildemente este misterio, en reverencia de dolor que tu Hijo Nuestro Señor Jesucristo padeció cuando en su delicada cabeza hincaron los crueles sayones una corana de espinas, con que traspasaron su delicado cerebro, y por muchas partes corría de hilo en hilo abundante sangre.

Petición.- Suplícote me alcances que aparte de mí todo deseo de presunción y soberbia, y desee padecer afrentas e injurias por mi Señor Jesucristo; porque siendo aquí coronado de espinas de tribulaciones, merezca después ser coronado de gloria en la bienaventuranza perdurable para siempre.

 
CUARTO MISTERIO, DE CUANDO LLEVÓ LA CRUZ A CUESTAS


¡Oh Virgen Santísima y Bienaventurada, Rocío del Cielo! Yo te ofrezco humildemente este misterio, en reverencia del dolor que tu santísima alma sintió cuando viste llevar a tu Hijo amado por las calles públicas de Jerusalén, con pregones, condenado a muerte como malhechor y alborotador de pueblos, llevando a cuestas la muy pesada Cruz sobre sus hombros delicados, y le viste arrodillado en el suelo con la Cruz, con cuya dolorosa vista quedaste lastimada.

Petición.- Suplícote me alcances entero sentimiento y ternura de corazón, en estos dolores que tu Hijo padeció, y que con entera prontitud lleve la cruz de la obediencia sobre mis hombros.

 
QUINTO MISTERIO, DE CUANDO LE CRUCIFICARON


¡Oh Virgen Santísima y Bienaventurada, Espejo sin mancilla! Yo te ofrezco humildemente este misterio, en reverencia del dolor que tu alma sintió cuando, siguiendo los pregones y el tropel de la gente, llegaste al lugar donde tu precioso Hijo había de ser crucificado, y viste al cordero sin mancilla enclavar a la Cruz con golpes cruelísimos, que tu alma traspasaban, blasfemándole y escarneciéndole los circunstantes, y dándole a beber en su sed hiel y vinagre.

Petición.- Por la grandeza del dolor que allí, Señora, padeciste, te suplico me alcances sentimiento verdadero de la Pasión de mi Señor Jesucristo, para sentir y reformar el desorden de mi vida.

martes, 12 de junio de 2012

SANTO ROSARIO MEDITADO (PRIMERA PARTE, MISTERIOS GOZOSOS)


PRIMER MISTERIO, DE LA ENCARNACIÓN DEL HIJO DE DIOS


¡Oh Virgen Santísima y Bienaventurada María Madre de Dios! Yo te ofrezco humildemente este misterio, al gozo que recibiste cuando del Ángel San Gabriel fuiste saludada con aquellas dulces palabras: Dios te salve, llena de gracia, el Señor es contigo; y te anunció cómo el Hijo de Dios venía a hacerse hombre en tus virginales entrañas para remedio de los hombres; y tú, Señora, con profunda humildad le respondiste: He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra.

Petición.- Suplícote me alcances de tu Hijo muy amado perfecta humildad, con que en todas las cosas me disponga a hacer su santísima voluntad

 
SEGUNDO MISTERIO, DE LA VISITACIÓN DE NUESTRA SEÑORA A SANTA ISABEL


¡Oh Virgen Santísima y Bienaventurada, Abogada nuestra! Yo te ofrezco humildemente este misterio, al gozo que tu ánima sintió, cuando con encendida caridad fuiste apresuradamente a visitar a tu parienta Santa Isabel, y estuviste en su compañía casi tres meses; con cuya visitación el niño, San Juan, fue en el vientre de su madre santificado; y Tú, Señora, fuiste por Madre de Dios conocida de ella y alabada.

Petición.- Suplícote me alcances de tu precioso Hijo ferviente caridad para con el prójimo, y que mi alma merezca recibir de Dios la santificación y conocimiento de los divinos misterios.

 
TERCER MISTERIO, DEL NACIMIENTO DEL HIJO DE DIOS


¡Oh Virgen Santísima y Bienaventurada, Reina de los Ángeles! Yo te ofrezco humildemente este misterio, al gozo que tu ánima sintió cuando de tus virginales entrañas nació el Hijo de Dios para remedio del hombre. Y con gozo y reverencia admirable, en pobres pañales envuelto, y en el pesebre, reclinado sobre el heno, entre los animales, le adoraste como a verdadero Dios; en cuyo nacimiento cantó la milicia angélica: Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad.

Petición.- Suplícote me alcances de este tu precioso Hijo amor de la verdadera pobreza, con que desasido de las cosas del mundo pueda perfectamente servir a Dios.

 
CUARTO MISTERIO, DE LA PRESENTACIÓN EN EL TEMPLO


¡Oh Virgen Santísima y Bienaventurada, Jardín de virtudes! Yo te ofrezco humildemente este misterio, al gozo que sentiste cuando después de haber sido tu Hijo de los Ángeles glorificado, y de los pastores visitado, y de los tres Reyes adorado, cumplidos cuarenta días, lo llevaste a presentar al Templo, donde por el Santo Simeón fue conocido, y del la Santa viuda Ana ante todos confesado.

Petición.- Suplícote presentes a mí, siervo tuyo, ante el acatamiento de la Divina Majestad, para que dignamente en su Santo Templo y en todo lugar pueda anunciar y confesar la gloria y alabanzas del Señor.

 
QUINTO MISTERIO, CUANDO FUE HALLADO EN EL TEMPLO ENTRE LOS DOCTORES


¡Oh Virgen Santísima y Bienaventurada, Amparo de los tristes! Yo te ofrezco humildemente este misterio, al gozo que recibiste cuando después de la aflicción de tu alma, por haber perdido al niño Jesús, lumbre de tus ojos, le hallaste en el Templo, después de tres días, en medio de los Doctores, oyéndoles y preguntándoles con admirable sabiduría; y se volvió en tu compañía a la ciudad de Nazaret; y fue sujeto a Ti y a San José, estopo tuyo.

Petición.- Suplícote me alcances entero consuelo en las tribulaciones, conformidad con la voluntad de Dios, para que con perfecta humildad y obediencia sirva a la Divina Majestad.

sábado, 9 de junio de 2012

LOS FAVORES DE NUESTRA MADRE, MARÍA

Mater Immaculáta, ¡ora pro nobis!

FAVOR DE MARÍA HACIA UN PECADOR

Refiere el venerable Juan Herolt, que se llamaba por humildad el Discípulo, que había un casado en desgracia de Dios. No pudiendo su esposa hacerle desistir del pecado, le suplicó que al menos, en aquel miserable estado, tuviera para con la Madre de Dios la atención de que siempre que pasara ante alguna imagen suya la saludara con el Ave María. Y el marido comenzó esa devoción.

Yendo una noche aquel malvado a pecar, vio una luz; se fijó y advirtió que era una lámpara que ardía ante una devota imagen de María con el Niño Jesús en los brazos. Rezó su Ave María como de costumbre, pero después ¿qué es lo que vio? Vio al Niño cubierto de llagas que manaban fresca sangre. Entonces, a la vez aterrado y enternecido, pensando que él con sus delitos había llagado así a su Redentor, rompió a llorar. Y observó que el Niño le volvía la espalda, por lo que, lleno de confusión, recurrió a la Virgen santísima, diciéndole: “Madre de misericordia, tu Hijo me rechaza; yo no puedo encontrar abogada más piadosa y poderosa que tú que eres mi Madre; Reina mía, ayúdame y ruégale por mí”. La Madre de Dios le respondió desde la imagen: “Vosotros, pecadores, me llamáis madre de misericordia, pero luego no dejáis de hacerme madre de miserias renovando la pasión de mi Hijo y mis dolores”.

Pero como María no es capaz de dejar desconsolado al que se postra a sus pies, se volvió a rogar a su Hijo que perdonase a aquel pecador. Jesús seguía reacio a perdonarle. Y la Virgen, dejando al Niño en la sede, se postró ante él diciendo: “Hijo mío, mírame a tus pies pidiendo perdón por este pecador”. Y entonces Jesús le dijo: “Madre, yo no te puedo negar nada. ¿Quieres que le perdone? Yo por tu amor le perdono; que se acerque y me bese estas llagas”. Se acercó el pecador llorando copiosamente, y conforme besaba las llagas del Niño éstas se iban cerrando. Por fin Jesús le dio un abrazo como muestra de perdón. El hombre cambió de vida, llevando en adelante una vida santa, devotísimo de la Virgen que le había obtenido gracia tan extraordinaria.

lunes, 4 de junio de 2012

TOTA PULCHRA ES MARIA



Tota pulchra es, Maria.
Et macula originalis non est in te.
Tu gloria Ierusalem.
Tu laetitia Israel.
Tu honorificentia populi nostri.
Tu advocata peccatorum.
O Maria.
Virgo prudentissima.
Mater clementissima.
Ora pro nobis.
Intercede pro nobis ad Dominum Iesum Christum.
In conceptione tua, Immaculata fuisti.
Ora pro nobis Patrem cuius Filium peperisti.
Domina, protege orationem meam.
Et clamor meus ad te veniat.

domingo, 3 de junio de 2012

CONOCIENDO A MARÍA


En las tierras regadas por el canal de San José, en la comarca del vino, en el término municipal de Madridanos, que se encuentra a pocos kilómetros al este de Zamora, se levanta la iglesia de San Juan de Bamba, en cuyo interior se venera la tristemente deteriorada imagen de Nuestra Señora del Viso.

La leyenda vincula la aparición de esta advocación con el descubrimiento de los restos de San Ildefonso. Al decir de la tradición, estaba un pastor durmiendo en las cercanías de una ermita templaría que, desde su altura, domina la vista de los alrededores, cuando la Virgen se le apareció en sueños y le encomendó que se dirigiese a la ciudad de Zamora y se presentase al sacerdote de la iglesia de San Pedro para decirle que dentro del sagrado recinto se hallaban los restos de San Ildefonso. Así lo hizo el pastor, y el sacerdote, junto con otros representantes del cabildo, desenterraron el cuerpo sin vida del Santo.

Sin duda, por la historia relatada se confundió durante mucho tiempo la advocación de Nuestra Señora del Viso con Nuestra Señora del “Aviso”.

Desgraciadamente, no queda el más mínimo vestigio de la ermita original, que, a pesar de la concurrencia y la devoción de sus fieles, llegó a tal estado de ruina que se aconsejó desmantelarla por completo, trasladando a la iglesia de Bamba la imagen, una talla de piedra arenisca policromada que actualmente se exhibe para vestir, con un metro veinte centímetros de altura y originaria de finales del siglo XIV, principios del XV. Al margen de la frecuentes rogativa, documentadas desde muy remota época, la fiesta más solemne, previa novena, se celebra el Lunes de Pentecostés, en la cual, tras la Misa, tiene lugar una popular romería.

viernes, 1 de junio de 2012

LOS FAVORES DE NUESTRA MADRE, MARÍA


Una mujer joven se moría…  

Casada con un médico, ni éste ni los más especializados compañeros de profesión que habían acudido a examinar a la enferma, encontraban recursos en la ciencia con que poder curarla.  
Resignado el marido, atendió la petición de la enferma: “¡Que venga un sacerdote!”  
Y el sacerdote acudió al domicilio que se le había indicado, encontró junto al lecho de la paciente al marido y los dos hijos que del matrimonio habían nacido. El mayor contaba tres años y el menor de los niños tenía poco más del año.  

Se retiró el doctor con sus hijos, para que confesara la enferma…  
Cuando el sacerdote preguntó a ésta si aceptaba la muerte, la joven madre, cobrando energías, contestó:
-¡Padre, no quiero morir…!  
Y se echó a llorar, diciendo:   
-No por mí, sino por mis hijos y mi marido. Calmada luego, exclamó:  
-¡Hágase la voluntad de Dios! Pero…, quiera Dios librarme de la muerte. ¡Se lo pido con toda mi alma!  
 Entonces, el confesor le dijo:
-Ponga usted por intercesora a la Santísima Virgen, que Ella es Madre y sabrá comprenderla como nadie… ¡Y ella todo lo puede cerca de Dios!
Y sacando del libro de oraciones una estampa de las tres Avemarías y una novena, se las dio a la enferma, indicando:
-He aquí una devoción muy eficaz. Comience hoy mismo a rezar las tres Avemarías, y juntos con usted su marido y niños invoquen a María, Omnipotencia Suplicante, Madre nuestra de Misericordia. ¡Pongámoslo así todo en sus manos! Tres días más tarde, el marido acudió a la iglesia preguntando por el sacerdote que había confesado a su mujer, y, al verle éste, se apresuró a decirle:
-¿Qué pasa, doctor? ¿Cómo sigue la enferma?
Y el médico, con irreprimible emoción, le contestó:
-¡Padre, milagro de la Virgen! Mi mujer, inexplicablemente, está fuera de peligro y en franca mejoría.
Y, serenándose, añadió:
-Tan pronto salió usted de mi casa el otro día, pusimos en práctica su consejo, y dimos comienzo al rezo de las tres Avemarías; y arrodillados mi hijo mayor y yo, y en pie, a la cabecera de la cama de su madre, el pequeñín… ¡Y con qué fervor las rezamos, Padre! Igual hicimos el segundo día y hoy por la mañana… Y esta tarde advertí, con asombro, que la fiebre casi había desaparecido… Y al llegar mis compañeros a efectuar su diaria visita, se sorprendieron igualmente del cambio producido, que no tenía explicación científica… ¡Se ha curado! Ofrezca, Padre, mañana, la santa Misa en acción de gracias a Dios y a Nuestra Señora de las tres Avemarías.