Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores.

“Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie quien haga un acto de reparación para sacárselas”

martes, 22 de mayo de 2012

MES DE MAYO A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA


DÍA QUINTO

LA INMACULADA

Desde la eternidad ocupas, Madre mía, lugar privilegiado en la mente de Dios... Predestinada a ser Hija predilecta del Padre, Madre amadísima del Hijo, Esposa Santísima del Espíritu Santo, eres "escogida como el sol", como la criatura más ligada a la Santísima Trinidad. ¡Cuánta perfección veo en Ti, Madre mía!

No hay sombra de mancha en Ti. Eres toda hermosa, dice el Espíritu Santo al mirarte... Satanás, a quien venías a humillar para siempre, no tuvo parte en Ti...; no pudo mancharte con su baba inmunda... ¡Madre mía!, triunfadora de Satán; humíllalo otra vez en mí... ¡Que yo, ayudado por Ti, triunfaré de las tentaciones con que me asalta...!

Propósito.- En las tentaciones invoca siempre a María

DÍA SEXTO

MISIÓN DE MARÍA

¡Qué papel tan admirable, Madre mía, te ha adjudicado Dios para mí...! Asociada constantemente a la misión redentora y salvadora de Jesús, por la Encarnación le robas a los cielos y le das tu propia carne y sangre, para dármela...; por la Redención ofreces a los cielos en holocausto y expiación de mis pecados esa carne y sangre adorables...; por la Eucaristía, te constituyes en verdadera Madre mía, al darme la carne y sangre de Jesús, que son carne y sangre tuyas... ¡Qué bien cumples tus deberes de Madre para mí...!

Encarnación, Redención, Eucaristía, misterios del Amor Divino, pero misterios también del Amor tuyo hacia mí, Madre mía... Quiero meditarlos, venerarlos, amarlos en este aspecto íntimo y particular... ¡Qué Madre eres, Madre mía...!

Propósito.- Comulga siempre con vivo afecto y espíritu de unión a María

DÍA SÉPTIMO

SANTIDAD DE MARÍA

¡Admirable santidad la tuya, Madre mía! Predestinada para ser en la tierra madre del Santo de los Santos, de la Santidad misma, ¡de qué dones, gracias, carismas y virtudes debió de enriquecerte...! Tú fuiste el riquísimo estuche que encerró la inapreciable joya de Jesús... Y si las almas se santifican en el trato con Dios, Tú, Madre mía, Tú "Templo de Dios", "Sagrario del Espíritu Santo", Madre de Dios, ¡qué maravilla de perfección y santidad eres...!

Brota en tu alma, Madre mía, otra fuente de santidad no menos rica. Bien puedes decir: "Mi amado para mí y yo para El!, porque si Dios "te eligió y reeligió", como dice la Iglesia, ¡qué dedicación y consagración la tuya a El...! Tu vida es un continuo acto de amor a Dios esencia y resumen de toda santidad... ¡Santa Madre mía!

Propósito.- Haz frecuentes actos de presencia de Dios

DÍA OCTAVO

MARÍA, REINA

No hay imperio como el tuyo, Madre mía. El cielo y la tierra, los ángeles y los hombres, el mismo Dios, tu Hijo, te obedecen... Vestida del sol, calzada de la luna, coronada de estrellas, a la diestra del mismo Dios, levantas el cetro amable de tu poder... Los hombres jamás pudimos soñarla como Tú...

Eres mi Reina, Madre mía, por todos los títulos... Los tienes todos a mi veneración y cariño. ¿Hay poder, y belleza y bondad y benignidad como la tuya? ¡Qué grato vivir bajo tu cetro! Mi alma y mi vida, como si no tuvieses tantos títulos a su veneración y afecto, te eligen su Reina por aclamación... ¡Reina y Madre mía! ¡Vasallo e hijo tuyo!

Propósito.- Aclama frecuentemente a María por Reina tuya

DÍA NOVENO

DULZURA DE MARÍA

Eres para mí, Madre mía, un tesoro de dulzura. Tu corazón se inclina siempre hacia mí, a pesar de tanta miseria como me rodea... Tus oídos me escuchan siempre, cuando te llamo... Tus labios tienen mieles para mí... Tus ojos me envuelven es esa mirada de Madre tan digna de Ti... Las amarguras de la tierra y del alma, encuentran en Ti, Madre mía, no sólo un dique, sino un remedio.

Madre de Aquel que es dulzura de los cielos, has inundado la vida de consuelo... Sin Ti, Madre mía, la vida sería dura y amarga y triste, como lo es un hogar sin madre, en el que no hay caricias para los pequeñuelos... ¡Madre mía! Tú has suavizado mi vida, Tú la has llenado de dulzura al llenarla de consuelos y esperanzas...

Propósito.- En las penas, pedir siempre consuelo a María

DÍA DIEZ

MARÍA, REFUGIO DE PECADORES

Es para mí, Madre mía, este título uno de los que más te honran y más me consuelan... Pienso, al evocarte con él, que tu maternal compasión te hizo olvidar las torturas del Calvario, causadas por los pecadores, y que las has convertido en mieles para tus pobres hijos...

¡Qué profundo y regalado consuelo! Ya el demonio, el infierno y el pecado no podrán atemorizarme ni desesperarme... ¿Quién me separará de tu maternal regazo? ¿Quién podrá arrancarme de tus brazos? ¿Quién se atreverá conmigo, Refugio mío, amparo de este pobre pecador? ¡Oh, Madre mía, qué confianza grande tengo en tu protección!...

Propósito. - En las tentaciones, acógete al amparo de María

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